UNA SUPERELECCIÓN DEL ESCRITOR
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Este artículo es la tercera y última parte de nuestro análisis de la película Oppenheimer (2023). Si querés leer el resto y ponerte al día con las dos críticas anteriores:
El primero profundizaba en el estilo narrativo de la película: Oppenheimer: Una majestuosa introducción a la muerte.
El segundo, en medio de su marco narrativo, exploraba principalmente el retrato triunfal que el director hace del protagonista, J. Robert Oppenheimer: 'Oppenheimer': cuando lo humano y lo divino convergen en un mismo personaje.
Partiendo de los cimientos establecidos en las dos entradas anteriores, este artículo se centra ahora en el retrato triunfal del reparto:

Cillian Murphy, que encarna a J. Robert Oppenheimer, realiza una interpretación magistral que deja una huella indeleble en la película. Con gran contención y sutileza, retrata a la perfección las intrincadas reacciones del científico ante los innumerables acontecimientos que se le presentan a lo largo de su vida, desde su juventud hasta la vejez. A veces transmite vibraciones maníacas y siniestras, mientras que otras veces irradia dulzura, accesibilidad y amabilidad. En ciertos momentos, emana arrogancia, maltrato y frialdad, para transformarlo rápidamente en humildad y trascendencia, como un filósofo experimentado.
Estas emociones polifacéticas se despliegan en el rostro delgado de Murphy como una serie de paisajes. Cuando se observan a través de la lente de una película de 35 mm, los primeros planos de su rostro parecen similares a la observación de los pensamientos internos bajo un microscopio. Cada molécula, cada átomo de su rostro se ve magnificado: el azul profundo de sus ojos brilla con ambición, los intrincados vasos sanguíneos rojos transmiten ansiedad e inquietud, y los afilados ángulos de su rostro, bajo su característico sombrero, albergan sombras que simbolizan tanto una resuelta determinación como un profundo enigma. Oppenheimer, conocido por su icónica imagen con sombrero y pipa, adquiere un atractivo visual amplificado por las dotes interpretativas de Murphy: un científico astuto, reprimido y cargado emocionalmente; un estadista carismático, enigmático y conocedor de la tecnología; un amante astuto, cariñoso y gélido; todas ellas facetas de Oppenheimer.

En medio de los tumultuosos años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, muchos científicos y políticos, cada uno a su manera, contribuyeron a su comprensión de la paz y la justicia mientras se veían arrastrados por las corrientes de la historia. En una película biográfica como Oppenheimer, en la que la atención debe centrarse en el viaje de un individuo, el elenco es tan importante como las interpretaciones individuales. Se puede sentir cómo los actores, todas personas MUY talentosas, dan vida a sus personajes con su hábil arte y, al igual que Cillian Murphy, emiten una energía asombrosa en los contextos de fusión y fisión.
Entre estos intrincados y diversos papeles, la interpretación de Emily Blunt como la esposa de Oppenheimer es la que más se destaca. Como esposa de un científico de renombre, ella misma es una intelectual de gran talla. Habiendo compartido años con Oppenheimer, un hombre de temperamento complejo, disfruta simultáneamente de la fama y el honor que él le aporta, al tiempo que soporta su infidelidad y la intrusiva vigilancia que conlleva su controvertida vida. Su polémica vida privada, expuesta durante las audiencias, es una profunda humillación para ella. Sus celos, su represión y su ira se mezclan con su resuelta paciencia y su ingenio. Sin embargo, ella firme y fiel siempre, incluso los saca de apuros, a pesar de que él la haya herido profundamente. El personaje de Blunt le ofrece orientación y lo incentiva a recuperar la confianza en sí mismo. La madurez y riqueza interpretativa de Emily da vida a una mujer que es igual de compleja que Oppenheimer, una mujer que sólo puede vivir bajo el mismo techo con las mismas medidas de intelecto y perseverancia, un retrato totalmente convincente.

Además, Robert Downey Jr., en el papel del político Lewis Strauss, hace una interpretación inquietante. Acumula su odio hacia Oppenheimer poco a poco, con cada instancia de desprecio del científico hacia él -una expresión, un gesto, una palabra- incrustando silenciosamente su resentimiento cada vez mayor. Sonrisas corteses que ocultan incomodidad, reverencias deferentes que ocultan el deseo de mantener distancias: estos elementos culminan en una conspiración rebelde. Detrás de esa fachada sonriente se esconde una figura política astuta. Manipula los principios de la democracia para crear una falsa acusación de traición, no obstante, a pesar de su astucia, queda atrapado en su plan meticulosamente planeado, acabando como chivo expiatorio en el pilar de la vergüenza de la historia. Su caída desde lo alto se produce en el punto álgido de la trama.

El conjunto de complejos personajes científicos y políticos compone el gran universo de la humanidad en Oppenheimer. Cuando se ven a través de una lente IMAX, estas diversas figuras históricas te arrastran a sus respectivos reinos: algunos argumentan vehementemente en contra de las bombas atómicas dirigidas a civiles. Otros creen que sólo las bombas de hidrógeno pueden traer la paz mundial, algunos celebran con alegría la aniquilación de Japón, hasta el punto de la locura….
Christopher Nolan, que se fue perfeccionando durante años en la industria cinematográfica, hace uso de su gran madurez, una maestría no sólo en la descripción de paisajes sobrecogedores e intrincadas narraciones, sino también en la revelación de las inmensas profundidades del alma humana. Tras su interpretación de conjunto en la película Dunkerque (2017), sobre la Segunda Guerra Mundial, sube un escalón más en su carrera. Sabe muy bien cómo canalizar la energía de su viejo colaborador Cillian Murphy, lo que permite que un personaje tan sencillo y austero como Oppenheimer destaque en medio del gran conjunto, profundizando nuestra comprensión del hombre.
Si vas al cine esperando presenciar la historia de la creación de la bomba atómica, puede que te sientas algo decepcionado, porque el hilo conductor de esta narración no trata sobre cómo la bomba atómica se conviertió en la cumbre de tres siglos de física. Los extensos diálogos y debates podrían poner a prueba la paciencia del espectador medio, fomentando un ansioso deseo de una conclusión triunfal o una culminación trágica.
Sin embargo, si crees que nadie llega a ser una figura mítica o increíble -en cambio, toda figura histórica excepcional es meramente humana, propensa a errores, capaz de maldades y sujeta a sus emociones-, entonces te gustará Oppenheimer.
Puede ocurrir que nos consideremos importantes o capaces de lograr grandes hazañas; sin embargo, la mayoría de las veces tomamos malas decisiones por miedos dudas, y por ello pagamos el precio y las consecuencias.
Para el ambicioso Nolan, las emociones personales evolucionan inevitablemente hacia una gran conciencia ideológica. Al revisar las tragedias de la historia y los destinos individuales, surge una clara revelación: la historia podría repetirse. Tal vez la ambición de Oppenheimer resida aquí: los sueños que acaricia la humanidad podrían transformarse en tragedias. En el momento en que la ciencia se aprovecha y se desata, el mal le sigue. ¿Cómo nos enfrentaremos a ello? No se trata de un pronóstico exclusivo de Oppenheimer, sino de una pregunta que va más allá de él.
¿Qué opinas de los personajes de Oppenheimer? ¿Crees que esta película se convertirá en un clásico? Sígueme y comparte tu opinión en los comentarios. ¡Presta atención porque viene más contenido cautivador!
Oppenheimer: Una majestuosa introducción a la muerte
'Oppenheimer': cuando lo humano y lo divino convergen en un mismo personaje




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