La crónica francesa y lo fetiches acumulativos de Wes Anderson Spoilers

¿Cómo definir La crónica francesa (2021) de Wes Anderson? ¿Es una casa de juguete, un collage, un libro de cuentos, un microcosmos o un barco en una botella de cristal? Estas categorías podrían conducir a ideas polarizadas. Se puede pensar que se trata de un estilo infantil, artificial, ficticio o de una estética bonita, inocente y sofisticada. Pienso que Anderson puso fusionar todo de forma contradictoria pero armoniosa.

Por un lado, cuando los fotogramas muestran bellas postales una y otra vez, y las estrellas de cine aparecen en pantalla sin decir demasiado, las personas entran en pánico: ¿Es demasiado extravagante, verdad? Las audiencias no tienen tiempo de observar de cerca, de capturar o recordar un momento, debido toda esta acumulación excesiva. El desperdicio de belleza y estilo genera un poco de ira.

Por otro lado, La crónica francesa crea un pequeño universo impredecible, lleno de brillo y color. Cada cambio de plano es una rotación de un caleidoscopio que genera una sensación de vértigo increíble.

Tres historias

Inspirado por la revista The New Yorker, La crónica francesa sigue una estructura dividida en capítulos, presentando historias diferentes que incluyen obituarios, guías de viaje y tres artículos destacados. Los tres artículos corresponden a tres columnas: arte-artista, política-poesía y comida. cada uno de ellos cuenta una historia humorística famosa con diferentes enfoques narrativos.

La película empieza con un obituario de Arthur Howitzer Jr., el fundador y editor ejecutivo de La crónica francesa. A diferencia de aquellas escritas con tono sombrío, esta es una biografía clara y seductora. Howitzer era un estadounidense que amaba la cultura francesa, un editor ejecutivo que complacía a sus editores. Su discurso estaba lleno de humor como "Sólo hazlo sonar como si lo hubieras escrito con esa intención y no llorando”.

Las tres historias están llenas de caos, violencia, melancolía, poesía y belleza, que representan la visión romántica y nostálgica de Wes Anderson.

La primera historia, "La obra maestra concreta" es una parodia sobre el nacimiento de las obras de arte modernas. La segunda historia, "Correcciones de un manifiesto" es una nostalgia romántica del movimiento estudiantil parisino de 1968. La tercera, "El comedor privado del jefe de policía" es una imaginación divertida de una leyenda culinaria parisina.

Las historias están llenas de diálogos densos, monólogos y narraciones, cada una presentada con un estilo estético. Anderson adopta todo tipo de estilos visuales y de cambios fílmicos- blanco y negro/color, pantalla panorámica/pantalla estrecha, tomas fijas/animación, encuadre fijo/ascendente, composición simétrica/vista de Dios. Nos marea con el empleo de diferentes enfoques, pero convierte su obsesión por París, la ciudad de los sueños, el arte y la belleza en una colección atesorada, deslumbrante y frágil.

Cada una de las historias de La crónica francesa puede adaptarse en novelas, cómics, guiones teatrales, o dicursos, pero por más que se usaran más de 100 medios, el director estría contando o relatando la misma historia. Wes Anderson no es bueno para responder preguntas en el cine pero sí es bueno para crear una atmósfera emotiva e intrigante. Si existieran preguntas, las respuestas serían evidentes antes de que empezara la historia.

Caja de juguetes

En esta película, Wes Anderson acumula fetiches, detalles y perfeccionismo que llegan a un nivel de fanatismo que supera a todos sus trabajos anteriores. Él define clramente su objetivo: construir un microcosmos que lo abarque todo. Como una colección de cuentos cortos, la diversidad y la riqueza de estilos y enfoques muestran su estética única.

Aunque puede existir un dejo de crítica en esta categorización de la película, como ser casa de juguetes, collage, libro de cuentos ilustrado o microcosmos, representan el objetivo de Anderson: Incluir todo lo que lo fascina dentro de un microcosmos. Puede tratarse de objetos físicos, personajes, estilos visuales abstráctos, narrrativas o sus películas favoritas, revistas, o novelas, todo se vuelve parte de su colección.

Con la imaginación de un niño inocente, la meticulosidad de una persona compulsiva y la ambición de un creador, Wes Anderson practica su filosofía artística a través de la creación de una casa de juguetes, una réplica del mundo, que no se rige por ninguna regla más que la belleza.

Presenta elecciones artísticas increíbles como el cambio frecuente de blanco y negro a color. Las partes en blanco y negro son serias, mientras que las partes a color son brillantes. Un ejemplo sorprendente de estos cambios comiena con la interacción entre pintor y modelo, que ocurre en blanco y negro. Cuando los dos personajes salen de la habitación, el sonido de la llave girando implica el cambio de blanco y negro a color. El sonido y el color combinan de forma inesperada y te hacen preguntarte qué representa cada cosa.

Wes Anderson planea cada encuadre de una forma precisa y rigurosa. Sus películas funcionan como un reloj, un dispositivo cinematográfico que parece contener millones de pequeñas partes que trabajan simultáneamente. Su caja de juguetes está llena de hermosas piezas de la realidad, y el rompecabezas no está completo, ni es real sino que es nostágico, fantástico y romántico.

Si se pausa una película de Wes Anderson al azar, se obtiene una imagen perfecta de fondo de pantalla. Sus películas son un número de pinturas de la vida real, más que imágenes en movimiento.La crónica francesa es un cuadro viviente, es decir una pintura estática representada por un grupo de personajes que dura varios segundos. Un cuadro viviente es una contradicción entre quietud y movimiento: las figuras permanecen estáticas, pero el movimiento más ínfimo, incluyendo el parpadeo, le recuerda a la audiencia que los personajes están vivos, con todas sus posiciones, vestuario y movimientos cuidadosamente pleaneados y organizados.

En la era actual de la tecnología digital, donde toda experiencia virtual se experimenta como real, Wes Anderson utiliza la existencia real en contraposición con el mundo virtual que esta a punto de envolverlo todo. A través de un fetiche obstinado, nostálgico y romántico por todo lo que lo fascina, él construye un microcosmos tangible a partir de una colección de lo hiperestático y concreto.

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