¿Y si el amor fuera más que una emoción? ¿Y si fuera una fuerza cuántica, el lenguaje oculto del universo, el portal hacia lo que aún no podemos comprender?
Siempre que dimensiono la palabra amor y la quiero intentar descifrar o plasmar se me viene a la mente la primera película que me hizo pensar en el amor más allá de un concepto ordinario o arraigado al romanticismo, un amor que se manifiesta de múltiples formas y es Interestelar.

Cada vez que tengo el deleite de verla, me enseña algo nuevo: una perspectiva distinta del amor, la vida, de la esencia de existir… y el fin de todo. Desde un amor paternal a uno romántico, y más allá: un amor que abarca toda la existencia humana. El amor que no se limita por sí solo, sino que se expande como una fuerza invisible hacia todo su alrededor. Ese que convoca los fantasmas del pasado, lo que alguna vez fue y lo que aún está por venir. La película ilustra magistralmente cómo se teje un hilo infinito entre el pasado, el presente y el futuro y cómo se entrelazan. Incluso hasta lo que consideramos fuera de este plano.
La preocupación emerge durante la película y te replantea si acaso otros experimentarán la dicha de existir y de algo tan simple pero crucial como el acto inevitable de amar en un planeta que perece y clama por atención.

El dicho amor que proclama la Doctora Brand fue el que me marcó para toda la vida.

Aquel amor que trasciende espacio y tiempo, el amor que no se explica, el amor que se siente, el amor que es inconcebible, que parte desde un lugar recóndito de nuestro ser; el tipo de amor que te impulsa a atravesar toda la galaxia con la esperanza de encontrar a aquel que anhela tu corazón. La esperanza y el amor van de la mano, caminan juntos: la esperanza de estar vivo y desear ver vivos a los que amas.
“¿Amas a personas que murieron?”
La pregunta que derribó un muro dentro de Cooper, que puso en jaque cualquier hipótesis científica y cualquier intento de justificación, y dio inicio a algo que no se explica desde la mente ni la teoría, sino que acapara algo mucho más profundo, dando lugar a la muerte como puente al entendimiento.
El amor como un pasar, como puerta y antesala a algo mayor.
El amor como un portal hacia lugares inexplorables e inimaginables para la conciencia humana.
El amor que une todos los puntos tridimensionales, que existe todo el tiempo, en todo momento y me arriesgo a decir, quizás… a conectarnos con una conciencia superior.

No considero el amor como un sentimiento a medias, sino el amor que te otorga poder y fuerza cuando te rendís ante él. El amor real, etéreo, es una experiencia sobrenatural; amar es un viaje de ida y sin fin.
Ese es el amor que hoy carecemos, que nos limitamos a sentir por miedo a qué tan capaces somos de elevarnos por medio de él. Si tan solo nos entregáramos, si tan solo dejáramos de temerlo… nos volveríamos su extensión y trascenderíamos como especie.
El amor es la fuente. El amor es omnisciente, omnipotente y omnipresente, ¿acaso no te recuerda al origen de todo?


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