"The West Wing" | una gran fantasía sobre la política Spoilers

En The West Wing, hay una escena en la que un congresista muere y deja una vacante. Sam Seaborn, el subdirector de comunicaciones de la Casa Blanca, convence fervientemente a su viejo amigo, un fiscal demócrata, de que se postule para el cargo, afirmando que la Casa Blanca va a darle todo su apoyo. Durante la campaña, se descubre que el candidato tiene prejuicios raciales, lo cual disminuye sus posibilidades de ganar. Inmediatamente, la Casa Blanca retira su consentimiento sin ninguna explicación. Cuando Sam le informa al candidato sobre la decisión, su esposa confronta a Sam, quien le responde, "así es como hacemos las cosas". De hecho, una frase recurrente de la serie es, "así son las cosas".

Así es como funciona la política y esta es la manera en la que nos la imaginamos. No hay amigos permanentes, solo intereses permanentes.

De hecho, este es solo un detalle menor en la serie y es la forma más baja de las maniobras políticas. Los guionistas lidian con eso sin juzgar ni condenar, afirmando, "así son las cosas". La descripción meticulosa y objetiva contribuye con el atractivo de la serie.

Teniendo en cuenta que es una gestión demócrata (se dice que la serie fue creada por un grupo de demócratas de Hollywood), uno podría imaginar que el enfoque político de la Casa Blanca es mejorar el sistema de salud y desarrollar la educación pública. La serie profundiza en los debates interminables entre demócratas y republicanos sobre la salud, educación y recortes de impuestos. En una escena, Sam se queda sin palabras por una bella rubia republicana en un debate televisivo que aborda los diferentes enfoques de los dos partidos sobre la financiación de la educación.

Sin embargo, la ambición de los guionistas va más allá de esto. The West Wing no es solo una gran narrativa de la política estadounidense, sino que se extiende a cada política, acción, símbolo y referencia. En el contexto de un gobierno democrático, los espectadores ven cómo funciona la separación de poderes, las maniobras entre los partidos y sistemas antes de la formulación de cada política y ley, la interferencia del policía mundial en la diplomacia, la lucha despiadada por el poder y el cálculo meticuloso de los intereses. La serie llena nuestra imaginación de la política estadounidense y nos da una impresión completa de los valores occidentales.

Además de los valores universales como la libertad y la democracia, la serie también analiza diversos derechos individuales y colectivos. Los dos más interesantes son:

Derecho a la privacidad: la designación de un nuevo juez de la Corte Suprema corre peligro cuando el candidato favorito expresa dudas sobre el derecho a la privacidad, afirmando que no está protegido constitucionalmente y que el gobierno tiene el derecho a infringir la privacidad personal. Sam tiene un debate acalorado con el candidato y hace énfasis en la importancia de la privacidad en las próximas dos décadas y menciona el internet, los celulares, la historia clínica y la exposición de la información personal. ¿Qué puede ser más importante que la privacidad en un país que se fundó en la voluntad de ser libre?

Los derechos LGBT: un grupo de estudiantes golpea hasta la muerte a un chico homosexual de diecisiete años. En respuesta, el presidente planea promulgar leyes contra los crímenes de odio y busca la ayuda de los padres de la víctima para hacer publicidad. El secretario de prensa, C.J., se preocupa de que el padre de la víctima se sienta avergonzado por la orientación sexual de su hijo. Sin embargo, el padre sorprende a todos con su respuesta y expresa orgullo de su hijo homosexual y critica el intento de los republicanos de prohibir el matrimonio igualitario. De forma continua, la serie manifiesta su apoyo a los derechos LGBT a través del presidente, a pesar de las limitaciones impuestas por la opinión pública conservadora.

Aparte de la agitación política, la serie tiene momentos de calidez y reflexión. Por ejemplo, Toby Ziegler, el director de comunicaciones, organiza un funeral militar para un veterano vietnamita congelado en nombre del presidente. También, Leo McGarry, el jefe del Estado mayor, habla abiertamente sobre su lucha contra el alcohol y la drogadicción, indicando que puede sucumbir a sus vicios en cualquier momento.

A su vez, la serie está llena de diversas formas de humor, explícito o sutil, que reflejan diferentes aspectos de la sociedad y la cultura estadounidense. Aquí hay dos ejemplos:

LEO: ¿Cómo diablos lo encontraron en Nueva Escocia?

JOSH: Tienen teléfonos en Nueva Escocia. No es un país Amish.

JOSH: No, vamos a usar la táctica de policía bueno y policía malo.

TOBY: No...no vamos a hacer eso.

JOSH: ¿Por qué no?

TOBY: Porque este no es un episodio de Hawai 5.0. ¿Qué tal si tú eres el policía bueno? Yo seré el policía malo que no fue a la reunión.

Por supuesto, hay numerosos comentarios sarcásticos y China es el principal objeto de críticas. La serie es una gran fantasía sobre la política, un perfecto cuento de hadas liberal y un retrato maravilloso de los ideales políticos demócratas.

A pesar de los intentos de realismo, The West Wing es una fantasía de televisión y una ilusión débil. Todos sabemos que la realidad no se trata solamente de la postura. La política es sucia y los políticos pueden ser desagradables. Al menos los estadounidenses pueden plasmar esta fantasía en la televisión. En cuanto a nosotros, solo nos queda disfrutar de las ilusiones creadas por otros e imaginarnos los reflejos de sus historias.

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