Un Invento sin futuro? Titane, la gran propuesta francesa que se llevo todas las miradas en el 2021 

Utilizando la oración del título en forma enunciativa, los hermanos Lumiere se refirieron a fines del siglo XIX al cinematógrafo un invento al que utilizaban más que nada para mostrar sus fábricas, sus empleados o sus familias, lejos estaban de imaginarse el inicio de una industria gigante, de una nueva forma de arte y de lo que en mi opinión es lo más importante de todo: la creación del lenguaje cinematográfico que empezó a ser explotado por D.W Griffith y que hoy en día está cada vez más en desuso.

El poco uso de este lenguaje hace que sea cada vez más difícil y a su vez poco interesante hablar sobre una película cuando la vara se va corriendo cada vez más para abajo por los paradigmas reinantes hoy en día en la industria del cine (también llamado cine de superhéroes). Pero como ya ha pasado antes cuando Hollywood se encuentra en un estado pobre en cuanto a ideas se trata, hay que recurrir a otras latitudes para encontrar obras que nos interpelen y nos ofrezcan algo más que una mera excusa para sentarnos frente a una pantalla. Y una vez más Francia termina siendo el hogar de un cine autor muy interesante como ya lo fue en los 60s con la Novelle Vague y también en menor grado de la primer década de los 2000 con el extremismo francés.

Pero ya es hora de hablar de la película que nos convoca que es ni más menos que Titane la ganadora de la Palma de Oro en Cannes en el año 2021 y el ultimo film de Julia Ducourneau, una directora francesa que tuvo un debut cinematográfico increíble en 2016 con Raw que revivía el body horror creado y explotado por el maestro canadiense David Cronenberg. En Titane sigue explorando ese género con la historia de una joven llamada Alexia (Agathe Rouselle) que tuvo un accidente automovilístico en su infancia y que a medida que va creciendo va a generar un vínculo tan exótico como violento con los autos y también con las personas, por otra parte la historia de Vincent (Vincent Lindon), un padre que perdió a su hijo Adrien hace más de diez años y cuya vida se encuentra en un limbo de sufrimiento interminable observa como la vuelta de ese hijo no será para nada lo que espera.

Ducourneau una vez más disfraza una película de terror para contar una historia sobre vínculos familiares, en Raw fue el de dos hermanas y su designio familiar por decirlo en pocas palabras, y aquí toma como referencia el vínculo padre - hijo/a, ya desde la primer escena con el accidente automovilístico y su desencadenante que no es otro que la inconformidad de la niña frente a las acciones de su padre contra ella, que nunca se nos muestran cuales son pero son insinuadas de manera muy elocuentes. Pero también nos muestra la otra cara de la moneda con un padre desorbitado por encontrar a su hijo perdido hace varios años y que una vez que lo encuentra formara un vínculo muy singular que servirá para unir a dos personajes en una relación cien por cien simbiótica.

Siguiendo el paralelismo con Raw y también con su corto del 2011 Junior (ambos protagonizados por Garance Marillier su actriz fetiche ya podríamos decir) , Ducourneau nos muestra digamos el recorrido de la transformación de su protagonista principal ya sea de en su forma física como en su personalidad, en Junior como un coming of age en donde una joven vive los cambio ocasionados por la pubertad en el inicio de la secundaria como si fuese la metamorfosis en un monstruo; en Raw donde Justine una joven vegetariana come carne por primera vez en su primer día de facultad y eso ocasiona una obsesión voraz carnívora; y por supuesto en Titane nos muestra como Alexia va mutando debido a su relación con las maquinas. En las tres obras nos muestra a los personajes femeninos preocupados por no encajar con la perfección que exige la sociedad, en un estado casi de desesperación por esa falta o condición singular que padecen y que los hace distinto a todos. Obviamente esto es llevado al extremo por Ducourneau pero igual es muy interesante el modo en el que se nos exponen estas cuestiones en sus largometrajes que no son difíciles de ver porque tienen un ritmo y un aspecto visual impecables, pero sí de sentir. Que existan artistas que busquen causar sensaciones en los espectadores los convierten en esos de los que siempre esperamos con ansias sus próximos proyectos, y nos convierten por momentos en autoristas en vez de peliculistas.

Voy a seleccionar dos secuencias que me maravillaron y ambas tienen como acto general el de un baile, en la primera Alexia ingresa en lo que parece es un mundillo de autos tunnings y bailarinas pero lo genial es que en ningun momento vemos un cartel o un personaje que nos describa el lugar o la situación, la sola secuencia de baile nos hace entender a la perfección de que se trata todo ese mundo y que función se le asigna a cada componente que forma parte de un todo acompañado por la canción Doing to the Death de la banda estadounidense The Kills.

La otra secuencia sucede en un cuartel de bomberos y vemos al personaje de Adrien bailando en el techo de un camión en una especie de fiesta electrónica en un cuartel de bomberos con una estética y un soundtrack muy al estilo de Climax de Gaspar Noé (que por cierto también es una película francesa). En ambas secuencias sumada a varias escenas en donde Vincent se inyecta anabólicos, la directora utiliza los cuerpos de los personajes como espacios narrativos, Alexia como esa joven que supero los traumas del accidente y se convierte en la principal atracción del evento de autos; Adrien ese joven tímido que no habla pero que en la fiesta en el cuartel se desnuda para demostrar su cuerpo y por tanto los efectos que su vida tuvo en él; y Vincent que se inyecta todo tipo de anabólicos para detener el paso del tiempo en espera de ese hijo perdido para que cuando este aparezca no dude en reconocer a su padre.

La directora francesa en una entrevista con el podcast Reel Blend define a su película como “una montaña rusa emocional” y que el inicio es el pico máximo pero con el correr del metraje la marcha va desacelerando llegando a un vacío, y la verdad comparto totalmente esa descripción, porque si bien no estoy de acuerdo con dividir las películas en partes porque son un todo en si mismo, sin embargo en la primer media hora estamos en presencia de un slasher pero una vez que Alexia llega a la comisaría (seria lo que los guionistas llaman el plot point), inicia una historia mucho más íntima y hasta telenovelezca. Titane es tan particular que si narramos todos los sucesos como en una línea del tiempo van a carecer de todo sentido, pero viendo el film todo se encuentra en orden en esa especie de agujero negro. Esa es la magia del cine no tengo la menor dudas, por eso quizás Titane nunca hubiese triunfado como un producto literario y por lo tanto sea un animal bien cinematográfico dependiente de la imaginería visual de un cineasta.

Para responder a la pregunta del título y no intentar generar nada parecido al clickbate, creo que el cine tiene futuro mientras sigamos existiendo los espectadores que no busquemos respuestas sino preguntas, que no busquemos reducir la experiencia a “la veo en el sillón de mi casa”, que nos quedemos con nuestros puntos de vista sin depender de la reseña o explicación de un video de You Tube, que nos adentremos en el mundo que se nos expone y después nos cueste abstraernos de él, que busquemos reveer en vez de siempre intentar rastrear la novedad, que nos preocupe más el como que el contenido, que busquemos obras que nos provoquen y nos incomoden; siempre que existan algunas de estas razones el cine va a seguir existiendo como esa puerta a otro mundo y como unas de las formas del arte más cercana al ser humano.

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