¿Cómo es que no escuché nada sobre una película que ya se estrenó hace cinco meses y ahora está invitada a caminar en smoking sobre la alfombra roja? Entre las nominadas a mejor película de los premios más populares para el cine internacional, había una sola sobre la que no había escuchado absolutamente nada. Desde ya que soy responsable por no haberme enterado a tiempo de los otros premios que ya ha cosechado. Entre algunos laureles y tantísimas nominaciones, ha recibido el premio del público en el Festival de Toronto, a mejor película en el Festival de San Diego International, premio al mejor director en el Festival de Virginia. Y tiene cinco nominaciones a los Oscars: a mejor película, mejor actor, mejor actor de reparto, mejor guión adaptado y mejor banda sonora. Acerca de Jeffrey Wright, su protagonista, siempre me llamó la atención la composición tan particular y detallista de sus personajes. El Randall en “This is us” de Sterling J.Brown me dejó desahuciado y deshidratado todos los capítulos que soporté la serie. Aclaro que hablo de soportar no porque fuera mala (todo lo contrario), sino por mi poca tolerancia emocional a retratos así de realistas y sensibles sobre una familia. Por otro lado su autor y director Cord Jefferson, es uno de los autores, escritores y especialistas consultados detrás de “The Good Place”, “Master of None”, “Succession” y “Watchmen”, enormes series que son modernas en su planteo, su ejecución, y a la vez populares entre la audiencia.
Y sumando a mi propósito de ver todas las películas posibles antes de la fecha de la ceremonia, la incógnita de que haya pasado tan debajo del radar popular y mi rotundo gusto por sus actores, decido verla. Una vez que terminé, siento haber encontrado la respuesta a mi pregunta inicial: American Fiction es un caballo de troya en los Oscars 2024.
La película
Monk, además de ser un profesor de universidad, es escritor de novelas académicamente reconocidas pero de bajísimo nivel de ventas. La película arranca en el momento donde su irritabilidad hacia el alumnado y la frustración con su carrera, estalla. Las autoridades de la universidad le dan una licencia para que descanse y lo invitan a que asista a un seminario de literatura dictado en Boston, de donde es oriundo él y su familia.
En el seminario conoce a una escritora reconocida por el ambiente más intelectual de la literatura y también por el más popular. Ella ha escrito un bestseller que retrata burdamente los barrios bajos, basándose en todos los estereotipos posibles de la cultura de los negros y sus guetos. Él está indignado con que su propia raza y cultura base todavía su arte en ese aspecto sesgado de la criminalidad y el lenguaje callejero. Que lucren condenando al resto de los negros a ser vistos siempre de la misma manera. O que en una librería su propio libro esté en la sección “Escritores negros” y el bestseller de la otra escritora no, siendo una novela que explícitamente habla de los estratos más condenados de su raza.
Monk reconectará con su familia, la casa y el barrio donde se crió, con su madre y una incipiente enfermedad, con la ama de llaves que lo crió desde niño, con su hermana, y con su hermano con el hace mucho no habla. La editorial hace tiempo le pide que avance con una nueva novela, y cansado por lo que está viviendo y desesperado por ciertas circunstancias que lo atravesarán al volver a Boston, una noche escribe una satírica novela con todos los clichés habidos y por haber acerca de la comunidad negra. Al poco tiempo, su editor lo llamará: quieren comprarle la novela por muchísimos millones de dólares y hacer una película sobre la misma.
Una patética suerte de aventura comenzará entonces entre fatalidades, seudónimos e identidades falsas, una historia de amor que no esperaba, el pasado que vuelve, un hermano que a su vez también está atravesando una revolución extrema en su vida, y debiendo decidir entre mantener su obstinada pero sensata ética, o la posibilidad de finalmente recibir el reconocimiento y el estilo de vida que, de alguna manera, siempre estuvo esperando.

Sobre la película (la segunda película)
Frente a la misma complicación que presentaba “Anatomy of a Fall” para hablar acerca de todo aquello que se desprende de su trama, me debato entre cuánto adelantar sin traicionar American Fiction. Prometo mantener el secreto lo más resguardado posible, intentando retratar sí lo más sustancial de esta película: lo que no es ficción.
El debate que plantea en principio su autor y realizador a través de lo que defiende el protagonista del relato, está puesto en palabras desde su comienzo hasta el final. Si bien las dimensiones del discurso de Monk se profundizan y amplían a medida que también avanza aquella crisis existencial que desbordará su estado emocional, la esencia de su denuncia será siempre la misma. ¿Hasta dónde el artista está dispuesto a tranzar por su propio éxito, si como consecuencia eso perpetuará aquello que la propia obra denuncia? Si sigue la narrativa literaria y audiovisual hablando de la esclavitud y dramatizando eternamente ese pasado, o contando historias de guerras entre las pandillas de los guetos, ¿cuándo dejará de ser victimizada y tratada con desigualdad la sociedad negra?
En sus colores y tonos, American Fiction recuerda un poco a las más logradas películas de Woody Allen, o a los universos y al tratamiento de Alexander Payne. A través de un humor de situación planteado en general por la inteligencia de los diálogos, por la naturaleza y el diseño de sus personajes, y algunos recursos audiovisuales espectaculares para ilustrar como se desarrolla el imaginario del escritor mientras escribe la sátira, los momentos más melodramáticos de la trama familiar central son tratados con respeto sin resultar nunca un golpe bajo. Los personajes atraviesan ese momento que les toca como pueden. Atravesarán sus conflictos con la más humana de las torpezas y con la imperfecta hidalguía de hacer lo que pueden, con lo que tienen. Los arcos de cada uno no están tensados hasta quebrarse y volverse inverosímiles. Lejos de eso, independientemente de los vericuetos propios de la aventura que emprende el personaje para sostener su ridícula ficción y su alter ego literario, la compleja simpleza con la que es narrada el momento de la historia familiar y de su protagonista pareciera ser sencillamente una historia más entre miles. Y es a través de ilustrar una simple historia americana, que la película proyecta su mayor crítica. No se dispone a enrarecer los detalles y evita a la perfección cometer los pecados que denuncian ambos autores (su autor real y el escritor de la ficción) acerca de todas las otras películas sobre negros.
Y uno de los rasgos más interesantes del gran manifiesto de American Fiction, es que avanzada la película, el protagonista tan a la vez aferrado a su verdad como a su crisis, finalmente dudará de su bandera. Y junto a él, quienes lo acompañamos férreamente tantos minutos de relato, también dudaremos. La belleza idealista de su discurso, encierra también un juicio intelectual que no está aceptando tampoco a su raza y a los artistas de la misma. Postura que les demanda que sean de otra manera más decorosa, que sean distintos a lo que están pudiendo ser.


Un caballo de Troya
Faltaré el respeto a la exactitud de las palabras de un libro de Adorno y Horkheimer llamado la “Dialéctica de la Ilustración”, escrito entre 1944 y 1947. Recuerdo una teoría que me quedó rondando en la cabeza desde mis años universitarios, que según dichos autores el gran logro del capitalismo (o su fatalidad) y de su industria cultural, es que siempre contendrá dentro de su muro cualquier aparente revolución artística. Cualquier denuncia y gesto revolucionario de una obra de arte, será finalmente absorbida por los medios de producción de dicha industria. Por más estridente que fuera la revolución de una obra, terminará siendo producida dentro de los términos de la misma industria, financiada por su propio sistema, aplaudida y comercializada dentro de la misma estructura que pretendía acusar.
Descontextualizaré la imagen final de la película para no spoilear. Pese a todo lo que atraviesa el protagonista a lo largo del relato y el universo que aparentemente consigue sacudir, en la anteúltima escena, dentro de un set de filmación, un personaje le dirá a otro “vestite bien que con ésto nos vamos a la alfombra roja”. Un minuto después de esa escena, segundos antes de los créditos y habiendo transcurrido 117 minutos de película, un actor negro disfrazado de esclavo, sentado y esperando para volver a filmar, saluda sonriente al protagonista.
En una especie de eterna espiral sin fin, habiendo apuntado contra la industria por siempre premiar películas dramáticas sobre la esclavitud, o por aplaudir entre lágrimas a aquellas historias de superación de negros que con valentía y a los tumbos se vuelven sobrevivientes, American Fiction está nominada a los Oscars. Es nominada al mayor premio posible dentro de la industria audiovisual. A uno de los más populares prestigios de la industria cultural. ¿Triunfa finalmente la obra en su cometido? ¿Conseguirá despabilar al espectador y desmantelar, aunque fuera en parte, los artificios de la industria? Continuando con la metáfora. Entre vestidos, flashes, fracks y galeras ¿Saldrán los soldados de aquel caballo de madera montado sobre ese escenario de Los Ángeles? ¿O, como también advierte la propia película, nada habrá de cambiar?






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