La película de Alejandro Monteverde trae a la luz el oscuro mundo de la trata de niños y niñas. Ahora bien ¿la temática alcanza para que una película sea considerada buena?
Lo que sucede con Sound of Freedom es casi un signo de época. En las producciones parece importar más el mensaje que la obra. Se busca realizar una larga publicidad moral y se deja de prestar atención a todo lo demás.
El film cae constantemente en clichés del género y del cine comercial estadounidense. Para empezar, ese típico filtro y cambio de luz que utilizan cada vez que filman tomas en Latinoamérica. Recurso poco entendible, como si la música tradicional, la ropa floreada y los contantes planos de selvas o calles tercermundistas no fuesen suficiente.

La trama es bastante lineal y sencilla (esto no es algo negativo), pero por momentos hay un exceso de explicación, sin lugar a una interpretación del espectador. Esto pasa en la mayoría de los diálogos, que lo vuelve peor aun; si me vas a sobreexplicar todo, al menos que sea en imágenes que es el recurso diferencial del cine.
Parecía que sobre el final la película iba a encaminarse un poco, pero vuelve a fallar. Se podría haber dado una buena y emotiva secuencia en el rescate, combinando acción con tensión. Pero el director decidió eliminar el sonido, poner música, usar cámara lenta y entrecruzar cortes raros; una sucesión de errores.
En fin, Sound of Freedom no me parece una buena película. Pero retrata algo que se fue incrementando en los últimos años, el uso del cine para largas publicidades con bajadas morales. Cada vez van más en profundidad y se escudan bajo el: “si no te gustó es porque seguro bancas lo que la película denuncia”, grave error y carente de sentido.
En los tiempos que corren parece más fácil realizar obras vacías con bajadas de línea. Pocos se preocupan por realizar una buena obra en la que cada elección de plano, de música, de lente, y más, esté justificado.



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