Nolan, mi querido Nolan ¿Cómo pongo en palabras lo que me hiciste sentir? Es casi imposible. Salí del cine extasiada y angustiada.
Qué lindo es apreciar una buena película. Y una llena de detalles, trabajo, sentimientos, dudas y arte.
Si bien es una película triste y que por momentos me asusta, la calidad de imagen, sonido, arte y detalles me voló la cabeza.
Con el final de esta película, sentí que mi corazón iba a 100 km/h. Se me caían las lágrimas y no entendía lo que iba a pasar.
J. Robert Oppenheimer: Cuando llegué a usted con esos cálculos, pensamos que podríamos iniciar una reacción en cadena que destruiría el mundo entero...
Albert Einstein: Lo recuerdo bien. ¿Qué pasó?
J. Robert Oppenheimer: Creo que lo hicimos.
Pero esas son sus últimas palabras.
No la última escena, nuestra última charla íntima con Oppi.
La película termina con él parado, solo, con la versión final del mundo completamente en llamas debido a su propia creación. Y todo esto, sin necesidad de palabras.
Creó un arma que no enciende "literalmente" fuego en la atmósfera, pero que establece simbólicamente una carrera armamentista. Porque esto ya abrió las puertas para que alguien pueda crear una bomba atómica aún más grande, una que pueda destruir al mundo de forma más efectiva. Dios quiera que nada de esto suceda.Pero su mirada y este final me dieron miedo, más con todo lo que está pasando en el mundo.
J. Robert Oppenheimer creó un arma de destrucción que inevitablemente podría condenar nuestra existencia. Hizo un salto muy grande en el avance del armamento humano.
Pero ese salto que dio para la humanidad lo llevó a pararse sobre una montaña de cadáveres de su propia creación. No hay vuelta atrás en esto, no hay redención, no hay salvación, solo culpa y vergüenza con las que tiene que vivir.
Y agrego algo que Nolan le dijo a Vulture que me parece interesante: "La película trata sobre las consecuencias. El retraso en la aparición de las consecuencias que la gente suele pasar por alto: la película está llena de diferentes representaciones de ello. Algunas viscerales, otras más narrativas".
Puede que Oppenheimer y el equipo del Proyecto Manhattan no consumieran literalmente el oxígeno de la atmósfera. Pero su trabajo encendió una chispa en las mentes de todos los seres humanos nacidos desde entonces. Al igual que una reacción de fusión, es una chispa que se autoalimenta y no puede apagarse”.
Como Oppenheimer, Nolan nos presentó una versión del pasado y una del futuro.


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