Por Allan Morales y Dennise Baez
En nuestra época actual logramos ver actos de rebeldía por parte de los alumnos tanto en instituciones privadas como publicas , pero es normal este tipo de comportamiento incluso hay una predisposición social sobre esto en cuanto a los adolescentes o preadolescente se refiere, más allá de eso poder ver este tipo de acciones se ha normalizado pero también verlo en 1933 el año en qué fue estrenada Zero de conduite por el director francés Jean Vigo; suscita todo un acto de rebelión y visión no esperada para esta época, a casi 100 años de su realización nos sigue demostrando características muy similares en cuanto a educación se refiere, ya que a pesar de ser filmada en un contexto regional así como de siglo muy diferente al nuestro entorno actual no deja de sorprender los rasgos igualitarios que demuestra, por ende se sobre entiende la censura que el metraje tubo en el año que fue estrenada.
Demostraba la falta de pedagogía, la clara educación subordinada por un entorno opresivo y desigual donde nos atrevemos a pensar que viendo el entorno en el que se desarrolla, un orfanato con serías precariedades y carencias de infraestructura, mobiliario y probablemente por un gobierno que no le importa ni está institución ni la educación que estos niños necesitan y merecen, por ello deja claro los errores y fracasos de un organismo institucional educativo que abandona a tanto niños como jóvenes que solo les ofrece a ellos la opción de revelarse contra este sistema como bien podemos apreciar en el final de la película donde un ente importante de el gobierno llega para una reunión en el orfanato y los chicos solo hacen lo único que les queda, levantar banderas , piedras y palos, alzando sus puños contra un organismo que solo vela por sus intereses y deja de lado el de los demás, a un pueblo que necesita educación, no se le culpa a ellos su actitud ni de sus ideales , se le culpa al gobierno de Francia por su mala gestión en el sector público educativo y por ende sus fracasos como entidad gubernamental en este tema.
Por ahora nos queda una reflexión, si los gobiernos lideran este tipo de temas tan delicados de está manera, ¿es realmente su culpa? O ¿culpa nuestra por no actuar en contra de este sistema?
Sea cual fuere la respuesta que surja de esta contrariedad educacional del país y sus instituciones, y no solo en este caso desarticulado de toda pedagogía , sino por el valor intrínseco de que todo ciudadano merece una educación gratuita y obligatoria, donde el estado vele por el y el individuo exija por el.


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