
Terrence Malick es un director que definitivamente sobresale del resto, basta con unos pocos planos para saber que estamos viendo una película de su autoría. La belleza y potencia que evocan las imágenes de Malick me resultan absolutamente cautivadoras, pero no se quedan en ser sólo agradables a la mirada sino que tienen una función para el relato que el director y guionista construye.
La hora dorada
Una de las características más notables de la filmografía de Malick es la iluminación, suele confiar en la luz natural con mucha más frecuencia que la mayoría de los directores. Además, tiene una tendencia muy marcada a filmar en lo que se conoce como “la hora dorada”. Con ese nombre se conoce a dos momentos del día, durante el amanecer y el atardecer, en los que la luz del Sol es más difusa y por lo tanto las sombras son más suaves. Sumado a eso, los tonos que esa iluminación brinda tienden más a los azules y rosas. Este recurso se puede encontrar en todas sus películas, pero en ninguna es tan evidente como en Días de gloria (Days of Heaven, 1978). La mayoría de las escenas de este film fueron grabadas en los dos momentos del día en que se produce la hora dorada, dando como resultado una apariencia visual única que le valió un Óscar a su director de fotografía: Néstor Almendros. Como uno puede suponer, esto significó un esfuerzo enorme; las tomas tenían que estar perfectamente ensayadas, tanto en movimiento de actores y de cámara, para que cuando llegara el momento de grabar no se perdiera un sólo segundo del breve tiempo que rodea al amanecer y al ocaso. Sin embargo, ese esfuerzo valió la pena porque no sólo creó una imagen hermosa sino que sirvió para crear significado.

Cómo Terrence Malick construye significado
A través de las imágenes, Días de gloria refleja el estado emocional de sus personajes. Esto toma mucho más sentido si tenemos en cuenta el título original de la película, y cómo se la tradujo en algunos países: Days of Heaven, o sea Días del cielo. La historia comienza en un molino dónde uno de los personajes trabaja con hierro fundido. El trío que vamos a acompañar durante todo el relato (Bill, Abby y Linda) se encuentran en una situación muy desfavorable, marcada por la pobreza y la desesperanza. El molino se asemeja al Infierno, con sus pobres trabajadores rodeados de metal fundido y humo. Luego de un incidente Bill se ve obligado a escapar junto con sus dos compañeras. En ese escape encuentran trabajo en la cosecha de unos campos alejados de la civilización. Pasan del ambiente gris y fabril de Chicago a las praderas tejanas, como si hubieran encontrado una especie de paraíso. Es entonces cuando comienza el uso de la hora dorada como momento de filmación preferido, porque luego de algunos obstáculos los personajes encuentran un tiempo de paz. Esos colores tan particulares del amanecer y el atardecer, con sus sombras suaves, sirven para subrayar ese cambio tan rotundo en sus vidas. La forma en que estas escenas están filmadas, y sobre todo la iluminación, evocan una especie de sueño de felicidad. La delicada belleza de los planos transmite una paz digna del paraíso. Los personajes son transportados lejos de la sociedad, en esa imponente mansión rodeada de inmensos campos, a un lugar donde el tiempo se detiene para que la felicidad sea eterna. Así se retrata el breve periodo de gloria al que hace referencia el título de la película, suspendiendo a los personajes en ese amanecer/ocaso perpetuo que los eleva a un mundo lleno de ilusión. No por nada otro nombre de la hora dorada es “la hora mágica”. Cuando la tan ansiada paz de los personajes es interrumpida, el humo y el fuego vuelven a hacerse presentes en la imagen; sumando una invasión de langostas que le da tonos bíblicos a la historia, por tratarse de una plaga, y así reforzando el concepto de cielo/infierno.
Terrence Malick me enseñó que la fotografía de una película puede no sólo ser bella, sino que también puede servir para construir significado. Es un recurso para darle otro nivel de complejidad a nuestros relatos. Algunos directores pueden sólo querer buscar una imagen “bonita”, pero un verdadero maestro usa ese recurso para hacer aquello para lo que el arte sirve: expresar emociones.




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