Marcelo se nos presenta mirando una paloma a los ojos, en un plano contraplano cercano. Son lo mismo, una paloma que no vuela y descansa en Puan. El personaje interpretado brillantemente por Subiotto ata su vida en la facultad, donde la teoría lo domina, con el horizonte eclipsado por las huellas dejadas por Eduardo, el ex titular de la cátedra recientemente fallecido. Esta falta de rumbo propio colisiona con 2 sucesos. El primero es la llegada del prominente profesor Sujarchuk desde Frankfurt, respaldado por una especie de prestigio, fama y capital que lo erige en el papel de profeta de la “palabra superior” de la filosofía europea, que llega a evangelizar el estancado programa de la universidad. El segundo suceso es sentarse arriba de un pañal sucio cuando se estaba quejando de su rival. Se levanta despavorido y comienza a intentar limpiarse a toda costa, incluso usando apuntes de teoría como papel higiénico. Hasta el momento que Marcelo no se cambió de pantalón en la siguiente secuencia, no dejó de moverse, hablando o sin hablar, yendo del auto al baño, del baño a la habitación. Esta simple acción-reacción del personaje plantea la idea que atraviesa toda su vida y la película misma: Pasar del hablar al accionar.
La vida de Marcelo está atravesada por miles de complejidades académicas, contextuales y personales. Estas situaciones son los choques que mantienen a la persona en movimiento, existiendo. Marcelo es mientras existe, y existe en medida que se mueve, que acciona. Es la misma aspereza del contexto quien obliga al pensador a no pensar, a moverse, a actuar en base a la problemática.
Marcelo Subiotto logra personificar brillantemente con pequeñas gestualidades en el rostro la desampares que sufre el personaje al ser “abandonado” por su guía, Eduardo. En cada momento que se lo convoca, ya sea en las reuniones o las charlas con sus allegados, notamos la misma mirada “a la nada” que tenía Marcelo mirando a la paloma. Sin embargo, siempre es el conflicto lo que lo empuja. Un pañal sucio, Rafaél, ser ignorado en su “show” de filosofía llevan al protagonista a moverse, a actuar en consecuencia sin quedarse pensando como en las clases de Amelia, mientras ella está dormida. Subiotto despierta en la actuación un espíritu mimético de la expresión del movimiento que nos hace recordar a Chaplin o Keaton. Justamente sería Chaplin quien diría que los actores saben que el ojo negro de la cámara no registra las palabras que dicen, sino las emociones y los pensamientos transmutados en el movimiento de sus cuerpos, el alfabeto del cuerpo, la poesía de los gestos. Podríamos decir, pensando en la escena final, que el personaje de Marcelo logra pensar, hacer filosofía, poniendo el cuerpo en la protesta, en el choque por defender aquello que lo identifica, que define su ser.
Subyugado por este idioma de gestualidades, la cámara y el montaje acompañan los movimientos como la música de un baile. Las películas que los actores marcan el compás tienden a no mostrar de más pero tampoco de menos, siguen la narración y a los sujetos de forma que tienen la libertad de hablar y explayarse, ser los protagonistas. Es la banda quien debe seguir al bailarín estrella. La dirección de fotografía, de sonido, de arte y montaje priman el contenido de la imagen a la forma de expresión de la misma.
Sin embargo, existe solo un momento en la agitada movilidad de la imagen que se queda quieta, independiente a Marcelo. Antes de dar su clase de evaluación para la cátedra, lo vemos como el sale de campo por el lado derecho, pero la imagen sigue fija. En un fondo desenfocado vemos las imágenes de desaparecidos, es la primera y última vez que la cámara hablará directamente. Un acto de rebeldía sobre la rebeldía misma de la obra de Alché y Naishtat. pero aunque este pequeño acto haya sido maravilloso, se nos torna breve y ocasional.
Es inevitable destacar la actualidad de la historia. La emergencia del contexto que empujó a la universidad de la película no distan demasiado de un posible futuro actual. Es por eso que Puan es la toma de acción de María Alché, Benjamín Naishtat y un muy inquieto Subiotto con su cuarto papel del año.
Marcelo no dejará de ver las palomas anidando en Puan, pero es gracias a eso que Marcelo, ahora, vuela. A nosotros aún nos falta dar el salto.
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