La experiencia universal del duelo se manifiesta cuando nos enfrentamos a la ausencia de algo significativo en nuestras vidas. Ya sea por la muerte de un ser querido, la pérdida de empleo, el fin de una relación o cualquier cambio sustancial que nos obliga a adaptarnos a una nueva realidad, este proceso, a menudo subestimado en su complejidad, es el tema central de la reciente película "Good Grief" (2024), o "La vida sigue", una traducción que, en mi opinión, resulta contradictoria dada la temática del film.

Lo nuevo en el catálogo de Netflix está dirigido y protagonizado por Dan Levy, a quien conocemos por su papel de David Rose en “Schitt's Creek", entre otros.
En esta historia seguimos a Marc, un artista en luto por el fallecimiento de su mamá y de su marido, Oliver, un escritor famoso. Él decide llevar a sus dos mejores amigos, Thomas y Sophie, a un viaje a París, donde se revelan secretos confusos y salen a la luz verdades difíciles de digerir.
La película no sólo explora la gama de emociones y sentimientos que experimenta el protagonista, sino que también destaca la importancia fundamental de contar con una red de apoyo en momentos difíciles.
Aunque el resultado no llama la atención por su originalidad ni revela aspectos increíbles, logra generar momentos de autenticidad emocional gracias al acorde elenco reunido por Levy, cuyas interpretaciones agregan capas adicionales de profundidad a la narrativa.

La química entre estos tres personajes es la mayor fortaleza de la producción y se destaca, por momentos, mejor como una historia de amor entre amigos. Los personajes están bien delineados, formando un triángulo; Marc es seguro y autoimpuesto, Thomas es reservado y formal, mientras que Sophie es un torbellino de angustia que se disfraza de alma de la fiesta, cuya determinación por pasar un buen rato se torna en una irresponsabilidad peligrosa. El trío tiene una relación sincera y natural, con interacciones que fluyen fácilmente.
El duelo, lejos de ser simplemente un proceso de luto por una pérdida, se manifiesta como una experiencia multifacética que abarca una amplia gama de emociones, pensamientos y cambios en el comportamiento. La película refleja esta complejidad a medida que el protagonista transita por diversos sentimientos y sensaciones, evidenciando la no linealidad del proceso.
La naturaleza no lineal del duelo a menudo confunde a aquellos que intentan entenderlo o brindar apoyo. La aceptación, en lugar de ser el final, puede ser el inicio de una nueva relación con la pérdida, implicando ajustes constantes y reevaluaciones de la realidad. Este enfoque dinámico se convierte en un elemento clave que resalta la capacidad del ser humano para adaptarse y transformarse ante la adversidad.

Es una montaña rusa emocional que va más allá de la tristeza, abordando emociones complejas y contradictorias. La ira, la culpa y la negociación se entrelazan con la tristeza, creando un cóctel emocional abrumador. El personaje principal, al descubrir aspectos desconocidos de la vida de su marido, experimenta sentimientos encontrados, incluida la bronca hacia él. Este conflicto interno agrega matices de realismo a la narrativa.
(ALERTA SPOILERS: Marc se entera que su marido había estado saliendo con otra persona más. Me pareció que la película lo absuelve fácilmente de esas acciones y que se podría haber dado un examen más crítico a lo sucedido porque Oliver incumple los términos acordados con Marc y lo revela en una carta justo antes de morir. Demuestra bastante cobardía y mentira e incluso sus amigos lo defienden, pero no justifica pasar por alto esto).

Cabe destacar que el guión es 100% sincero y está inspirado en la muerte de la abuela de Levy. Sin embargo algunas conversaciones a veces son conmovedoras sobre el agudo dolor de la pérdida y la sorda lamentación del duelo como, por ejemplo, la escena del funeral de Oliver. Pero gran parte de esto se envuelve en diálogos torpes que parecen fuera de lugar en una conversación humana normal.
La aceptación no implica olvido, sino la capacidad de integrar al ser querido ausente en la vida cotidiana, marcando un nuevo comienzo con una perspectiva transformada. Este aspecto positivo de la aceptación se convierte en un faro de esperanza en medio de la oscuridad emocional, remarcando la resiliencia del ser humano para encontrar significado y propósito incluso en situaciones difíciles.
En la sociedad contemporánea, el duelo a menudo se minimiza o se ignora. La presión para recuperarse rápidamente puede llevar a ocultar emociones o sentir vergüenza por el dolor, exacerbando el sufrimiento. Este aspecto social del duelo es abordado de manera crítica en la película, sirviendo como un recordatorio de la importancia de reconocer y respetar los procesos individuales.

Abordar este estigma y fomentar una cultura de empatía son esenciales. El duelo no sigue un cronograma preestablecido; cada individuo lo experimenta de manera única. Empresas y comunidades deben reconocer la importancia del apoyo emocional, ya que la pérdida impacta más allá de lo visible. La película, al tocar estos temas, contribuye a la conversación social sobre la necesidad de comprensión y empatía hacia aquellos que transitan situaciones complicadas.
Aunque doloroso y desafiante, también puede ser un camino hacia la transformación personal. Aquellos que enfrentan una pérdida significativa a menudo experimentan un cambio fundamental en su perspectiva de la vida. Este cambio puede traducirse en una mayor apreciación, mayor empatía o una reevaluación de prioridades. En la producción se captura esta metamorfosis del protagonista que logra avanzar con algunos aspectos que había dejado en pausa.

Y en esta instancia entra algo que, desde mi punto de vista, cumple un rol fundamental en la historia: el arte. El protagonista puede canalizar todo lo que le pasó a lo largo de su vida a través de la pintura.
Es una producción elegante con una paleta de colores rica, que, notablemente, palidece después de la muerte de Oliver, solo para recobrar calor durante el cuidado de sus amigos, y una fotografía hermosa que retrata Londres y París.
Aunque la película no se destaca por giros argumentales sorprendentes, su fuerza radica en la representación auténtica de las complejidades emocionales asociadas con la pérdida. Evita caer en excesos melodramáticos y presenta la aceptación como un proceso continuo más que un destino final, un enfoque que se siente refrescante.

Nos recuerda la fragilidad de la existencia humana y la importancia de abrazar la complejidad de nuestras emociones como parte integral de la experiencia. Además, me parece importante mencionar que no hay películas LGBT+ con este tipo de temáticas y siempre está bueno visibilizar y contar historias de este estilo.
Como último punto, he leído muchas críticas negativas hacia la película porque consideran que promete ser una mezcla de humor y drama, pero que no logra encontrar el equilibrio adecuado entre estos puntos quedándose a medio camino. Considero que, en parte, puede ser así, pero por otro lado, para mí refuerza la teoría de que cada persona vive el duelo de manera diferente y eso es lo que retrata la producción en sí.
Está disponible en Netflix y te recomiendo que la veas para formar tu propia opinión.



¡Comparte lo que piensas!
Sé la primera persona en comenzar una conversación.