Hoy nos hacemos la peli con este clásico de terror del maestro del suspenso estrenada en 1960 que cambió la historia del séptimo arte. No sólo a nivel estructural Psicosis es una apuesta vertiginosa y fresca, sino imaginemos en la época lo que significa matar a la supuesta protagonista a mitad de la película y presentar al nuevo verdadero protagonista.
Hitchcock ya era para entonces el maestro del suspense con grandes películas como La ventana indiscreta e Intriga Internacional, pero en Psicosis sentó sus principios como creativo de lo audiovisual rompiendo precedentes con estremecedores arrebatos violentos y provocativos aires de sexualidad bastante explícitos para la época. Tal vez este film hizo que muchos directores comprendan el potencial enorme que tienen el sexo y la violencia en las taquillas.
Es que verdaderamente Hitchcock se animó a exponer en 45 segundos una nueva mirada sobre el asesinato en la famosa escena de la ducha. Si bien se ha dicho mucho sobre esta escena, creo firmemente que la decisión radical del director de dedicar una semana entera para el rodaje de esta clave escena rupturista en la historia del cine, significó el valor entero de la calidad del arte que logró expresar.
Su decisión de elipsis ejecutada a la perfección son tal vez de una integridad maestra que hacen que Hitchcock sea Hitchcock y convierten a esta escena en la más violenta jamás filmada. Pues el director tenía todo pensado y para evitar la censura del fragmento Hitchcock dijo que el cuchillo nunca toca la víctima.
La sangre era en verdad chocolate pues recordemos que Hitchcock decide rodar el film en blanco y negro para abaratar costos y porque sabe que el rojo de la sangre será tal vez un shock mayor que pretende demostrar que ni siquiera es necesario cuando se sabe coordinar el cine con semejante ojo afilado.
El dato de que la mano que sostiene el cuchillo en cuestión sea del mismísimo Hitchcock nos hace comprender la dimensión de pasión con la que el director se involucraba en su creación. Y la actriz Janet Leigh dijo que le costó volver a ducharse luego de experimentar este rodaje.
Es una locura absoluta pensar que durante 45 minutos seguimos al personaje y, como espectadores, nos vemos involucrados con ella, empatizamos y acompasamos su destino. Estamos al pie del cañón cuando el director, que conoce el cine al punto de entender que la decisión de aniquilarla a mitad del film nos dejará en vilo, pues ¿Cuál es el sentido de seguir la trama si la protagonista muere?
Tal vez el mensaje que nos da el maestro del suspense en este repentino desapego al que nos expone es que detrás de toda historia hay otra y más interesante aún.
La contracara que abre la brutal escena nos abre al personaje más atractivo de la pieza: Norman Bates, el indescifrable joven resignado a dirigir el decadente hotel familiar y a cuidar de su inválida madre que ha cometido el crimen.
La brillante decisión de la escena siguiente en la que el auto se está hundiendo en el pantano pero se detiene un momento, nos interpela fuertemente como cómplices de Norman, porque deseamos, de una manera extraña, que se siga hundiendo. Ya estamos del lado del encubridor del terrible asesinato.
Adoptar el punto de vista de quien sostiene el cuchillo cambió la perspectiva sobre las narrativas de celuloide hasta el momento.
El final de Psicosis es el vuelco que tal vez termina de decidirnos a nombrarla como un antes y un después en el cine pues es tan revelador que al pie del titulo figuraba la frase “No cuente nuestro final, ¡es todo lo que tenemos!”, incluso era tal el miedo de que se expusiera que no fue exhibida a críticos ni dueños de cines antes del estreno.
Además fue la primera vez que los actores firmaron acuerdos de confidencialidad que les prohibían hablar del film y, aunque no era acorde a la época, no dejaban entrar a la gente una vez comenzada la función.
Y vos ¿te haces la peli con el maestro del suspense?




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