El origen de la ficción
A comienzos del 2021, una enorme cantidad de actores y de algunas actrices de Argentina dentro de determinado rango etario reciben un mail: “La nieve casting”. Era la audición para un proyecto cuya escena de auto casting era una escena muy pero muy bien escrita. No por desvalorar a otras audiciones, pero ese texto parecía tener mucho más trabajo que aquellos a que los actores y actrices estaban acostumbrados. Para quienes no saben, el auto casting consiste en grabarse en la propia casa con las indicaciones que sugieren el mail o el mensaje, ya sea solos o con la ayuda de alguien. El diálogo de la escena era entre dos personajes, y la escena cerraba con un monólogo que anunciaba que los personajes se estaban por morir, y continuaba con una bella pero terrible reflexión acerca de la muerte. Para cualquier actor, ya hacer esa escena tan compleja y ser visto por quienes tomaban el casting, se sentía como una oportunidad única. Algunos actores más prudentes no se lo contaban a nadie, o se lo contaban a algunos pocos con los que tenían más confianza, y esos pocos terminaban admitiendo sorprendidos haber hecho el mismo casting, con el mismo texto. Mientras el 2021 sucedía y se daban ciertas conversaciones casuales entre colegas que se cruzaban cervezas mediante o durante la audición para otro trabajo, uno se enteraba que el otro había tenido un segundo o hasta un tercer llamado de audición para la Nieve. Castings presenciales con varias pruebas. Y alguno hasta algún zoom con el director. Entonces los corazones de muchos actores argentinos se iban resquebrajando, los corazones de otros cabalgaban por los nervios de todavía saberse en carrera. Los rumores sobre de qué trataba el proyecto se esparcían como leyendas de pasillo. Varios candidatos seguían avanzando en una búsqueda muy precisa, tratada con mucho respeto y dedicación. Finalmente algunos viajaron a Montevideo a conocer al director y tener una última instancia de audición con él. El tiempo pasó y los candidatos tuvieron que seguir con su vida. La pandemia había dejado, entre otras tantas cosas, la enseñanza de que había que seguir para adelante como sea. Alrededor de 2 meses después, a los elegidos les llegó una video llamada de la directora de casting. “¿Qué preferís, ventana o pasillo?” Los actores, cada uno a su manera, cayeron en cuenta de lo que esa frase significaba. Festejaron, lloraron, se abrazaron con quienes tenían cerca. Y de alguna manera, lo que ese llamado decía, era lo siguiente: “Felicitaciones. Sos parte del elenco de La Sociedad de la Nieve”.

He descubierto hablando con gente aquí en Argentina que nació después del año 2000, por poner una fecha hipotética, que no todos conocían la historia de los héroes de los Andes. El equipo de rugby uruguayo que por un accidente de avión en el que viajaban 45 personas, cayó en el medio de Los Andes, y luego de 72 días de supervivencia en la nieve, fueron rescatados solo 16. Es verdad que la internet, youtube, entrevistas dentro del marco de programas de podcasts, el boca en boca o hasta la película de Hollywood filmada en el 93, han acercado al relato a todo el mundo. Pero aún así, había personas que no lo conocían. “Pero…¿nunca escuchaste la historia de ese grupo que para sobrevivir tuvieron que…?” Y entonces ahí sí las dudas se despejaban. Todo el mundo ha escuchado boquiabierto aunque sea alguna vez sobre semejante gesto de supervivencia.
Hablar del argumento de la película quizás sería un despropósito, porque es en sí el disparador su mayor argumento. La supervivencia de un equipo y de algunos desconocidos en la nieve y el más crudo de los inviernos. A diferencia de otras películas, detallar algunos hechos del relato sería creo a la vez innecesario como insulso. Definí mientras escribía esta nota, jugar el juego de hablar del principal punto de giro del relato sin mencionarlo por si realmente existe alguien que lea esta nota y no conozca la historia. O que incluso luego del merecido boom de la película a nivel mundial, no la haya visto, no haya visto ningún meme, leído ningún twit, y se haya tapado los oídos cuando el 92 por ciento de la población habla del tema. Deseo incluir también a ese lector, por lo que les pido disculpas a los demás por no especificar aquello que ustedes saben qué es.
Esta historia de supervivencia, pese a la trágica épica que la gesta y enmarca, es desde el punto de vista del director de la película, una historia sobre la amistad y la fuerza del amor.

¿Quién es su director?
El catalán Juan Antonio Bayona, cuyo primer largometraje es “El orfanato” (2007), una excelente y sumamente recomendable película de terror que le dio mucho prestigio y reconocimiento en España y en el mundo. Su segunda película es “Lo imposible”, ya filmada en inglés en el 2010, cuyos protagonistas son Ewan Mcgregor, Naomi Watts y Tom Holland, y trata sobre el hecho real de un tsunami en el Océano Índico en el 2004. Fue estrenada en el 2012, obtuvo varias nominaciones y premios en los Premios Goya, y Naomi Watts estuvo nominada por esa película a los Globos de Oro y los Oscars. En el 2014 filmó “Un Monstruo viene a verme” y en el 2016 “Jurassic world: un reino caído”. En el universo de las series, grabó un capítulo de “Penny Dreadful” y dos capítulos de “El señor de los anillos: El anillo del poder”.
Fue durante la grabación de “Lo imposible” que el director cuenta haber comenzado a leer el libro de Pablo Vierci “La sociedad de la nieve”, un libro con testimonios de los sobrevivientes del accidente. En una entrevista, Bayona reflexiona que pese a que la muerte está muy presente en todas sus historias, no le interesa como tema solo para quedarse en la oscuridad y regodearse en ella, sino para reflexionar acerca de su salida hacia el otro lado.

La película.
Todos me decían que tenía que ir a verla al cine. Que las butacas vibraban, que me iba a ir del cine descolocado. Dos días después de verla, en un documental que la misma plataforma sacó, una productora de la película cuenta que, tal cual como lo hizo en “Lo Imposible”, Bayona se ocupa de que el espectador sienta que está junto a los personajes. Esta frase podría parecer trillada, o incluso pareciera representar con obviedad el objetivo que tienen la mayoría de los realizadores audiovisuales del mundo. En general, a menos que se decidiera lo contrario, los relatos tienen el propósito de acercar al espectador a una experiencia similar a la que vive el o la protagonista, a través de la construcción verosimil del personaje y/o a través de los eventos que sacuden a la acción dramática contada. También generalizando y desde el mayor grado posible de subjetividad, los relatos suelen fallar cuando no se ocupan de ese vínculo entre el espectador y los protagonistas del relato. En inglés existe una palabra que creo es aún más representativa de lo que quiero decir: “bond”. Ese lazo único, entre lógico, psicológico y espiritual. Pero claro. La productora no exageró. Bayona es un especialista en construir, proteger y mantener vivo ese lazo.
Me gusta exagerar. Me parece hasta poético y necesario. Pero quiero intentar dividir esa cualidad mía de esta frase para que no atente contra ella, porque la siento como una absoluta verdad: nunca viví en el cine una experiencia sensorial como la del accidente y lo que sucede inmediatamente a continuación. Hay varios momentos de la película que tienen también ese poder, pero la caída del avión es en sí misma una obra de arte. Cada detalle de la experiencia está decidido, cuidado. Lo que se ve, y lo que se escucha. El diseño sonoro de todo el largometraje, pero específicamente de esta secuencia, pareciera perfecto e ideal. No imagino otra manera posible de conseguir que el espectador sienta estar sentado dentro de ese avión que cae y se estrella en la nieve. El sonido de la turbina del avión acompaña toda la caída, comenzando a sonar lejano y por lo bajo, hasta terminar dominando toda la escena, haciendo vibrar efectivamente el cine, sus butacas, y nuestros cuerpos. En la plenitud de la explosión sonora, finalmente sucede el choque contra la nieve y la imagen corta a negro y al más fatal de los silencios. Recuerdo haber sentido “no sé si puedo seguir con esto, me paro y me voy afuera”. Yo, espectador cobarde. Cobarde al lado de un grupo de actores aguerridos y valientes que interpretaban a un equipo de héroes. Y yo pensando en pararme del cine. Doy una bocanada de aire para tomar fuerzas, porque película recién comienza.
Cuando salimos del cine con un amigo, luego del aplauso medido de una sala que todavía no podía salir de su sopor (y aclaro que fue medido el aplauso porque la película arrasó con su cometido), luego de romper el silencio y caminar unas cuadras desanudando de a poco las emociones y los primeros comentarios más objetivos, llegamos juntos a la conclusión de que ningún otro director en el mundo con acceso a la posibilidad de dirigir esta historia, podría haber hecho una película así. No solo por estar a la altura de lo que efectivamente sucedió, sino por tener un punto de vista personal sobre la misma, y usar todo el dispositivo audiovisual a la perfección para defender esa mirada. Para volverla comunicable, épica y popular. Hacer de su propia poética algo universal. Sin tranzar con los lugares comunes a los que hubieran llegado tantos directores de Hollywood especialistas en películas de catástrofes. Siendo perfeccionista, voraz y atrevido con la espectacularidad, y dándole espacio a los tiempos de la soledad, de la intimidad, de las miradas nostálgicas perdidas en el pasado perdido y la batalla con la esperanza, dedicándole planos a esas manos estrechadas que por las noches se daban calor y coraje, escenas para reflexionar acerca de la moralidad de los personajes acerca de lo que tuvieron que hacer para sobrevivir.
Entre algunas entrevistas y el documental disponible en Netflix, Bayona aclara que una vez que se toparon con la imponente cordillera, la violencia y belleza del frío de las montañas en las que grabaron, entendió que en ese antagonista impredecible estaba verdaderamente la película. No solo en la excelencia del equipo de fotografía y de él para retratarlo (que no es un dato menor), sino en comprender que estaba existiendo una segunda supervivencia frente a sus ojos a lo largo de todos esos meses en los que filmaron: la de los actores.

El otro equipo
Cincuenta años después de la trágica epopeya del equipo que fueron (no solo los jugadores de rugby) todos los que viajaban en ese avión, nace un nuevo equipo para honrarlos. Esa audición que duró tanto tiempo en Argentina y Uruguay en búsqueda de los intérpretes, tenía una razón de ser. Más allá de la búsqueda de actores con un parecido asombrosos, buscaron conformar un equipo en el que incluso hubo no actores. En el que había muchos que no tenían experiencia audiovisual previa y venían del teatro. Jóvenes de edades similares a la de quienes representaban en la película, en su mayoría alrededor de los 20 y 25 años de edad. Algunos más grandes, con mayor experiencia filmando. 
Ensayaron con el director, con una coach actoral que también fue quien capitaneó todo el proceso de audición y los acompañó en el set hasta el último día de rodaje, y con un profesor de teatro. Ensayaron lo escrito y lo no escrito, todo eso que no está en el diccionario y se siente sin ser del todo comprensible. Uno de los actores cuenta en una entrevista con Javier Bardem lo difícil que fue actuar, trabajar, entender y sentir una experiencia tan lejana para ellos: el frío letal, la inanición, las heridas mortales, la sensación de abandono en la nada, el pavor. Pero claro, como también aclara el mismo actor, porque todos han tenido la posibilidad de conocer y ser acompañados durante todo el proceso por los sobrevivientes que interpretaban en la película, ni los personajes reales sabían cuando vivieron la tragedia que era lo que sentían. Simplemente lo sintieron. Nunca nada se comparó o se iría a comparar con eso. No se trató nunca de entender. Se trataba de vivir. Y todo ese trabajo actoral de exploración, y todo ese tiempo vivido junto con los sobrevivientes reales, se siente. Porque claro, no solo existió un equipo espléndido de especialistas en efectos especiales y un equipo de arte que recreó en estudio el avión y la nieve para grabar muchas de las escenas. Estudios donde pese existir todos los dispositivos posibles para recrear el vuelo de los cuerpos, las valijas o el ingreso de las nieves por avalanchas, el principal objetivo era que los propios actores y sus cuerpos fueran los que hicieran el mayor de los trabajos. Volar ellos mismos con arneses, ser arrastrados por el suelo, ser tapados por una avalancha de nieve real, luchar con sus propios cuerpos por salir o por ayudar a los demás que pasaban frío y se ahogaban. Decía, no fue solo un estudio que recreó aquello que estaba afuera. Sino que también existió la propia naturaleza.

A los actores se los hizo inicialmente engordar y fortalecerse con un entrenamiento especializado, y con un equipo de nutricionistas que los acompañó todo el rodaje. El esqueleto principal del plan de rodaje, fue entonces a la par de lo que sucedió cronológicamente en la historia. De a poco los actores tuvieron que ir perdiendo peso y empezar a comer menos. Mientras tanto, filmaban en lo más alto de las Sierras Nevadas, sufriendo el frío, las horas de trabajo, las quemaduras del sol, los labios que se agrietaban, las llagas. El maquillaje en determinado momento apenas era un agregado. Los cuerpos también se habían curtido, a la par que en el relato, los personajes se iban consumiendo.

Y claro. Lejos de compararse una supervivencia con la otra, la cámara comenzó no solo a retratar a esos personajes, sino a esos intérpretes que también aprendían a sobrevivir. Desde ya contenidos, sabiendo que a la noche volvían a un hogar, a salvo. Pero dentro de todo de la industrialización del hecho artístico, existió un plano salvaje de cuerpos. De personas a las que el cuerpo le dolía, que perdían fuerzas, pero tenían que seguir adelante. Como trabajadores, desde ya, pero también como intérpretes de esa historia. Como un grupo de desconocidos que se conoció luego de ese llamado que les anunciaba que habían quedado en el proyecto, y finalmente como un grupo de amigos que inevitablemente ya lo compartía todo. El espacio de trabajo, el espacio de descanso, el humor, los impulsos a seguir, los enojos. Una convivencia fundamental que, junto al paso del tiempo, le permitió a la cámara no hacer más esfuerzos que acompañar. Que posarse sobre sus rostros, su mirada, metiéndose entre los abrazos de los festejos del final, de los logros hechos como artistas que representaban a su vez la hidalguía de quienes sobrevivieron, mezclándose lo documental con la ficción. Los actores demostraron que la mejor versión de su profesión, no se trataba de entender.

Sobrevivir
Como dice su director Bayona, es una película no solo sobre los que sobrevivieron, sino en especial sobre aquellos que quedaron en el camino pero permitieron que el resto sobreviva. Homenajeando a los que relatos anteriores habían dejado en el anonimato, y armando una nueva comunión entre la familia de quienes fallecieron, y los que pudieron regresar. Invitándolos incluso a ver todos juntos la película una vez proyectada en una sala privada.
No existe manera alguna de que los artistas involucrados en un proyecto como este alcancen a vivir en carne propia lo que vivieron las personas reales a las que interpretaron. Aproximadamente 30 de ellos, interpretan a personas que no pudieron volver con sus seres queridos y dejaron sus restos en la montaña. Pero de todos los caminos posibles, si existía uno para representar esta historia que marcó a la humanidad, era este. Hay actores que aparecen en un solo plano del corte final de la película y seguro estaban en la escena del accidente, poniendo el cuerpo a una estructura que se sacudía, los revoleaba, que los obligaba a gritar desaforados, a llorar. Chicos que se prepararon a la par de quienes tuvieron la fortuna de tener más escenas, más texto, más planos. Y es por todo eso que, además de hablar el relato mismo de un grupo de amigos que hicieron lo imposible para sobrevivir, habla a su vez la película de un equipo de amigos que volvieron ese relato posible. Porque la película no trata de un personaje protagónico, ni es un relato basado en el brillo y el talento de dos o tres interpretes. La sociedad de la nieve es una película sobre como la comunión le gana a los individuos, y sobre como la mejor versión del arte y su creación, es entre todos.




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