El 11 de agosto se estrenó en Amazon Prime Video la comedia romántica Rojo, blanco y sangre azul. La película es una adaptación de la novela homónima de Casey McQuiston. En pocos días, escaló rápidamente a los primeros puestos de las listas de las principales páginas web de cine.
Mientras que el amenazador estreno de Barbie y Oppenheimer dio mucho que hablar en los últimos meses, el estreno de Rojo, blanco y sangre azul fue silencioso e inesperado. Cuando la vi, no lo pude creer. ¿Una historia de amor entre el hijo del Presidente de Estados Unidos y el Príncipe de Inglaterra? ¡Increíble!

Inmediatamente supe que esta película era otra bomba lanzada este verano, sin embargo, esta vez la explosión sería de amor.
Quizás, muchos de ustedes ya hayan leído la novela original, pero yo no, de hecho, ni siquiera había oído hablar de ella. Así que se pueden imaginar mi sorpresa cuando la vi…
1) Una mezcla caótica de temas relacionados con la corrección política
La historia principal de la película es como una versión de Orgullo y prejuicio con los géneros invertidos y en un palacio, pero las cosas distan mucho de ser sencillas. En ciertos momentos, parece que Barbie haya cobrado vida. El mundo descrito en Rojo, blanco y sangre azul es Barbielandia en la vida real. En este mundo, el Presidente de los Estados Unidos es una mujer; el Primer Ministro del Reino Unido es una mujer; y la mayoría de los asesores políticos también lo son. Es refrescante ver a tantas mujeres políticas con talento y ambición en una película en la que no necesitan sacrificar a sus familias ni sus emociones personales para alcanzar el éxito en sus carreras.
A medida que avanza la historia, las cosas se vuelven cada vez más dramáticas:
- el hijo de la presidente desempeña un papel clave en su campaña electoral;
- la gente de color desempeña papeles importantes en las altas esferas del poder y en los círculos reales;
- cuando la felicidad personal del príncipe (y su identidad homosexual) entra en conflicto con los intereses de la familia real, el público lo defiende.
Incluso cuando la presidente (interpretada por Uma Thurman) se entera de que su hijo ha salido del closet, su primera reacción no es sorprenderse. En lugar de eso, le pide disculpas: "No hablamos de este tipo concreto de vinculación cuando tuvimos “la charla”, eso cual es culpa mía por suponer y no preguntar. Sólo quiero asegurarme de que sepas que debes usar preservativo si tienes relaciones anales...".

Rojo, blanco y sangre azul ahonda en la política, las elecciones, la identidad de género, las clases sociales, la igualdad de derechos, el color de la piel y el colectivo LGBTQ. Es una mezcla caótica de temas contemporáneos relacionados con lo políticamente correcto.
2) Estilo narrativo suave y conservador
No puedo evitar pensar en Barbie una vez más. Ya que también implica corrección política y discute la política de género bajo el disfraz de comedia. Sin embargo, Barbie se enfrenta a una situación mucho más difícil porque adopta una postura crítica. La sátira despiadada del director y la exposición de las verdades revientan constantemente la burbuja de los espectadores.
Por otro lado, Rojo, blanco y sangre azul adopta una estrategia narrativa muy diferente. No hay sátira ni revelaciones. En su lugar, describe una utopía, presentada en forma de cuento de hadas. Oculta todos los posibles conflictos y sólo muestra el mejor lado de las cosas. En esta película no se ve el antagonismo entre hombres y mujeres ni las diferencias de clases sociales (los protagonistas son todos nobles). Las espinosas cuestiones sociales se reducen a ideales y eslóganes que salen de la boca de los políticos.
Puede que pienses que la mayor amenaza de toda la película no es la opresión de la familia real británica sobre Enrique (interpretado por Nicholas Galitzine), sino el antagonista sin ética ni moral de los medios de comunicación. No te equivocas. La película lleva al extremo los conflictos y responsabiliza al antagonista de todos los que quedan por resolver. Como por ejemplo cuando hackean la computadora del príncipe, roban todas las cartas de amor que ha escrito a Alex (interpretado por Taylor Zakhar Perez) y las publican en Internet.
Lo más probable es que el tema más polémico sean los estereotipos sobre las historias políticas de Inglaterra y Estados Unidos, y la película ha evitado perfectamente generar cualquier tipo de controversias. La película exterioriza el dogmatismo e incluso el conservadurismo de la familia real británica en la personalidad melancólica y dubitativa de Henry, e incorpora el punto delicado de la corta herencia cultural de Estados Unidos en el crecimiento personal de Alex, inmigrante de origen obrero hasta que su madre llega a la presidencia. En otras palabras, se personifica la etnicidad y se infunden grandes estereotipos en las personalidades de los dos protagonistas. Este estilo narrativo conservador impide criticar la película.
Rojo, blanco y sangre azul es como un postre al que se le han agregado diferentes aditivos y colorantes alimentarios. Si te parece demasiado dulce, no podrás decir nada al respecto porque ya te avisaron que era un postre… Cuando una película refleja hasta cierto punto la realidad, nadie insistirá en sus discrepancias, ni criticará su exageración y desviación de la verdad. Después de todo, ¿quién se molestaría en discutir sobre un cuento de hadas?

3) Un gran sueño capitalista
Algunos bromean diciendo que cualquiera que haya estudiado política contemporánea no escribiría una historia como Rojo, blanco y sangre azul. Su tema y estilo de presentación la convierten en un gran sueño capitalista hasta la médula.
El género, los orígenes y la clase social eran en un principio cuestiones marginales, pero poco a poco fueron ganando terreno y terminaron incorporándose a la fuerza al discurso dominante (desde ese entonces, se perciben como parte integrante en lugar de algo contra lo que luchar, salvaguardando así su dominio). En los últimos años, a pesar del discurso cada vez más acalorado de la corriente dominante sobre lo políticamente correcto, sigue siendo sorprendente ver cómo el cine lo empaqueta descaradamente de forma glamurosa y tentadora y lo transforma en un producto de consumo antes de revenderlo a sus iniciadores.
Es difícil criticarlo porque ¿quién quiere oponerse a lo "políticamente correcto"? Además, Rojo, blanco y sangre azul rechaza cualquier intención de crítica al permitir a los espectadores relajarse y hacerse ilusiones mientras ven la película. Como resultado, no ofende a nadie, excepto probablemente a aquellos que esperan escenas de sexo más explícitas entre Alex y Henry. La película pretende complacer a todos sus espectadores.
Sólo unas pocas personas que han notado algo raro pueden comentar su confusión respecto a qué clase de personas son los dos protagonistas después de ver la película, ya que parecen limitarse a cumplir una sola tarea.
En el espectro que define la relación entre las películas y su público, las de un extremo pretenden desafiar los horizontes de la gente e incomodarla, mientras que las del otro sirven para complacer. Rojo, blanco y sangre azul pertenece, sin duda, a esta última categoría.
De hecho, casi al mismo tiempo, la película taiwanesa, Mi boda con un fantasma, una comedia con una pareja del mismo sexo, también se estrenó en Netflix el 10 de agosto. Esta cuenta la historia de un policía que investiga la muerte accidental de su marido fantasma.

Si la imaginatividad de Mi boda con un fantasma nace de fuerzas sobrenaturales como fantasmas, deidades, espíritus y reencarnación, entonces Rojo, blanco y sangre azul es imaginativa porque retrata la realidad "imposible" con un estilo realista. En este sentido, no tiene ningún significado práctico. Por lo tanto, quizá esta última sea más fantástica y superrealista y deba clasificarse como película de ciencia ficción o fantasía.
Este verano, justo después de que Barbie reventara la burbuja rosa del mundo, Rojo, blanco y sangre azul creó otra burbuja de colores.

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