
POR JERÓNIMO CASCO
29 DE FEBRERO DEL 2024, 16.34 PM | UTC-GMT -3
Necesitamos más películas como ‘Robot Dreams’: un clásico instantáneo de la animación
"¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?" se preguntaba el escritor de ciencia ficción Philip K. Dick hace más de 50 años con la existencialista novela que luego libremente adaptaría en 1982 el enorme Ridley Scott en formato cinematográfico, y tal parece que en la actualidad el cine de animación encontró su respuesta definitiva con una sencilla pero hermosa película que ya es un clásico instantáneo. O puede que no tenga esa respuesta, pero se esfuerza por hacernos creer que si.
Mi niño interno me lo podría haber anticipado, y sin embargo se quedó quieto y en silencio mientras las luces del cine se apagaban para dar luz a una obra maestra: existen pocas películas capaces de sacarnos una sonrisa o hacernos sentir, aunque sea por un rato, que al final del pasillo existe la luz. Y no, no me refiero a qué es lo que hay después de la muerte, sino a esa sensación de que esa oscuridad que conocemos puede ser el camino para conocer la verdadera felicidad.

‘Robot Dreams’ nos sumerge y amplifica cada de uno de los sentidos con una colorida, simplista y saturada animación en una Nueva York que todavía no había vivido el 11-S. Es importante recalcar esto ya que para el país este acto de terrorismo significó, probablemente, el punto de inflexión más importante en la era moderna. Habitada por animales y no humanos, el realizador español Pablo Berger hace una alegoría de la diversidad que existe en la “ciudad que nunca duerme” retratada con cierta gracia e inocencia: desde un león como guardavida de playa hasta un gorila como guardia de seguridad, cada metafórica representación parece indicarnos cuál es el costado animal que tenemos los seres humanos con nuestros roles en la sociedad.
En ese contexto entramos en la vida de ‘Dog’, un perro solitario que vive su monótona vida mirando la televisión por las noches, comiendo “mac and cheese” y cada día sintiéndose un poco más alejado de todo lo que le rodea. Así lo plantea en un principio Berger, y así lo entendemos rápidamente nosotros. El director hace uso del espacio geográfico en relación a la soledad de manera magistral y nos ambienta en un mundo en donde estar con alguien es sinónimo de felicidad. "La felicidad sólo es real cuando se comparte", decía Christopher McCandless en la inolvidable Into The Wild (2007) de Sean Penn, y Robot Dreams sobre ese mantra apoya indiscutiblemente su filosofía.

La idea de comprar un "robot de compañía" que ve en un anuncio publicitario es la mejor idea que se le ocurre a Dog (o la más accesible) para poder combatir la soledad, ya que el hecho de interactuar con los demás animales no es su fuerte. El robot llega a su hogar en una divertida secuencia con un toro cual repartidor de DHL, y el inicio de una relación comienza. En un mundo que no conoce de realidades virtuales ni smartphones, Dog encuentra en la transición entre lo analógico y lo digital a un amigo sin nombre, acompañado por las exquisitas partituras de Alfonso de Vilallonga que sirven como telón de fondo: Dog ya no está sólo y no existe nada en el medio que pueda impedirlo.
El sencillo robot funciona como una respuesta ante el miedo actual que le tenemos a la inteligencia artificial capaz de cosas inimaginables. Más cercano a un niño que absorbe todo lo que ve y escucha, y más alejado de la clásica figura del organismo sintético antropomorfo que conocemos, se configura una relación que roza la línea entre la calidez padre/hijo y la complicidad amistosa absoluta. ¿Cuál es el vínculo real? ¿Hace falta etiquetarlo? ‘Robot Dreams’ crea la sensación de que las etiquetas las creamos los humanos sólo para autoimponernos límites morales y éticos en nuestra realidad, y puede que tengamos algo de lógica al hacerlo, pero ahí también recae la genialidad de su relato.

Como es de imaginar, existe tal conflicto en la película, uno que nos hace repensar en cómo abordamos las relaciones y cuánto valen la pena sacrificarse por ellas o no. Pero no quiero caer en la trampa fácil del spoiler o dejarles el adelanto más abajo porque sería ingrato de mi parte. Es una película que, como sucede en la gran mayoría, es necesario que sea visionada teniendo la menor cantidad de información al respecto posible.
‘Robot Dreams’ es una película apta para todo público en la forma más literal de los sentidos: se puede ir sólo, acompañado en pareja, con un hijo/a, con un hermano/a, con quien sea. Nuevamente, es una película que nos habla sobre las etiquetas que en realidad no existen, las que queremos autoimponernos y las que se crean en el colectivo imaginario. Necesitamos más películas como ésta.
¿DONDE SE PUEDE VER? EN CINES ARGENTINOS A PARTIR DEL 29/02
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