Crimes of the Future: la vida posthumana Spoilers

Crimes of the future y el género body-horror - Chelsea Hotel Mag

Crimes of the Future: la vida posthumana

David Cronenberg es, sin lugar a duda, una de las figuras elementales del género terror. De hecho, no pocos están de acuerdo en que es su piedra angular. Sin él, el cine de género jamás habría tenido la posibilidad de escarbarse a sí mismo en busca de respuestas que satisfagan sus inquietantes preguntas filosóficas. Mientras John Carpenter, Tobe Hooper y Brian de Palma examinaban el sentido de la vida y la muerte en monstruos mórbidos, asesinos con motosierras y adolescentes paranormales, Cronenberg centró su material de análisis en la parte más intrínseca del ser humano: su propio cuerpo.

Esta matriz temática es la única constante en su filmografía. A partir de dicha premisa, el director canadiense supo adaptar, con total soltura, el debate sobre los físicos a toda clase de entornos, desde una máquina de teletransportación hasta una señal de televisión clandestina y sádica. De principio a fin, su obra quiere explorar, argumentar y probar que el gran exterminador del ser humano es aquel gestado desde sus propias sus entrañas. Un engendro infeccioso, fruto de la interacción con un mundo alterado por las tecnologías, la ciencia y las enfermedades.

Su última película, Crimes of the Future, indaga a fondo en la cuestión corporal y agrega la del futuro del arte. Porque es el arte lo único que nos quedará cuando el mundo se termine. Así lo entienden Saul Tenser y Caprice, dos artistas performativos que habitan un futuro donde la irresponsabilidad del ser humano causó desastres irreversibles en el funcionamiento de los cuerpos. Allí, las personas deben ser asistidas por máquinas para llevar a cabo acciones básicas como comer o dormir. Caprice encuentra, en uno de estos dispositivos, la posibilidad de realizar arte corporal (para el espectador, body horror), y manipula el cuerpo de Saul Tenser como canvas.

La historia interpretada por Viggo Mortensen y Léa Seydoux suscitó, como toda buena película de David Cronenberg, dudas acuciantes acerca de lo que las próximas décadas le depararán a nuestro planeta. Entre la variedad de temas que la película estudia, el dolor y la post humanidad son los que aportan claves cruciales para comprender dónde nos dirigimos como especie. Lamentablemente, los crímenes del futuro pueden no estar tan lejos en el tiempo como creemos.

Crítica: «Crimes of the Future»: el cuerpo es realidad - CorreCamara.com.mx

El padecimiento

El dolor es el eje central de la existencia entera. La medicina, la poesía, el deporte, la comida, la música, la psicología. Cada uno de los inventos del hombre se relacionan transversalmente con el dolor de una u otra forma. En la mayoría de los casos, busca eliminarlo o, por lo menos, disiparlo. Sin embargo, en estos últimos tiempos en los que tenemos todo al alcance de la mano, la experiencia del sufrimiento suma adeptos con una rapidez exponencial. Probablemente, porque el dolor es uno de los pocos sentires que solo pueden alcanzarse mediante un causante extranormal, fuera de la cotidianeidad y el sopor del día a día. En una realidad donde el ser humano ya alcanzó la cúspide del saber, el dolor es una extrañeza que aún no ha sido desglosada por completo.

Crimes of the Future entiende el sufrimiento físico como el nuevo arte. En el mundo creado por David Cronenberg, la rebelión del cuerpo ante estímulos que lo lesionan se exhibe en contextos culturales similares a nuestros museos más reconocidos, si estos últimos fuesen abandonados por la actividad humana. Allí, cuanto más mórbido y espontáneo resulte el despliegue artístico, más pasional será la catarsis de los espectadores y su aprecio por la obra. El artista debe entregarse en cuerpo y alma a la experiencia estética, que le devolverá el conmovedor título de humano en una distopía dominada por la raza que lo creó todo y, al mismo tiempo, se extinguió a sí misma.

El acto de Caprice y Saul Tenser es el más rupturista dentro del circuito artístico en el que se desarrolla la historia. Caprice resignifica el dolor asociado a una máquina creada para realizar cirugías al emplear el artefacto con fines artísticos y sentimentales. Saul, por su parte, oficia del canvas vivo en el que su compañera experimenta con su afiladísimo “pincel”. De esta manera, su performance expone la idea de que el cuerpo humano y el arte se hibridan en creaciones vivas, cambiantes e inciertas, en contraste con la cotidianeidad monótona de un mundo donde ya nada existe.

Crímenes del futuro”, el regreso de David Cronenberg a la pantalla grande

El exterminador exterminado

Una vez más, David Cronenberg se pregunta qué será de la humanidad cuando se encuentre frente a frente con su faceta de destrucción final. Cuando, luego de haber arrasado con todo, se proponga finalizar la existencia de su propia especie. En Crimes of the Future, el director teoriza que el exterminio no concluirá en la eliminación total del ser humano. Todo lo contrario, este sobrevivirá a través de la adversidad y desarrollará nuevas características que le permitan existir en el peor de los entornos, como explicó hace tiempo Charles Darwin. La teoría de renombrado naturalista se hace palpable cuando, apenas transcurridos unos minutos de la película, la cámara se enfoca en un niño que come plástico sin ningún tipo de inconveniente.

El cineasta canadiense posee una habilidad admirable para idear escenarios que son tanto distópicos como comunes en la realidad no ficcional. Sin ir más lejos, nuestros alimentos se benefician de todos los cambios químicos que la tecnología puede ofrecerles, aun si eso conlleva un daño visceral para el estómago a largo plazo. Hasta la más sana de las comidas está conformada por sustancias que retrasan su vencimiento, le permiten agrandarse en tamaños inconcebibles y le dan la seguridad de sobrevivir al calor o al frío extremos.

Para llegar al punto de concebir un niño que puede digerir un cesto de basura como si fuese una fruta, la sociedad de Crimes of The Future no partió de un punto únicamente posible en la ciencia ficción cronenbergiana. Sin ir más lejos, es donde nosotros nos encontramos hoy día: en la necesidad de controlarlo todo. Intentamos subsumir la vida misma a nuestros pies e, igual que Caprice y Saul Tenser, creemos ver los resultados en una tecnología que se adecua a todas nuestras necesidades y las respuestas “positivas” de nuestros cuerpos a cada experimento científico o clínico. Pero, cuando las máquinas quiebran su modus operandi y nos lastiman, o el cuerpo revela algún síntoma de contrariedad, experimentamos ese miedo a lo desconocido que nos acompaña desde la era de las cavernas, por mucho que queramos negar aquellos orígenes primigenios.

Crimes of the Future marcó el regreso de David Cronenberg a la ciencia ficción pura luego de diez años de inactividad en el género. Para tal ocasión, el director no hizo uso de la vulneración extrema del cuerpo que sabe manejar con maestría, como demostró en el caso de The Fly o Shivers. Al contrario, ejecuta una película mesurada que, a pesar del carácter distópico y lejano de su trama, entre líneas se deja leer como un reflejo nítido de la sociedad contemporánea. Su cine siempre ofrece la posibilidad de abstraerse a través de los imaginarios propios de la fantasía, pero se cuida de mantener al espectador con los pies en la tierra.

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