La película más nominada en los Premios Goya 2024 - 20.000 especies de abejas, Ópera prima de Estíbaliz Urresola  

«¿Por qué tú puedes saber quién eres y yo no? Quiero que me llames Lucía»

Como habréis podido leer en el resto de mis artículos, siento cierta fascinación -y también admiración- por las mujeres que hacen y dirigen cine. No sé qué cambia en la mirada, si es que cambia algo, o es la elección de las temáticas y su tratamiento lo que me hacen empatizar con las historias de manera más cercana. La creación de productos audiovisuales por parte de mujeres en España está creciendo considerablemente en los últimos años, y creo que este es el espacio perfecto para recopilar todos sus bellos trabajos.

Desde que vi en el sofá de mi casa Estiu 1993, ganadora de la Mejor Ópera Prima en la Sección oficial de la Berlinale (67ª edición), sentí una fascinación por el trabajo de Carla Simón, a su vez que una admiración profunda por aquellas que son las primeras películas de una cineasta. El cine de Carla Simón tiene mucho que ver con la película de hoy, sin ser suya. Y es que es la misma productora, Inicia Films, la que construye el equipo de la también ópera prima de Estíbaliz Urresola: 20.000 especies de abejas. ¿Por qué hablar de esta en el artículo de hoy? Por el gran motivo de sus infinitas nominaciones en la próxima edición de los Premios Goya 2024, nada menos que 15.

Mejor PelículaMejor Dirección NovelMejor Guión
Mejor Dirección de FotografíaMejor MontajeMejor Actriz Protagonista -Patricia Lopez Arnaiz
Mejor Dirección de ProducciónMejor MaquillajeMejor Actriz de Reparto - Anne Gabarain
Mejores Efectos EspecialesMejor Diseño de VestuarioMejor Actriz de Reparto - Itziar lazkano
Mejor SonidoMejor Dirección de ArteMejor Actriz de Reparto - Martxelo Rubio

Wow, qué decir. -Aún así, volveré para hablar del trabajo de Carla Simón, no se me olvida-.

«Hay algo así en la ópera prima que lo hace muy especial porque en este caso es eso, es un proyecto que ha tenido una elaboración de mucho tiempo, está muy trabajado el guión, eso se nota muchísimo y, cuando arrancas ya con eso, ya sabes que va a ser una experiencia… Es una experiencia de placer, ¿no?» (Patricia López Arnaiz, El cine en la Ser)

20.000 especies de abejas es una coproducción vasco-catalana, estrenada este año 2023. Siguiendo la estela de Simón, la película fue seleccionada para su estreno en la 73ª edición de Berlinale y Sofía Otero, la actriz que encarna el papel protagónico de Lucía, fue la ganadora del Oso de Plata a Mejor Interpretación Protagonista. Empezamos fuerte y no vamos a bajarnos de aquí.

La trama, ¿un pretexto?

20.000 especies de abejas es un viaje. Un viaje a nivel físico, pero también sentimental. Pues la familia, de residencia habitual en Baiona y de raíces, alma y corazón, en un pueblo situado en lo que parece la zona vizcaína del País Vasco, emprende una escapada a este pueblo con motivo del bautismo de un sobrino/primo. El viaje supone un cambio de mirada, de introspección al volver a encontrarse con los recuerdos pasados y los nuevos escenarios a los que nadie se ha enfrentado antes. «Es una frontera geográfica y una frontera mental, que habla de las dificultades que tenemos para superar ciertas creencias de nosotros mismos y de las personas que tenemos delante», dice Esti Urresola.

¿Es la trama un mero pretexto para el drama? Podríamos hablar de esto en muchas de las partes del guión, sí, cuando queriendo decir una cosa, los personajes hacen continuas referencias a metáforas para hablar desde otro lugar. Rodean el conflicto, la causa, y lo hace en la mayoría de ocasiones la propia Lucía, en un intento por entender qué le sucede y por qué siente lo que siente. Lo vemos en la conversación de la vergüenza, cuando le dice a su madre que son sus dedos de los pies los que le impiden ir a la piscina. Lo vemos en la búsqueda del Santo por el río, cuando estando el foco en ella (tema que luego trataremos), pregunta:

«¿Qué es fe»

«Es una convicción de algo en lo que crees, eso es. La fe va más allá de lo que pueden ver nuestros ojos físicos. Es algo que tenemos aquí dentro, ¿me entiendes?»

El título de la película es parte también de la sutileza y poeticidad de esta pieza, surgiendo del vínculo entre su tía, ella y los panales. Esta relación conduce de forma brillante el sentimiento de cobijo que busca Lucía, por el hecho de sentirse parte de algo enorme, y de la variedad que podemos encontrar dentro. Sirve de casa y refugio de poco en poco, y se vuelve a ellas para hacer un símil entre las funciones de las abejas y los miembros de la familia. Conduce la película desde el inicio y desencadena en el final más redondo y bello que Estíbaliz Urresola podría imaginar: presentando su nueva identidad ante ellas.

Refugio de la tíay sobrina.

Pero, a mis ojos, sería más correcto decir que la propia trama es el drama. Nos habla de la búsqueda de la propia identidad y la aceptación de lo que somos -y queremos dejar de ser-. El conflicto principal se centra en Lucía, una niña trans que lucha contra el juicio externo, al mismo tiempo que trata de comprender qué es lo que le pasa. No surge según avanza una historia principal, esta es la historia principal. Y el resto se articulan en torno a ella. Una vez esta se presenta, la trama se parte en dos vertientes: la búsqueda de un Santo que se ha perdido y la tía trata de buscar, como ya lo hizo una vez y apareció sin esperar en el río. Una escultura, «una imagen», como le dicen, en la que Lucía va a encontrar casa y refugio junto a su tía. Y la de la madre, una madre de tres hermanos, Nerea - Eneko - Lucía/Cocó/Aitor, que también busca evadirse, encerrándose en el taller a intentar reconstruir una colección de figuras de gran valor sentimental.

En esta película, las relaciones de la familia se agrupan en binomios; se construyen por oposición, como es el caso de Ane y su madre, en lucha por la obra y patrimonio de su padre; y por afinidad, como con Lucía y su tía, o Nerea y su ama Ane. Los personajes buscan apoyo, casa, cobijo, los unos en los otros, articulando una situación familiar emocional y económica delicada. Esto se traduce en escenas íntimas, a dos, que trabajan por enseñar al espectador las relaciones internas y complejizan aún más el conflicto principal. En este sentido, el miedo y la inseguridad que a Lucía le genera ir a la piscina al incio de la película, se esfuma a medida que la relación con su tía avanza, y solo podía suceder con ella. Así, Lucía encuentra un camino para indagar en lo que siente. Y es en esta parte de la familia, en el lado de la tía, de la trama con las abejas, de la amiga que conoce, donde supongo que como yo, ningún espectador se podría imaginar a Lucía en otro sitio más que en ese, avanzar así.

Para conseguir esta intimidad, antes de comenzar el rodaje, Estíbaliz Urresola apostó por un intenso y profundo proceso de ensayos. Sobre esto dice Patricia López Arnaiz, actriz que interpreta a Ane, la madre: «La clave ha sido toda esta parte de ensayos que para mí ha sido maravilloso porque yo he llegado a rodaje totalmente habitada por este personaje. Era como, podemos hacer esta película u otra, pero yo ya voy a ser Ane. Creo que todos los personajes estábamos totalmente preparados para ser estas personas en cualquier situación. Ha sido un reto, un aprendizaje y un disfrute. He encontrado este código naturalista gracias a toda esa preparación y toda la carga que traíamos, es un ejercicio deleitodo, ¿sabes? Creo que una de las virtudes de esta película es la veracidad que se ve en todo el reparto (…) lo ves en los matices pequeños, desde otra propuesta de trabajo, o si no, no alcanzas a ver esas sutilezas tan de la vida, tan de verdad».

Madre, abuela, tía y los tres hermanos. Analógica del rodaje.

El origen vasco-catalán de esta coproducción tiene influencia en la construcción trilingüe de la historia. Los personajes dialogan y alternan el euskera, el castellano y el francés, debido a su origen. Y es este el motivo por el cual resulta tan natural. Es más, yo no había hecho un pensamiento consciente hasta este tercer visionado para escribir la reseña. Los personajes saltan de un idioma a otro dependiendo de la persona con la que estén interactuando, y resulta conmovedor, ver cómo el idioma tiene una función empática, ya que todo lo vinculado con la vivencia emocional, lo próximo al corazón, la amiga que hace Lucía cerca del panal de abejas, la relación con su tía, suceden en euskera. Me recuerda por el símil con la alternancia de los idiomas a Call me by your name, de este tipo de naturalidad estoy hablando. Recomiendo encarecidamente verla, si pueden, en versión original.

Lucía, foco en ella también a nivel técnico

El conflicto de Lucía se va articulando poco a poco, de forma sutil pero sin ser escondido en absoluto. Rasgos como la inconformidad con su nombre (que desencadena una de las escenas más impactantes de toda la película, la del bosque), o las referencias constantes a su físico, en específico a su pelo, delatan de forma contenida la vivencia de Lucía. Es este idioma veraz el que creo que nos atrapa desde el inicio, el sufrimiento y la necesidad de ser escuchada que transmite. Esto sucede gracias a generar la trama principal en ella, claro está, pero también gracias a la construcción de un guión ajustado, sin ser en absoluto explicativo ni explícito, y a su vez, a la utilización del foco, del encuadre constante en ella.

«Nik ez daukat izenik»

«Yo no tengo nombre»

«Izenik ez duena, ez da existitzen, baina zu existitzen zara. Beraz, hasi lehenbailehen izen bat pentsatzen»

«Lo que no tiene nombre, no existe, pero tu existes. Así que empieza lo antes posible a pensar en uno»

«Nire benetako izena Lucía da»

«Mi nombre real es Lucia»

Independientemente de cuál sea el conflicto, el suceso o la actividad que este ocurriendo en la historia, gran parte de las escenas se construyen desde la mirada de Lucía. Planos fijos que la encuadran mientras que fuera de estos, la acción sigue y la conversación avanza. Esti Urresola consigue así que miremos todas y cada una de las situaciones desde sus ojos, que entendamos las palabras desde su vivencia, lo que resulta más emocionante -y abrumador en algunas ocasiones- si cabe. Esta intimidad se incrementa cuando además, la cámara captura momentos que solo comparten la protagonista y el espectador - como cuando en la hoguera, Lucía se escapa a hacer pis-.

Son innumerables los sucesos en los que el foco permanece fijo en ella y la conversación se da fuera de plano: nada más llegar al pueblo en la celebración de la hoguera, por ejemplo. Pero me gustaría recalcar aquel en el que, volviendo de un paseo, la tía se encuentra con sus amigas y, estando el foco en Lucía, tienen una pequeña conversación sobre lo rápido que crecen los niños: «Disfruta de ella», dice una de las amigas. «De él, de él…», responde la tía.

«Eneko, ¿tú crees que cuando estaba en la tripa de ama, algo salió mal?» (Lucía)

«Más allá de la cuestión reproductiva u hormonal», el tema de la identidad «solo lo puede narrar uno mismo y los demás «solo podemos escuchar y respetar», dice en un portal de entrevistas. Es quizás este el motivo detrás de la utilización del encuadre centrado en la joven. Estíbaliz Urresola construye 20.000 especies de abejas a raíz de entrevistas con miembros de Naizen, la Asociación de Familias de Menores Trans del País Vasco y hace un canto, un ejercicio en favor de la diversidad, del respeto, de la escucha propia y la externa también.

«Veo el cine como una herramienta de transformación social», dice la directora.

El próximo 10 de febrero será la celebración de la gala de los Premios Goya 2024. Si continúa por el mismo merecido y premiado camino desde su estreno, veremos con suerte a parte del equipo recogiendo el cabezón. Mientras tanto, la tienen disponible en Movistar. No la dejen pasar.

Nahia Sillero.

*Fotos de Laia Lluch para la revista Conde Nast Traveler

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