El encanto del erizo es la adaptación de una novela francesa del mismo nombre. Se sitúa en París y al verla, me conmoví profundamente. La película no intenta decir nada; sólo expresa el estado de existencia. No conozco a Renée Michel ni a Paloma Josse, pero quizás sean parte de mí, o quizás parte de vos.

Nacemos solos
La soledad no se trata de no tener a nadie cerca, sino de que nadie pueda hablarte de verdad o alcanzar la inmensidad profunda de tu corazón. Entonces, te armás una coraza como la del erizo, para que no sea fácil que los demás se acerquen. Los erizos parecen lentos y poco atractivos y viven en su propio mundo, aislados de los demás. Nadie sabe si disfrutan de la soledad o le temen. Quizás quieran escapar del mundo ruidoso, encontrar un pequeño rincón donde esconderse y vivir tranquilamente sin que los molesten.

Las voces ruidosas provienen de las personas que están llenas de prejuicios. En la exclusiva zona residencial de París, nadie se fijaría en Renée, una conserje bajita y regordeta de 54 años, que en realidad es una intelectual sabia y reservada, aunque nunca ha ido a la escuela. Su alma está llena de los libros escondidos en su habitación. Mientras otros piensan que es pobre, su mente es vibrante. Paloma, una niña genio de once años proveniente de una familia adinerada, es considerada un bicho raro. No le gusta hablar sino más bien murmurar para sí misma mientras lleva una cámara para tomar fotografías a todas partes. Aunque aparentemente no tienen relación, los dos tienen algo en común: una sensación de soledad que pasa desapercibida. La gente ve a Renée como un erizo discreto, no pueden ver la elegancia que oculta en su interior. Los miembros de la familia ven a Paloma como alguien extraño, no pueden entender su profunda confusión sobre la vida.
Quizás estemos demasiado acostumbrados a utilizar estándares fijos para juzgar a una persona. Los conserjes deberían verse como conserjes. Deberían preferir algo más que leer; deberían pasar sus días viendo televisión sin pensar, no deberían hablar con palabras refinadas y deberían tener mal caracter. Una niña de once años debería parecer una niña pequeña. Debería tener una personalidad ingenua y vivaz, no reflexionar demasiado y crecer feliz. Por tanto, cuando una conserje se convierte en una persona pensante y amante de los libros, y cuando una niña de once años se convierte en un genio filosófico con pensamientos sorprendentes y profundos, su singularidad y la percepción que la gente tiene de ellos son incompatibles. Ante este mundo rígido y hostil, uno quiere esconderse y el otro quiere morir. Intentan escapar y abandonarlo todo. Detrás de todo esto, emerge el desamparo y la decepción con este mundo.

Construir un puente hacia mundos interiores ocultos pero conectados
La idea de soledad proviene del hecho de que no necesariamente uno se siente así, sino que se siente solo porque nadie más puede entender la belleza oculta en la profundidad de los pensamientos más internos. Sos vos, pero nadie te ve ni se preocupa por eso. En un mundo donde la gente interactúa constantemente, en el fondo, te sentís solo.
Por suerte, Renée y Paloma encontraron un puente para unir sus almas: el Sr. Ozu de Japón. En la película, la ceremonia japonesa del té, tan apreciada por los orientales, reemplaza la cultura occidental del café. Lo primero que hace Renée al despertar es preparar té en lugar de café, y cambia el tipo de té según su estado de ánimo. Me gusta la parte de la novela que describe la ceremonia del té oriental:
La ceremonia del té recrea a la perfección los mismos movimientos y degustaciones repetidas. Permite a las personas experimentar sentimientos que son a la vez simples y genuinos, además de elegantes. Con el mínimo gasto, la ceremonia del té libera a cada persona, permitiéndole convertirse en un aristócrata del gusto. Aunque el té es una bebida para los ricos, también lo es para los pobres. La ventaja especial de la ceremonia del té es que aporta una sensación de tranquilidad y armonía a nuestras vidas absurdas.

El carácter delicado y observador de los japoneses, que valoran los detalles en todo, coincide perfectamente con el carácter observador de Renée y Paloma. Con la aparición de Ozu, la distancia entre los dos se hace cada vez más estrecha y sus mundos, antes solitarios, se vuelven cada vez más amplios.
Cuando Renée, que estaba acostumbrada a ocultar sus verdaderas emociones, se larga a llorar delante de Paloma, yo también lloré. A los ojos de los demás, era una conserje común y corriente, pero tenía un mundo interior profundo y elegante como el de una mujer adinerada. A veces sentía emociones extremas: orgullo e inferioridad, deseo y resistencia. Aunque trataba de ocultar su singularidad, anhelaba que alguien realmente la viera como es. Sin embargo, una vez que la belleza se hizo real, temió que todo fuera solo un sueño. Paloma no dijo mucho pero se acercó a Haneke y la abrazó profundamente. Ese abrazo fue la demostración de comprensión sincera, que me conmovió hasta las lágrimas.

Ese abrazo sincero pareció mostrarles a su otro yo sonriéndole en el espejo, era como si alguien les dijera: "ella sabe que no sos lo que los demás ven, ella sabe que tu singularidad proviene de una sensibilidad innata. Le agradás no porque podés darle cualquier cosa sino porque le permitís ver la parte de sí misma que no puede ver. Son almas gemelas, abrazando la soledad profunda de la otra, y este profundo abrazo pone fin a los pensamientos negativos". Renée le hizo entender a Paloma lo más valioso: sólo apreciando cada paso de la vida podemos crear un capítulo extra, más allá del final, una sorpresa que ni siquiera Dios conoce. Sólo viviendo bien podremos tener la oportunidad de verlo.
Encontrar frecuencias comunes en un mundo que late
Lo más sorprendente de este mundo es que las personas a menudo se sienten solas porque los demás no las entienden, pero la única cura sigue estando en los demás. Creo que tal vez podamos mirar nuestro propio mundo desde una perspectiva diferente: cuando estamos completamente rodeados de personas que no nos entienden, no necesariamente tenemos que ser como un pez dorado atrapado en una pecera. A veces podemos correr riesgos, incluso si somos arrastrados a un mundo desconocido: mientras haya agua, la esperanza seguirá fluyendo. La vida que pensábamos que nunca cambiaría podría experimentar una posibilidad diferente.
Hacer una diferencia no significa nada si no se vive bien.
Todos somos erizos solitarios. Sólo las personas con frecuencias similares pueden ver la elegancia escondida en lo profundo de los demás. Creo que debe haber alguien en este mundo que pueda entendernos. Puede que esa persona no sea un amor, pero puede ser cualquiera, como ocurre en la relación amistosa entre Reneé y Paloma. En este mundo inmenso, ya no estamos solos: alguien precioso nos comprende.





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