Nos hacemos la peli con BABYLON la última película de Damien Chazelle , conocido por su destacado trabajo en títulos como Whipalsh, Lalaland y First Man, logra hacer una oda al séptimo arte pasando por los claroscuros en el traspaso del cine mudo al sonoro, pero eso si, realzando su magia en cada fotograma.
Si pensábamos que no era posible amar aún mas a Brad Pitt, Chazelle nos pone entre la espada y la pared cuando el da este rol que evoca su propia naturaleza, llevándolo a extremos tironeado por el cruento mundo hollywoodense: un actor consagrado y tal vez uno de los más afamados buscando mantenerse en lo alto del podio de la industria.

La sensibilidad con la que Brad se rompe delante de nuestras caras encarnando a este personaje, nos vuelve a enamorar y nos hace entender que nunca se trato “sólo de una cara bonita”. Vulnerable y completamente expuesto a la crueldad de una industria, cuyo tiempo es despiadado, nos regala una de sus mejores actuaciones luego del riesgo de que no actúe más, como diciendo “acá estoy, aprovechen”…

Si bien el filme evoca lo mejor de Erase una vez en Hollywood, creo que los soñadores de Babylon son crudamente expuestos como partes de un engranaje que nunca los considera como sujetos. Aún siendo estrellas de Hollywood los personajes son funcionales a la época y quedan supeditados al ritmo del formato que muevan los titiriteros invisibles, los dueños de las corporaciones y los verdaderos poderosos detrás del cine.

Pasando a la maravillosa Margot Robbie, su trabajo se destaca en irreverencia y completa desfachatez, donde “ser bonita” ya no importa pues su talento pasa por su gran presencia momento a momento.

Su inocencia se destaca en un personaje que podría pecar de superficial pero es tal la pasión y la convicción de este personaje por pertenecer al mundo de las estrellas que empatizamos humanamente con su desenfrenada torpeza.
Las apuestas, el alcohol y los excesos surcan el camino de quien logra desde un simple personaje secundario, escalar hasta lo más alto de la escena. Pero, como deja en claro la cinta, nadie está exento de las garras de la industria que, cual Dios del tiempo, corta sin previo aviso cualquier racha de éxito.

Por último, Diego Calva deslumbra con su sencilla aunque profunda interpretación de un “chepibe” a un magnate de las corporaciones. Es interesante su arco dramático en término de claro oscuro, donde podemos vislumbrar algo del efecto de quien se adentra en este mundo para alcanzar su propia naturaleza de ambición y avaricia.
Lo cierto es que lo que siempre impulsa a su personaje es el amor por esta actriz pero al terminar la cinta comprendemos que su verdadero amor siempre estuvo circundado al cine.

Peliculón imperdible. Nos recontra hacemos la peli.




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