Hoy nos hacemos la peli con la segunda película de la saga AVATAR, del gran James Cameron que nos vuelve e adentrar en el maravilloso mundo de Pandora, pero ambientada trece años después de los acontecimientos de la primera película. Hablamos de Avatar, el camino del agua.
La familia Sully (Jake, Neytiri y sus hijos) deben abandonar su tribu e irán a tribus del mar a pedir asilo pues El coronel Quaritch, el antagonista más malo y obvio, ha sido resucitado por un programa secreto que se explica rápidamente, en el que sus recuerdos se guardaron en un disco duro y se cargaron en un avatar Na'vi.

Entonces el comienzo del filme nos introduce en la bella infancia de los hijos de Sully para luego mostrarnos su dura adaptación a una nueva tribu: el clan Metkayina, que habita en los arrecifes, donde deberán a aprender todo acerca del "camino del agua" o más bien cómo manejarse en el mar.

Los nuevos elementos que se abren a descubrir en esta nueva tribu, nos expanden el universo de Pandora, los lugares y los detalles naturales del planeta logran crear en el espectador una fuerte conexión con la película, pero no voy a negar que el metraje que supera las tres horas, se me hizo algo excesivo…

Además vale destacar que James Cameron se las ingenia para evitar una trama política profunda y se centra en la búsqueda de venganza individual de Quaritch, personaje tan plano como sonso, al que otorgan un intento de empatía que no funciona con una suerte de niño mowgli, hijo del Coronel que creció con los Na´vis.

Es llamativo el poco interés de Cameron por las complejas interrelaciones tribales: no distingue de manera sustancial, ni aprovecha la riqueza a nivel profundo de las diferencias entre el clan Metkayina, que habita en los arrecifes, y el Omaticaya, que habitan en los bosques. El choque de las tribus se resume en peleas de niños, ideas superficiales sobre cómo se ven, conflictos más bien infantiles. Entonces, de repente, el conflicto se resuelve para que puedan unirse los Na'vi contra el verdadero enemigo: el colonizador.

Los humanos son presentados como imperialistas violentos y sanguinarios. El único grupo de humanos que no pertenece al ejército son los cazadores de Tulkun, unas ballenas de Pandora, que también son violentos y ambiciosos, empeñados en matar con arpones a tiernas criaturas marinas para extraer minúsculas cantidades del codiciado petróleo. En su barco viaja un único biólogo marino con una perspectiva diferente, con empatía y respeto a la inteligencia de estos animales, pero le dan dos parlamentos y lo matan sin más.

Qué lástima que Cameron no se hace cargo del complejo dilema que abre, casi a nivel antropológico y, en vez de asumir la responsabilidad de hacer mella en el complejo cruce cultural entre tribus, nos dio paralelismos sonsos y algo obvios: los Omaticaya montan a caballo, los Metkayina, delfines. Los Omaticaya veneran un árbol sagrado, y los Metkayina
veneran... un árbol submarino. ¡Dale James! ¿Es joda?

Parece que investigar en la profundidad más arraigada de una sociedad nativa le aburre, indagar en las dinámicas de poder que se anidan en la historia colonial es too much. Entonces, no explica cómo los humanos han vuelto a ponerse en la misma situación, desplegando su poderío militar-industrial contra el mundo natural y las criaturas que lo cuidan.

Además es cierto que hay varios asuntos que se abren en el filme, que no logran tener un desarrollo completo, como el raro caso del Tulkun asesino con el que el hijo más joven y rebelde de Sully, crea un lazo, o la especial habilidad de la hija adoptiva de Sully para nadar y contactarse con su tribu.

Así que, digamos todo, estamos ante una verdadera maestría en lo técnico que sostiene el estándar de Avatar, la película más taquillera de la historia y hay que reconocer que el modo en que Cameron nos adentra en el campo audiovisual con una propuesta tan consolidada, incluso sobrepasa los límites de lo imaginable a nivel técnico, pero eso no deja pasar por alto el grado de superficialidad con el que el filme trata los temas que abre.

Tenía todo para ser un diez, pero es un cinco… Creo que estoy enojada porque realmente quería que me guste mucho ¡Vengan de a uno! Porque no siempre lo más taquillero es lo mejor…




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