
Historia de lo Oculto: ciencia ficción en Argentina y sobre Argentina
Aunque la ciencia ficción supo generar historias de todo tipo, sus ideas grandilocuentes siempre resaltaron por sobre el resto. Al revisar la cronología cinematográfica del género, cualquiera diría que sus hitos más significativos son Star Wars, Alien y Blade Runner, junto a otras películas sobre galaxias lejanas, peleas intergalácticas, ciudades tomadas por el cyberpunk y monstruos inconcebibles que habitan planetas deshabitados. En la otra cara de la moneda, existen producciones que no consideran a la ciencia ficción como una obligación a destruir un mundo o crearlo desde cero, sino que la inmiscuyen en la cotidianeidad normativa. Así, aparecen tramas que se intercalan con elementos de nuestro presente inalterado e impactan, justamente, por desarrollarse en la realidad, y no en un universo situado a miles de años luz.
Es por eso que, cuando conversamos sobre el futuro y lo relacionamos al cine, debatimos películas como Her, y no productos cuyos personajes están alejados de nuestro tiempo y espacio. En un presente donde las nuevas tecnologías son una preocupante extensión de nuestras identidades, la ciencia ficción contemporánea no necesita construir alienígenas devoradores de agujeros negros para retratar tiempos desoladores. Mucho más cerca de lo que creemos, pueden encontrarse un sinfín de elementos capaces de servir como puntapiés para confeccionar relatos distópicos.
Eso comprendió Cristian Ponce, director argentino que, en 2017, recibió excelentes críticas por su serie web La frecuencia Kirlian, sobre una radio de trasnoche paranormal situada en el interior de la provincia de Buenos Aires. Capítulo a capítulo, iba evidenciándose que Ponce detentaba una habilidad magistral para manipular el abanico de posibilidades que ofrece la Argentina como espacio del terror y la ciencia ficción. Volvería a demostrar su asertividad tres años después con Historia de lo Oculto, una película sobre un grupo de periodistas organizado para demostrar que el presidente de la nación es un poderoso brujo.
En aquella Argentina, corre el año 1987 y el país es gobernado por Belasco, un hombre que parece haber llegado al poder mediante estrategias poco lícitas. El equipo periodístico detrás del programa 60 minutos antes de la medianoche descubre que dicho camino a la presidencia podría haber sido potenciado por un aquelarre y, por haber llegado a esta peligrosa conclusión, será forzado a retirarse del canal. Para la última emisión del programa, el grupo urdirá un complejísimo plan para revelar la verdad, incluso a costa de sus propias vidas.

La delimitación de un mundo propio
En el cine de ciencia ficción cercano a la realidad que analizamos al principio, la cuestión primordial es recortar con exactitud las porciones de tiempo y espacio comunes en los que va a colarse el elemento ficcional. Cuanto más cotidiano sea dicho fragmento de existencia, mejores son las posibilidades de crear un gran impacto en el espectador. Historia de lo Oculto parte de una base como cualquier otra: Argentina a fines de los ochenta. Sin embargo, no tardan en aparecer ciertas irregularidades en la diégesis que pronostican verdades impensadas.
Por ejemplo, vemos un aviso de televisión que publicita a las Islas Malvinas como un hermoso rincón argentino para los turistas cuando, en realidad, Inglaterra se apropió de ellas en 1982. También se menciona que The Exorcist fue protagonizada por la actriz argentina Andrea del Boca, y que Mariana Enríquez ya había escrito su famosa colección de cuentos Las cosas que perdimos en el fuego. Estos textos no solo fueron publicados en el 2019, sino que la primera obra de Enríquez data de 1995, casi diez años después del momento en el que se desarrolla la trama de Historia de lo Oculto. Sí, los personajes se mueven en la Argentina de 1987. Pero no en la que nosotros conocemos.
Los periodistas de 60 minutos antes de la medianoche creen que la llave para esclarecer el misterio está puesta en las manos de Adrián Marcato, brujo y líder de una secta del fin del mundo, y deciden llevarlo como invitado al programa. Al principio, nadie se toma en serio los delirios del enigmático personaje. Pero, a medida que la emisión se desarrolla, sus dichos despiertan sentimientos de déjà vu en las mentes de los espectadores. Mientras Marcato explica sus creencias esotéricas sobre el devenir del país, los minutos comienzan a sonar como los segundos de una bomba de tiempo, y los integrantes del equipo periodístico se dan cuenta de que ellos tampoco conocen la Argentina en la que están parados.
Mediante esta delimitación ambivalente del mundo, Cristian Ponce establece una realidad tanto concreta como abstracta. Teje una Buenos Aires idéntica a la nuestra, pero que experimenta fisuras indicadoras de su artificialidad. Historia de lo oculto lleva adelante un proceso mucho más significativo que la mera inyección de ficción en la cotidianeidad. El director altera la cotidianeidad misma para que sea ficcional de por sí. Entonces, los personajes experimentan el famoso miedo primigenio a que todo lo que nos rodea sea una simulación, y comprenden la imposibilidad de dimensionar los males venideros. Porque no tienen una verdad absoluta a la cual aferrarse.

Los monstruos de lo inconcebible
Cuando el caos cubre por completo la trama, Cristian Ponce vuelve a acertar y suma terror cósmico a la ecuación desesperante. A partir de ahí, lo que la mente de los periodistas falla en conceptualizar no refiere solo a las dudas sobre cuál es la realidad que habitan. También significa no alcanzar a imaginar los entes monstruosos que mueven los hilos del mundo.
De tanto en tanto, los vislumbran apenas un poco. Incluso al inicio, cuando el mundo en el que viven parece el mismo de siempre y ellos maquinan su plan en una casa de Melián, perciben a los monstruos en las sombras de las habitaciones, en los árboles que cubren el patio y en el timbre que suena insistentemente. Los personajes eligen ignorarlos. Pero, a medida que el programa se acerca a su hora final, contactarse con lo inconcebible parece ser la única manera de alcanzar la verdad.
Quizá sea esta la propuesta de la ciencia ficción cercana. Primero, darnos a entender que, por mucho que creamos conocer nuestro día a día, siempre existirán elementos de su construcción que escaparán de nuestro control. En dichas situaciones, lo más conveniente para estar a salvo sería abandonar el impulso humano de dominar todos los saberes, y aceptar que existe algo más grande que nosotros. O, como en el caso de los periodistas, luchar por desenterrar la verdad a toda costa y verse cara a cara con el universo mismo y sus crudas verdades. Ya lo había planteado Morfeo en Matrix con la píldora roja y la píldora azul. Develar los secretos del mundo resulta una revelación liberadora hasta que, gracias a ella, quien alcanza la amplitud de conciencia se condena al ver con sus propios ojos la realidad funesta del mundo que creía “libre”.
Historia de lo Oculto reflexiona acerca de la historia argentina utilizando a la ciencia ficción como una metáfora. Mediante el establecimiento de existencias alternativas, brujos corporativos, retazos de fisuras en la cotidianeidad y rituales para ver más allá de los límites humanos, Cristian Ponce motiva a los personajes a que reconstruyan el rompecabezas de lo que les fue arrebatado sin su consentimiento por los que están en el poder. Para lograrlo, ellos deberán abrirse a la naturaleza de lo oculto y dejar de lado cualquier tipo de análisis factual y/o periodístico, antes de que sea demasiado tarde.



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