En Texasville (Peter Bogdanovich, 1990), la obra maestra posfordiana de un admirador de John Ford, hay dos canciones de Bruce Springsteen (El Jefe, The Boss): «No Surrender» y «Dancing in the Dark», ambas de Born in the USA. (el megaexitoso álbum de 1984, año en el que se sitúa la acción del relato de Bogdanovich). En una pelicula atiborrada de canciones, «Dancing in the Dark» no está ni destacada ni completa ni límpida, pero detiene el curso del argumento múltiple en cuatro planos de fuerte impacto. Estamos en pleno día, no hay casi posibilidad de sombra en el ambiente, la luz expone a los personajes, la camioneta que carga a Duane (Jeff Bridges), a su hijo Dickie y a su perro Shorty enfila para la casa familiar. La sensación de ese momento, y también de toda la película, es de una singular vitalidad, incluso con tonos que podrían indicar lo contrario. Una vitalidad asaz cansada y dolorida pero que se niega a rendirse.

La radio está prendida y suena «Dancing in the Dark» («Bailando en la oscuridad»). El volumen aumenta cuando la camioneta pasa frente a la cámara, es decir ocupa más el plano; luego dobla y se aleja y el sonido disminuye en intensidad y se ensucia -o se complementa en esta película petrolera- por el ruido del motor. Corte y vemos el interior de la camioneta: padre, hijo y perro, antes de seguir enredándose en sus interacciones y apagar la radio, están tranquilos por unos segundos escuchando a Springsteen, ahora más fuerte porque el plano es más cercano. Antes habíamos visto cómo Dickie giraba el dial porque Duane escuchaba clásicos country. Al cambiar de estación aparecia «Material Girl», de Madonna, y Duane desaprobaba con su rostro. Corte, elipsis, y la canción de Springsteen se eleva desde un amplio plano general de la camioneta, que se acerca a la casa y se aleja de nosotros.
Esos planos de Texasville en los que aparece la canción son evidentes en su maestría, cristalinos, casi atemporales para el cine a pesar de estar enganchados e identificados, en el relato y en la vida del rock, a una época. Podríamos decir, exagerando un poco pero no demasiado, o quizás nada, que ese momento de la película, cristalizado en nuestra memoria durante y también después, detenía el tiempo: El Jefe detenía el tiempo. Y lo de detener el tiempo iba ciertamente más allá, porque Texasville es la continuación de La última película (The Last Picture Show, 1971), también de Bogdanovich, mucho más exitosa y premiada que Texasville. No digo secuela porque es un término que ha adquirido connotaciones no siempre positivas. Tal vez sea mejor decir que Texasville es un reencuentro con La ultima película. La acción de La última película transcurría en 1951 y 1952, con los tres personajes principales menores de veinte años (Sonny, Duane y Jacy/Timothy Bottoms, Jeff Bridges y Cybill Shepherd), y los actores que los interpretaban tenían entre veinte y veintidós. Diecinueve años después, en 1990, Bogdanovich filmaba Texasville, cuya acción transcurría en 1984. Para los actores habían pasado diecinueve años, pero para la acción de la película habían pasado más de tres décadas. Y los actores no estaban maquillados para parecer más viejos. Es decir, vivir treinta años, como personajes, de 1952 a 1984, tres décadas apasionantes -prácticamente los treinta primeros años del rock, entre muchas otras cosas- Ies había costado a los actores solamente diecinueve años. De alguna manera, podemos decir que el Jefe había detenido el tiempo y había generado una ganancia de trece años para los personajes de Peter Bogdanovich.

Bogdanovich (que conoció a John Ford y fue amigo de Orson Welles) ya había intentado contar con canciones de Springsteen para Máscara (Mask, 1985). En esa película, el personaje protagonista, Rocky Dennis, (Eric Stoltz), tenía un poster del Jefe en su cuarto, y la película estaba armada con varias de sus canciones más exitosas. Sin embargo, finalmente, Máscara fue estrenada con canciones de Bob Seger. El Rocky Dennis real, el chico con deformidad facial en cuya vida se basaba la película, tenia a Springsteen como rockero favorito y el propio Jefe -admirador del cine de John Ford, ver las fotografías del disco Darkness on the Edge of Town y conectar con Ethan Edwards, es decir John Wayne en Más corazón que odio, es decir The Searchers- quería que sus canciones fueran utilizadas en la película: le dijo a Bogdanovich “agarrá las que quieras”. Pero quienes eran los dueños legales de las canciones no llegaron a un acuerdo con el estudio y la película quedó un tanto -o muy- lesionada por este cambio.

Para la versión en DVD «director’s cut» editada muchos años después, el propio Springsteen presionó para que sus canciones fueran incluidas en el lugar donde debieron estar desde el primer armado de la película, como lo estaban en una unica proyección de testeo que se vio con ese material sonoro. Luego, como se dijo, Universal/MCA y la compañía que en ese momento tenía los derechos de Springsteen no se pusieron de acuerdo: el problema fue por el -en esos momentos novedoso- mercado del VHS. Bogdanovich afirma que tener que resignar las canciones de Springsteen fue como «si le amputaran un brazo». Bogdanovich y Bruce eran amigos y, cuando el director le mostró la película al rockero, Bruce, al termino de la proyección, lagrimeando, abrazó al director y le dijo: «Me encantó como usaste mi música». En los extras de esa edición en DVD que hacía justicia al proyecto original, Bogdanovich decía que esa fue, para él, la mejor crítica recibida. Máscara con el corte del director tiene siete minutos más (dos escenas realmente importantes), y con las canciones de Springsteen, que son varias, en los sitios correspondientes. En esta nueva versión, la pelicula empieza con «Badlands», una de las canciones mas energéticas de Springsteen, que gana intensidad en el volumen a medida que la cámara se acerca a la casa del protagonista, que escucha la música del Jefe en su habitación y hasta hace brevemente air guitar. (Con «Badlands» también comienza Corazón de trueno, Thunderheart, 1992, con Val Kilmer.) «Racing in the Street» proviene, como «Badlands», de uno de los mejores discos de Springsteen, el ya mencionado Darkness on the Edge of Town (1978), y aparece cuando Rocky planea su viaje por Europa. Más tarde en el relato, Rocky se enoja con su madre Rusty (interpretada por Cher), va a su cuarto y escucha «Thunder Road», el clásico absoluto que abre el disco de Springsteen consagratorio, el que lo catapultó a la fama: Bom to Run (1975). Luego se escucharán «The River», del disco homónimo, y, casi sobre el final, «Born in the U.S.A.», del disco homónimo, en parte para dar una idea del tiempo transcurrido en el epílogo de la película, unos cuatro años. Los créditos del final serán con «The Promised Land», otra canción de Darkness… Cuenta Bogdanovich que en la unica proyección con público de la versión springsteeniana en los ochenta, la gente terminó llorando pero con una sonrisa. La catarsis generada por Máscara junto con la música del Jefe tenía ese efecto. En esta foto de 2018 que pueden ver aquí, estoy junto a Bogdanovich en el Bafici, en una charla en la que contó, no sin dolor, que a pesar de que todo el mundo le recomendaba no hacerlo, por estos asuntos de Máscara entró en disputas legales con el estudio y desde ahí su carrera sumaría cada vez más percances y dificultades.



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