
En la secuela del superhéroe, Aquaman y el reino perdido, dirigida por James Wan y escrita por David Leslie Johnson-McGoldrick, Jason Momoa retoma su papel como el carismático Arthur Curry, también conocido como Aquaman. Con un reparto que incluye a Amber Heard, Patrick Wilson, Yahya Abdul-Mateen II, Randall Park, Nicole Kidman, y Temuera Morrison, la película navega a través de una serie de conflictos de alto riesgo, tanto personales como globales. Sin embargo, no son solo los mares los que están tormentosos; la película en sí recorre un camino confuso de ejecución narrativa y visual.
Al principio de la película, Aquaman le cuenta a su hijo Arthur Jr. sobre un rescate de rehenes peligroso y vemos un montaje de su vida luego de los eventos de la primera película. Como rey de Atlantis y esposo de la reina Mera (Heard), navega las complicaciones de los deberes reales y la vida familiar. Mientras tanto, su némesis, Manta (Mateen II), se obsesiona con buscar venganza por la muerte de su padre.
Manta colabora con el Dr. Steven Shin (Park), un fanático de Atlantis, que descubre por accidente el misterioso Reino de Necris, un reino perdido de Atlantis. Aquí, Manta adquiere el Cetro Necris Negro, que lo transforma en una cosa monstruosa empeñada en localizar Oracalcum, una sustancia capaz de provocar un cambio climático destructivo. Mientras las fuerzas de Manta asaltan Atlantis y hieren a Mera, Aquaman debe conseguir la ayuda de su hermano encarcelado Orm (Wilson) para detener los planes de Manta y proteger su mundo.

Uno de los aspectos más destacados de la película es la dinámica entre Wilson y Momoa. Sus interacciones en pantalla, llenas de bromas divertidas y camaradería, aportan una química romántica sorprendente que eclipsan las escenas de Momoa con Heard. Este vínculo único añade una capa de profundidad a la película y contribuye con su encanto. Otro punto a destacar es que la película intenta tejer una narrativa donde la unidad es la clave para la salvación, un mensaje conmovedor cercano a la defensa ambiental del propio Momoa.
A diferencia de Aquaman, que mantuvo un equilibrio entre la seriedad y la fantasía, Aquaman y el reino perdido da un giro inesperado hacia un territorio caricaturesco. Cuando fui al cine, este cambio de tono fue tan obvio que el público no podía dejar de reír, especialmente en momentos en los que se supone que el público debe tomarlos en serio. Esto se empeora con los aspectos técnicos defectuosos de la película, particularmente, con las imágenes generadas por computadora. El problema más evidente es el traje de Aquaman de Momoa: parece que no le queda bien y su cabeza está pegada de forma antinatural al disfraz. Estas inconsistencias visuales son discordantes, en especial para una película con un precio alto de entradas en 3D.
En contraste con la interpretación de Zack Snyder, Aquaman parece haber perdido un poco de poder en esta película. Con frecuencia, superan al personaje en las batallas y esta representación decepcionante hace que los espectadores añoren al héroe más formidable visto en versiones anteriores. Aquaman y el reino perdido lucha con la representación inconsistente de los personajes, las imágenes deficientes generadas por computadora y la falta de dirección narrativa.

Un aspecto crucial de cualquier franquicia es su capacidad para hacer que la audiencia se interese en lo que sigue y, desafortunadamente, esto no pasa en Aquaman y el reino perdido. La película hace que nos preguntemos por el futuro de este universo y lucha por convencernos de que tenemos que ver la próxima película.
En definitiva, esta película tiene sus momentos brillantes, en particular, cuando vemos la química entre los personajes principales, pero se enfrenta con inconsistencias tonales, deficiencias técnicas y una narrativa que no logra cautivar. Aquaman y el reino perdido navega en aguas turbulentas y lucha por encontrar su lugar en el océano expansivo del género de superhéroes.




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