¿Qué es una obra maestra? Es un término que se usa demasiado a menudo, pero me preguntó realmente qué tantos lo usan adecuadamente o si tienen una idea de a qué se refiere dicho término o simplemente me preguntó qué base usan para calificar como obra maestra a una película.
¿Qué es lo que separa a una película del resto y la eleva por encima de ellas? ¿Es la perfección técnica? ¿Es acaso algo referente a lo que esa obra transmite? ¿Tiene que tener un tema trascendental? Hay películas consideradas obras maestras y que no tienen a priori ningún tema muy alucinante. ¿Es entonces el haber alcanzado la maestría en todas las áreas? ¿Tiene que ser perfecta? ¿Debe servir de ejemplo para las generaciones venideras de cineastas? ¿Puede existir una película perfecta?
Son tantas interrogantes, pero pareciera que uno de los puntos clave es sin duda la maestría en cada área, no solo que sea impecable la producción, sino que también sea creativa en el uso de los distintos recursos cinematográficos para transmitir lo que busque transmitir. El otro punto clave sería sin duda que perdure a través del tiempo sin desgastarse o perder relevancia. Que influya.
No puede ser solo que alcance la perfección técnica, tiene que ser relevante para el futuro por su innovación en el medio. Pero cómo podemos determinar que película influirá o no. Viéndolo de ese modo casi pareciera que solo podemos determinar sus logros técnicos y dejar que el tiempo decida, así como las generaciones venideras y sin embargo, hay películas que desde que salieron se supo que cambiarían todo. Ahí están los casos de 2001 odisea espacial, El padrino o Star Wars y Jaws.
Yo, personalmente, nunca se si lo que he visto es una obra maestra. Hubo un tiempo donde cuando algo me sorprendia tremendamente tendía a conferirle dicho título, pero pasaron los años y me fui dando cuenta de que pocas o casi ninguna de esas películas realmente había hecho un impacto más allá de su año de estreno.
Volviendo sobre las películas que he visto a lo largo de mi vida, sobresalen pocas que diría que me han impactado tan profundamente y me han sorprendido tanto en lo que proponen que no tengo dudas de que son algo especial, posiblemente son obras maestras.
Dentro de ese pequeño grupo de películas que realmente creo son verdaderas joyas, obras de arte que otorgan algo que solo puedo calificar de experiencia ya que no soy capaz de llevar al terreno lógico y tangible lo que me han hecho sentir, estaría sin lugar a dudas “Se levanta el viento”, “The Wind Rises”, “Kaze Tachinu”, del maestro de la animación, y el cine en general, Hayao Miyazaki.
La presencia de este nombre entre ese pequeño grupo de películas que considero verdaderas obras maestras no es una sorpresa obviamente, ya que este posee ahí dentro al menos otras dos o tres películas, pero es que está es bastante especial para mi, ya que durante un tiempo, cuando aún no se anunciaba el regreso del maestro con El niño y la garza, yo, un joven desconocedor en el mundo del anime, veía en Netflix la filmografía de este maestro y veía esta película como su última película. Para mí así era. Miyazaki pertenecía en mi mente a esa generación de directores de los cuales jamás tendría el placer de ver una película de ellos en cine, cosa que lamentaba profundamente.
Entonces, en una filmografía donde se puede encontrar títulos tan emblemáticos como “El viaje de Chihiro”, “La princesa Mononoke”, “El increíble castillo vagabundo” o “Mi vecino Totoro”, que es lo que hace a “Se levanta el viento” una obra de arte equiparable a estos títulos, en mi opinión. Bueno es un detalle que se extiende a todas las películas de este director y es que, fuera del género en el que se enmarquen, todas se sienten suyas. No importa el género que trate, Miyazaki antes de respetar sus reglas, se permite a sí mismo crear libre de ataduras y ser auténtico consigo mismo y con sus temas y formas. ¿Esto en qué resulta? Pues en unas películas tan originales y tan libres en su estructura y forma que básicamente, no importa el género en el que estén, todas son películas de Hayao Miyazaki. Prácticamente, el hombre creó un género y eso no es diferente con su película “Se levanta el viento”, la cual tenía más difícil esto, al ser una película enmarcada en el género del biopics y bélico, y que, salvó un par de momentos, no tienen nada de la fantasía, sello de Miyazaki.
Esto, si bien se siente raro al inicio, pronto deja de sentirse como si Miyazaki estuviera restringido, pues como en toda buena película del maestro, este no le interesa en lo absoluto respetar convenciones y aquí, si bien no puede desatar toda su imaginación como si lo hace cuando sus películas se enmarcan en el género de la fantasía, si que elabora una forma bastante única para aproximarse a esta historia de carácter más realista.
Antes de seguir, ¿De qué trata Se levanta el viento?
Se levanta el viento nos cuenta la historia de Jiro Horikoshi, el hombre que diseñó el avión Zero, importante durante la segunda guerra mundial. Eso es en teoría de lo que trata y digo en teoría, porque si bien sí que se narran estos eventos, está no es una película a lo “El aviador”, de Martin Scorsese donde seguimos a través de una odisea épica a su protagonista en la búsqueda de lograr su meta. La película de Hayao es mucho más íntima y, como muchas de sus películas, habla de temas mucho más universales, en este caso la creatividad, los sueños de un artista, pero también la vida, la muerte, el amor y todo con un trasfondo antibelicista como es propio del buen Miyazaki, quien usa esta historia y a este personaje para elaborar SU película. Lo que él realmente quiere contarnos.
Ese es el primer gran acierto que tiene está película. No es un Biopic. Es una película de Hayao Miyazaki, quien la cuenta como si él la hubiese creado. Nos lleva de una manera que solo las películas pueden a través de los eventos de la vida de este hombre mostrándonos todo esto de una forma que solo puedo describir como poética.
Desde la primera escena, Miyazaki rompe con los esquemas y nos muestra una secuencia de sueño donde vemos a nuestro protagonista subir al techo de su hogar y abordar una especie de avión, bastante pintoresco y cuyas alas se asemejan a las de un ave. El niño enciende los motores y sale volando. La luz del día baña los hermosos campos verdes del hogar del niño, quien sobrevuela por encima de su pueblo y saluda a la gente que lo ve anonadada, pero de pronto surge de entre las nubes como si de un monstruo se tratase una gigantesca nave con unas bombas que parecen respirar como si fueran animales y tripuladas por unos seres cuya silueta asemeja a la de los hombres, solo que están completamente de negro y sus ojos son apenas unos puntos blancos. El niño trata de ponerse unas gafas para ver bien, pero resulta que tiene un problema de la vista. Una bomba entonces cae sobre su avión y el niño cae de los cielos, de vuelta a la realidad.
Ya desde aquí, vemos como Miyazaki va a optar por una forma de narrar mucho más lírica en lugar de realista. Para narrar la pasión de este chico por los aviones nos va a mostrar sus sueños, dónde también habla con un inventor italiano, Caproni, quien sirve como una especie de mentor para el chico, quien inspirado por él decide volverse diseñador de aviones. Son todas secuencias de sueño magníficas, una mezcla perfecta entre lo tangible y lo imposible. Algo que pocos como Miyazaki pueden conseguir capturar.
Pasan los años y vemos como Jiro va abriéndose paso en la industria de la aeronáutica. Seguimos asistiendo a sus sueños dónde imagina el que será el avión que lo hará famoso y recordado. Paralelo a esto, Miyazaki nos va mostrando la guerra mundial desarrollarse y a la vez seguiremos la historia de amor entre Jiro y una joven llamada Naoko.
Poco más diré de esto, porque realmente deseo que más gente que no la ha visto descubra con sus propios ojos está maravillosa historia que realmente ha tocado mi corazón.
Miyazaki utiliza la historia de Jiro para hablar sobre la pasión por la creación. Nos mete en la psique de un verdadero artista y refleja a través de su historia de amor con Naoko uno de los temas principales de toda su filmografía. La existencia en este mundo.
Miyazaki siempre se ha caracterizado por tener opiniones nada favorables sobre nosotros y sobre lo que le estamos haciendo al mundo. Su posición anti guerra ha sido clara e incluso ha sido tema principal de al menos dos de sus películas. Aquí también está presente, pero es más importante sobre todo eso el tema de la existencia en este mundo. Verán, a pesar de su pesimismo ante el mundo y el rumbo que lleva, Miyazaki siempre ha sido un verdadero optimista. Sus historias a menudo van en contra de su sentir, de su inconformidad con las cosas. En entrevistas y documentales él mismo ha dicho como sus protagonistas son en lo general una muestra de lo que él querría ser. Son ideales a los que aspirar. Jóvenes determinados que lucharán por lo correcto y que finalmente harán un cambio; sin embargo, en “Se levanta el viento” el protagonista es diferente, no es una mala persona ni mucho menos, pero no es capaz de cambiar nada a su alrededor, como cualquiera de nosotros, está a merced de las circunstancias y lo único que puede hacer es hacer lo mejor que puede.
La existencia. Miyazaki ha reconocido siempre que la existencia es dolorosa, es un tema en sus películas. En general, estar en este mundo implica sufrir. No importa lo que hagamos, vamos a perder a la gente que queramos, sufriremos y finalmente nosotros mismos moriremos.
Miyazaki, sin embargo, como artista que es, siente la necesidad de dejar algo para este mundo, aunque al final no cambie nada. Los sueños de la humanidad están malditos, dijo en un documental de la realización de esta película. Se titula “el reino de la locura y los sueños” se puede encontrar en Youtube.
Él utiliza a Jiro para mostrarnos esto. Jiro sueña con volar, con fabricar aviones y vencer a la gravedad y a las limitaciones del mundo, pero las circunstancias en las que se encuentra, en este caso, la guerra, hacen de su creación algo que solo provoca dolor. Esa no era su intención, aunque sabía bien para lo que serían utilizados. Lejos de parecer una forma de blanquear sus pecados, lo que Miyazaki hace es mostrarnos a través de esta historia lo que implica existir. Uno puede hacer lo mejor posible, uno puede crear algo bello y el mundo, el tiempo, lo destruirá y a ti. Suena trágico y sin embargo, es justamente esa volatilidad la que hace a las cosas bellas. Es la presencia de la muerte lo que me da valor a la vida. Miyazaki lo ha entendido y necesita decirlo. No importa si sus películas no harán un cambio o si serán mal utilizadas, importa que él quiso hacerlo. Es en el acto de aceptar esta realidad, dónde uno puede realmente comenzar a vivir. Cosa que da pie a su última película, El niño y la garza, originalmente titulada ¿Cómo vives?.
¿Cómo es que vivimos en un mundo donde todo amenaza con desaparecer de un día para otro y dónde nada podremos conservarlo, dónde todo lo perderemos y finalmente nosotros mismos moriremos? No sé si haya respuesta, dijo Miyazaki.
Aquí en Se levanta el viento, un personaje dice al final de la película únicamente: “debes vivir”
No dice porque, no dice como, solo te recuerda que debes seguir intentándolo. Vivir es un acto que implica entregarse con todo, sabiendo que te romperán el corazón y que te arrebataran todo, solo entonces podrás apreciar las cosas, sabiendo que no durarán para siempre.
Es sin duda algo difícil y que yo mismo no termino de encontrar la forma de aplicarlo a mi propia vida, pero al menos cuento con esta película dónde más o menos termino de entender mi sentir y no me siento solo.
Esto para mí es una obra maestra. Una obra que lejos de limitarse a narrar una serie de eventos reales, los coge y los utiliza para dar forma a algo mucho más impactante. Una obra donde la línea entre los sueños y la realidad se difuminan dejándonos en una especie de limbo donde el tiempo se detiene para permitirnos ver todo. Una obra que resume todas las preocupaciones de Miyazaki. Una obra para la humanidad, llena de mensajes y lecciones y sobre todo de una sincera petición por parte de su creador de no perder la esperanza y seguir intentando vivir.
Simplemente maravillosa.
Y me olvidaba de la maravillosa banda sonora de ese otro maestro, Joe Hisaishi. Simplemente me rompe escucharla. Me remite a esos bellos campos y a la tranquilidad y a la felicidad de tiempos mucho más sencillos.
La animación, simplemente esplendorosa como siempre es el caso con Miyazaki. La forma en que le confiere movimiento a sus personajes y a los objetos, alucinante, pero aquí, sobre todo, se distingue el viento, a través de las nubes, las ropas y las hojas agitándose a su merced y los aviones alzándose hacia el infinito gracias a el.
Gracias por leerme.




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