Tarkovski - Parte de la Religión 

Andrei Tarkovski

PARTE DE LA RELIGIÓN

de Gastón Siriczman

La historia de Stalker, la película que le costó la vida a Tarkovski - LA  NACION

Arseni Tarkovski, poeta soviético de los primeros años de la revolución, publicó nueve libros; se enamoró de la poeta Marina Tsvetáyeva; perdió una pierna en la Segunda Guerra Mundial; en un cajón de la mesa de luz guardó, y no volvió a sacar, la Estrella Roja al Valor, con la que fue condecorado, y tuvo un hijo, Andrei.

Era el año 1932, y mientras el pequeño no hacía mucho más que satisfacer sus necesidades elementales, el mundo estaba empezando a cambiar. Hitler se presentaba como candidato a presidente por el partido nazi y perdía; Roosevelt ganaba y era elegido presidente de los Estados Unidos, y Aldous Huxley publicaba por primera vez Un mundo feliz.

Andrei Tarkovski, hijo de Arseni, con los años se convirtió en uno de los realizadores más influyentes de la historia del cine. Al igual que otros directores soviéticos, sintió gran admiración por las artes orientales; trabajó como geólogo en Siberia; lejos de la ortodoxia marxista/stalinista, metió la nariz, la cabeza y el alma en cuanta forma de espiritualidad se le cruzaba; por esto y varias cosas más fue rigurosamente vigilado por las autoridades, y sus ruedas conocieron todo tipo de palos atravesados; admiró y fue admirado por Ingmar Bergman; tuvo un hijo y dirigió siete películas, en las que suelen aparecer los poemas y la voz de su padre. No hizo más porque se murió a los 54 años, en los últimos días de 1986. El poeta Arseni, su padre, lo iba a sobrevivir hasta 1989.

La fisonomía de Andrei no ocultaba un porcentaje de genética tártara. Sus ancestros, esos que cuando se acababa el vodka eran capaces de tomarse el aceite de los tractores, estaban vivos en sus pómulos y en la oscuridad de sus ojos. Ese espíritu bárbaro y rebelde se iba a impregnar en los contenidos y las formas de sus películas.

Dos de ellas están basadas en grandes obras de la ciencia ficción: Solaris, del polaco Stanislaw Lem, y Picnic extraterrestre, de los hermanos Arkadi y Boris Strugatski. De la adaptación de esta última surgiría una de las películas de culto más emblemáticas y bellas jamás filmadas: Stalker (1979).

El stalker en cuestión no sería un tipo bien visto por las compañías de seguro. Su trabajo era guiar a los visitantes por la Zona, un territorio en ruinas, extraño y peligroso, ajeno a la lógica y a las leyes de la naturaleza, y celosamente custodiado por el ejército. En la Zona arde el fuego bajo el agua, llueve dentro de los edificios y el camino recto no es el más corto. ¿Cuál es entonces el objetivo de esas incursiones? Encontrar El Cuarto, el lugar que concede los deseos más profundos. “La Zona exige respeto —les advierte el stalker a sus guiados—. Todo lo que pase aquí depende de nosotros, de lo que hagamos con nuestros propios deseos. La Zona deja pasar a los que no tienen esperanza, a los infelices. Pero el más desgraciado no regresa de este lugar si no sabe comportarse como es debido”. La película es ese viaje al corazón de la Zona y al interior de sus tres protagonistas y de sus deseos más profundos: el Stalker, el Escritor y el Profesor. Sobre estos dos últimos, Tarkovski decía: “El Profesor y el Escritor, dos intelectuales, representan el principio del realismo positivista, tan manifiesto en la vida contemporánea”.

Ni Stalker ni Solaris son fieles al canon de la ciencia ficción. Los amantes del género no saben qué hacer con estas películas. Las suben y las bajan del estante dorado semana por medio, mientras corren perplejos de un lado al otro, llevándose los muñecos de Star Wars por delante. Arkadi Strugatski recuerda que, junto a su hermano, habían cambiado varias veces la cinta de su máquina de escribir de tanto rehacer los guiones. “Andrei —le dijo Arkadi a Tarkovski con los dedos llenos de tinta—, ¿para qué necesitas la ciencia ficción en tu película? ¡Eliminémosla!”. Tarkovski sonrió como un gato que se acaba de comer al loro. “¡Eso es! —gritó el director—. ¡Por fin lo has dicho! He estado deseando oírtelo hace mucho tiempo, aunque tenía miedo de sugerírtelo por si te molestabas”.

Los empleados de Netflix, que tampoco saben bajo qué género colocar estas películas, pueden estar tranquilos. Hasta Sartre, que dijo que Tarkovski era un surrealista, puede agarrarse los dedos con la puerta.

La espiritualidad es el eje sobre el que gira toda la obra de Tarkovski. En su diario escribió: “Stalker trata sobre la existencia de Dios en el hombre y sobre la muerte de la espiritualidad que resulta de la posesión de un falso conocimiento”. En sus siete películas reverberan los ecos de antiguas iglesias con sus íconos medievales: del sacrificio, de la fe, la redención, la esperanza, la expiación. Los personajes de Stalker citan fragmentos del Apocalipsis, el Evangelio de Lucas y del Tao Teh King.

Por mucho menos que esto, el Estado soviético le había garantizado a incontables artistas un tour a Siberia con derecho a picar piedras de por vida. En 1981, el Congreso del Cine Soviético recomendó al director “...hacer una película sobre los problemas importantes de nuestro tiempo, una película que puedan entender millones de personas”.

Aquellos que amamos el cine de Andrei Tarkovski celebramos que ese mandato oficial quedara olvidado en alguna carpeta del buró. Por supuesto que sus siguientes dos películas, las últimas, tuvo que realizarlas en el exilio: Nostalgia (1983) y El sacrificio (1986). Sí tuvo la fortuna de contar con el apoyo de parte del equipo artístico de su coadmirado Ingmar Bergman, como el director de fotografía Sven Nykvist y el actor Erland Josephson.

Pese a tanta oposición, Tarkovski pudo terminar siete películas. Hoy sabemos que la misma KGB tenía un expediente con sus antecedentes. Da cuenta de todos esos años amargos el sugestivo título de sus memorias: Martirologio. En la última entrada, del día 15 de diciembre de 1986, escribió: “…ahora no me quedan fuerzas, ese es el problema”.

LIGHT

Ilumina y aumenta su visibilidad — ¡sé el primero!

Comentarios
Tendencias
Novedades
comments

¡Comparte lo que piensas!

Sé la primera persona en comenzar una conversación.