
Salvaje.
Así es la primera escena de #Misántropo, el desembarco del argentino Damián Szifrón en Hollywood.
Szifrón no ingresa a Hollywood con medias tintas. Entiende que es un público nuevo –e impaciente- el que debe conquistar y nos regala entonces una secuencia inicial memorable y brutal. Un tiroteo que transcurre en pleno festejos de año nuevo, entre estallidos de fuegos artificiales, y en donde cada disparo, cada plano, cada ángulo de cámara y cada color es de una potencia y una estética quirúrgica. Instala así, desde el primer segundo, las reglas del film y la tensión que recorrerá toda la historia y que –lamentablemente- nunca vuelve a ser tan excelente en su narración como en este inicio.
De la gloria internacional conseguida con #RelatosSalvajes a este regreso a la dirección parece haber una continuidad temática en su cine. El foco sigue estando en la exploración de la violencia, aunque el abordaje es distinto. Ya no está la rabia con humor de Relatos. En su lugar, pasamos a un thriller de reglas clásicas, tono decididamente parco y que no da respiros en su espesura. Al que Szifrón le aporta su impronta dándole humanidad (y complejidad) a los personajes, sacándolos de la estructura simple de policías y asesinos al mostrarnos sus vínculos afectivos y sus miserias; heredando un poco la escuela de #MareOfEasttown. O creando secuencias violentas –el shopping, el final- que narra con frialdad, sin regodearse en el morbo, pero sin escatimar en tensión. Szifrón consigue una identidad, y narra con su habitual maestría una vez más.
Pero no todo es brillo. Y en ese sentido #Misantropo es un film que parece preso de sus circunstancias. En entrevistas, el director contó de los contextos que rodearon la película y la llenaron de trabas. Las prisas de la industria de Hollywood. El rodaje en pleno auge de la pandemia del COVID, que hizo que estuviera la duda si los personajes debían usar barbijos o no, porque se desconocía la realidad médica en la que la película se iba a estrenar. O el poco apoyo de Estados Unidos al film al tratarse de una historia con una temática local tan vigente y sensible como lo son los tiroteos. A estos trasfondos quizás pueda atribuirse que, si bien el film es de una gran calidad, el estilo de Szifrón parece estar algo encorsetado; sobre todo en la segunda mitad del film, donde la potencia inicial parece diluirse lentamente, y las resoluciones se presentan un poco precipitadas y fortuitas.
Le exigimos a Szifrón en la medida de lo que sabemos que es capaz de hacer. Y, en ese sentido, celebramos que no haya perdido su personalidad y su talento para narrar en una industria de Hollywood que tiende a eclipsar el sello autoral de muchos directores. Pero más celebramos tenerlo ahora de regreso, con plenas libertades, y pronto a comenzar un proyecto tan ambicioso y esperado como lo es la película de #LosSimuladores.
[Publicado también en instagram.com/pantallahorizontal]





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