Hace más de un siglo, Carlo Collodi probablemente no imaginaba que Las aventuras de Pinocho, una historia pensada para educar a los niños, daría lugar a tantas variaciones que incluso superarían al original. Entre ellas, se encuentra A.I. Inteligencia Artificial (2001) de Steven Spielberg, una de las adaptaciones más brillantes. Aunque muchas de las obras de Spielberg son historias que abordan temas relacionados con el crecimiento, como E.T. El extraterrestre (1982), Las aventuras de Tintín (2011) y Ready Player One (2018), A.I. Inteligencia artificial es sin duda la más especial, dado que su tono subyacente es completamente trágico.
A.I. Inteligencia artificial cuenta la historia de un niño robot llamado David, que desea convertirse en un niño de verdad para ganarse el amor de su madre humana, Mónica. Emprende un viaje para encontrar al Hada Azul quien es la única que podría concederle este deseo. Esta historia es claramente la versión de ciencia ficción de Pinocho: la marioneta fue reemplazada por inteligencia artificial y el Hada Azul sigue siendo la clave que aparece a lo largo de la historia.
Haley Joel Osment se ganó a todos con sus grandes ojos azules y su amor por Mónica que se remonta a miles de años. Yo, incluida. De más pequeña, lloraba cada vez que la veía.

Sin embargo, al volver a ver la obra siendo una adulta, de repente me doy cuenta de que no es tan sólo una historia conmovedora, sino que también es triste, desesperanzadora e incluso aterradora.
Sí, leíste bien. A.I.Inteligencia artificial es en realidad una historia de terror.
Perder las esperanzas por un destino imposible
Monica Swinton (interpretada por Frances O'Connor) está devastada por la enfermedad de su hijo biológico, Martin. Su marido le propone adoptar un niño robot llamado David, y ella finalmente termina aceptando. Aunque David rápidamente captura la atención de Mónica, pierde su propósito como sustituto después de que Martin se cura. En la fiesta de cumpleaños de Martin, estalla un conflicto entre los dos niños que desde hace mucho tiempo guardan resentimiento el uno contra el otro. Al final, David cae a la piscina junto con Martin. Mientras la gente entra en pánico por salvar a Martin y se olvida de David, que está en el fondo de la piscina, podemos entender que el destino de David está determinado: nunca podrá ser parte del mundo humano mientras sea un extraño/no humano.
Cuando Mónica destierra a David al desierto, él la abraza con fuerza y le ruega que no lo abandone mientras llora; una de las escenas más desgarradoras de la historia del cine.

Sin embargo, David no comprende que, si bien Mónica lo abandona porque siente desconfianza y miedo con respecto a las posibles reacciones de la inteligencia artificial, la principal razón por la que Mónica lo deja es la naturaleza humana hacia su hijo biológico. Entonces, aunque David pudiera convertirse en humano, ella no lo elegiría.
Otro hecho desesperanzador es que no importa cuánto lo intente David, nunca podrá alcanzar el objetivo de convertirse en un ser humano real. Desde la perspectiva del antropocentrismo, la inmortalidad de la inteligencia artificial es una "maldición" para convertirse en humano. Esta maldición está profundamente arraigada en el ADN de David, dado que fue diseñado por creadores humanos para simular el pensamiento humano, y también arraigado en los materiales de los que está hecho, que son acero, aleaciones y maquinaria…
Se comete un error cuando la intención detrás de una acción es incorrecta, y también lo es cuando el objetivo de esa acción nunca se logra. Cuando estos errores se acumulan, por mucho que uno lo intente, sólo exacerbarán la sensación de desesperación y tragedia. Desde esta perspectiva, el horror de la película es como el horror de la tragedia griega; aquello que se infunde cuando la naturaleza humana discreta se enfrenta a la enorme fuerza del destino.
El horror generado por el complejo de Edipo
Es difícil ver A.I.Inteligencia artificial sin defender a David. ¿Qué hizo mal? ¡Sólo quería el amor de madre!
Después de haberla visto varias veces, ahora pienso lo contrario. Los sentimientos de Mónica por David son extremadamente complejos, pero incluyen su amor por él como madre. Sin embargo, es difícil definir con precisión los sentimientos de David por Mónica.
Si sus sentimientos se definen como el amor y el apego de un niño hacia su madre, entonces es extremo, excluyente y distorsionado. Según la teoría de Sigmund Freud, los niños son sexualmente activos pero no tienen capacidad sexual. Sus primeros intereses románticos son sus padres y, como resultado, se vuelven extremadamente posesivos y quieren desesperadamente excluir de la familia a los padres del género que no les interesa; aunque el padre lo trajo a la familia, fue la madre quien le dio vida.
Los sentimientos de David por Mónica son una manifestación extrema del complejo de Edipo, porque odia no sólo a su padre, Henry, sino también a su hermano, Martin, y a todos aquellos que compartan con él el amor de su madre.

El complejo de Edipo de Freud sólo se aplica a un período específico del crecimiento de un niño. A medida que los niños maduran, desarrollan un apego más saludable con respecto a sus madres. Sin embargo, David es un niño eterno y esto no cambiará jamás. Esta es la parte más aterradora de él. Su inseparable apego a Mónica se transforma en una extrema posesividad, que tiene un lado siniestro, hasta el punto de que, en muchos casos, la película termina transmitiendo una extraña sensación de horror.
Por ejemplo, David se queda inmóvil fuera de la puerta mientras observa a Mónica dormir. En otro momento, al final de la historia, logra deshacerse de sus detestables padre y hermano y se duerme profundamente con su madre, feliz para siempre, en el sueño construido utilizando inteligencia artificial avanzada. Observar la madurez de David y la forma en la que Mónica disfruta del momento en esta escena me pone los pelos de punta. Esto no me parece simplemente una relación de madre e hijo.
Quizás, la mejor manera de resolver el horror sería al definir los sentimientos de David por Mónica como una simulación del amor entre la inteligencia artificial y los humanos. En realidad no es amor, sino un programa informático sobre el amor. Es decir que, los sentimientos de David no son espontáneos sino prediseñados. En consecuencia, la respuesta emocional generada mientras se observa es, de hecho, una mala interpretación.
Si David estuviera programado para aprender y comprender continuamente la sociedad humana y, durante este proceso, elegiría amar a Mónica por voluntad propia, entonces sería razonable que la audiencia se sintiera conmovida. Sin embargo, en la historia, ya sea luchando por el afecto de su madre con Martin o buscando al Hada Azul, David sólo sigue lo que dicta su configuración inicial programada: amar incondicionalmente a su madre humana.

En otras palabras, David ama eternamente no porque tiene alma, sino porque es una máquina que funciona a la perfección, como se supone que debe hacerlo.
Entonces no nos queda otra que preguntarnos: ¿Es David realmente "humano"? ¿Qué nos conmueve a nosotros? Cuando lo piensas así, ¿no dá aún más miedo?

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