"Thelma": la perspectiva lo es todo Spoilers

Hay algo profundamente satisfactorio cuando la primera línea de una película la dice un personaje irrelevante que, a la vez, cuenta la tesis de la narrativa. En Thelma el momento satisfactorio aparece recién en la segunda línea, dicha por un profesor que explica el concepto de la forma en la que se puede observar la matería tanto como una partícula o una onda, dependiendo de la forma en la que se la mida. Si bien puede parecer una forma sencilla de presentar el entorno universitario de la película, esta línea en realidad sugiere lo que debemos recordar para comprender la historia: la perspectiva lo es todo.

Para entender realmente lo que la película intenta comunicar, es importante observar cómo la historia explora el conocimiento y la falta del mismo. Al comienzo de la película, Thelma acaba de abandonar una comunidad rural conservadora para ir a la universidad en una gran ciudad. La premisa transmite una sensación de transición, y una gran parte de esa transición para Thelma es estar expuesta a otras formas de pensar y vivir que inevitablemente cambiarán su forma de ver el mundo. Al principio tiene dificultades, ya que toda su visión del mundo se basa en las estrictas creencias cristianas de sus padres, creencias de las que está orgullosa pero que la ponen en desacuerdo con la mayoría de sus compañeros de clase. Más tarde, muestra signos de cuestionar esa perspectiva y le dice a su padre que encuentra extraña la creencia en un mundo de 6000 años de antigüedad. Su padre, sin embargo, la reprende, recordándole su ignorancia y que nadie lo sabe todo. Este momento es un claro ejemplo de cómo Thelma aún interioriza la perspectiva de sus padres, pues luego la utiliza en una discusión con otro estudiante.

Thelma usando una cruz, la única cristiana visible en la habitación.
Thelma usando una cruz, la única cristiana visible en la habitación.

Irónicamente, el recordatorio del padre de Thelma de que ella no lo sabe todo finalmente la anima a comenzar a experimentar para aumentar su comprensión del mundo. Empieza a beber, a fumar e incluso besa a Anja; este último suceso va demasiado lejos, ya que es un hecho irreconciliable con la perspectiva homofóbica con la que creció. Al principio, llama a su padre para pedirle consejos, lo llama llorando para admitir su “mal comportamiento”, como si fuera una especie de confeccionario. Anja, sin embargo, hace que Thelma cuestione esta relación mientras discuten sus perspectivas sobre sus padres: Thelma ama al suyo a pesar del aparente abuso en su infancia, y Anja ha pasado de odiar a su padre a aceptarlo después de su ausencia. Entonces, cuando llama a su padre para confesar, queda claro que ya está empezando a alejarse de la dependencia de la perspectiva de su padre mientras le miente sobre el “pecado” que realmente cometió. Finalmente, comienza a desarrollar su propia visión del mundo independiente, una que se forma al aprender más sobre ella misma y la historia personal que se le ocultó.

Thelma, interpretada por Eili Harboe, y Anja, interpretada por Kaya Wilkins, compartiendo un beso que lo cambia todo.
Thelma, interpretada por Eili Harboe, y Anja, interpretada por Kaya Wilkins, compartiendo un beso que lo cambia todo.

Esta es la exploración más básica del conocimiento y la ignorancia en la película, que nos recuerda la libertad y el poder que se obtienen al explorar uno mismo y desarrollar una perspectiva propia. Más interesante, sin embargo, es lo que dice la película sobre cómo la perspectiva puede definir la realidad. Uno de los mejores momentos ocurre cuando Thelma fuma marihuana en una fiesta y alucina un encuentro sexual con Anja, después de besarse con ella pero antes de aceptar sus deseos. Pronto se revela que el cigarrillo que le dieron era completamente normal: ¿cómo, entonces, tuvo alucinaciones? La respuesta científica sería un caso extremo del efecto placebo, pero el significado detrás de esto es que lo que percibes se convierte en tu verdad y tu realidad. Para Thelma, la marihuana y el encuentro sexual fueron experiencias verdaderas y significativas aunque no lo fueran simplemente porque ella las percibía como reales. Su falta de conocimiento significaba que su perspectiva era errónea, pero aun así era fiel a ella.

Thelma fuma lo que luego descubre que era solo un cigarrillo normal.
Thelma fuma lo que luego descubre que era solo un cigarrillo normal.

La idea de la percepción como verdad es clave para la película porque muchos de los actos “malvados” de la historia se remontan a cuestiones de perspectiva. Thelma tiene poderes mágicos que le permiten controlar la realidad según sus deseos. Sin embargo, cuando hace que Anja desaparezca, no es su verdadero deseo, sino más bien la culpa de su perspectiva homofóbica que causa su conflicto interno. Esta perspectiva también fue el resultado de cómo sus padres percibieron sus poderes como peligrosos y malvados, lo que los llevó a adoctrinarla con ideas de estricto autocontrol cristiano. En lugar de enseñarle a Thelma cómo administrar sus poderes, la obligan a reprimirlos y, al hacerlo, sólo los hacen más peligrosos. Si hubieran cambiado su perspectiva para ver sus poderes como un regalo, podrían haber evitado muchos problemas. De hecho, cuando la muchacha investiga sus poderes, vemos que poderes como los suyos han sido percibidos de diversas maneras, los han considerado dones divinos, maldiciones demoníacas e incluso enfermedades histéricas a lo largo de la historia. Los poderes de Thelma no son intrínsecamente peligrosos, pero pueden serlo cuando se ven de esa manera. Sus padres decidieron verlos como malvados y, al hacerlo, manifestaron exactamente lo que temían.

Una de las imágenes que Thelma descubre durante su investigación, da a entender que en otra época podría haber sido una santa.
Una de las imágenes que Thelma descubre durante su investigación, da a entender que en otra época podría haber sido una santa.

En conjunto, Thelma no es sólo una película apasionante, sino que también invita a la reflexión, lo que nos hace preguntarnos cómo nuestras propias percepciones podrían influir también en nuestras realidades. Su última escena, sobre todo, plantea la cuestión de las verdades objetivas y subjetivas. Más que nada, nos recuerda que lo más importante que podemos hacer por nuestra propia felicidad y tranquilidad es seguir aprendiendo y creciendo, descubriendo el mundo por nosotros mismos para no terminar esclavos de las percepciones e ideologías de otros. En resumen, Thelma es un thriller totalmente recomendable, que aborda tenemas filosóficos, religiosos y muestra el crecimiento interno de su protagonista.

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