Anoche me topé en Cine.Ar con este estreno, dirigido por María Aparicio: un retrato múltiple sobre un puñado de personajes citadinos que resisten a la gran urbe y sus rizomas. La ciudad, el trabajo, la rutina. ¿Existe acaso algo más rector y regulador de nuestra percepción cotidiana que el mundo del trabajo? Al menos así lo espeja Aparicio en esta concatenación de íntimos microrrelatos de gente en la ciudad, atravesados por una transparencia en el registro que nunca termina de homogeneizar la singularidad de cada historia.
Matizada por un blanco y negro que refuerza cierta austeridad plástica y compositiva, la película enlaza cuatro (o cinco) retazos de realidad que van desde las disyuntivas emocionales de una joven empleada en una librería, la búsqueda por el reencuentro pasional introspectivo en un taller de teatro por parte de una mujer enfermera, el pesar diario de un técnico en computación desempleado que debe cuidar de su hija, hasta las derivas inciertas de un joven cocinero en un bar del centro…
Sobre las nubes nos presenta un entramado de esbozos narrativos que rápidamente encuentran su preciso lugar en la dimensión de lo descriptivo por recorte de un concepto mayor: el de la ciudad y su estructura social funcionalista. El del retrato tensionado de una clase media vulnerada, implícitamente oprimida, que no puede nunca liberar del todo ese enfado atragantado.
Y por eso la película nos conduce a la exaltación -no menos eficaz- de la metáfora en ese cielo nublado, en esos paisajes urbanos espesos pero monocromáticos. Y por eso es que prefiere los grises, para no gritar ni explicitar de más el dolor contenido de sus personajes; y opta acaso por la sensibilidad proyectada en la sutileza expresiva del gesto, más que la torsión emotiva convencional de un llanto urgente en primer plano.
Habría que decir que se trata de un relato coral en clave dramática (a lo Magnolia de PTA), cuyo eje poético-conceptual predominante es la melancolía. Pero hay un problema, y no es otro que el uso excesivo de la adjetivación de “lo melancólico” para este tipo de obras: acá los personajes afirman, en silencio, oralmente y por escrito, que estuvieron tristes pero que ahora están mejor. Sobre las nubes se parece mucho más a la captura sensible de pequeños -eternos- momentos de felicidad que a un vaivén de dramatismos melancólicamente emotivos. La enunciación es aquí ponderable: la cineasta (le) habla a su ciudad desde una situacionalidad que no subraya la injusticia sistémica. En cambio, la vuelve esperanza retórica en la potencia expresiva de sus personajes (y del lenguaje del cine, claro).
Disponible para ver en: CINE.AR PLAY




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