"No hay segundos actos en las vidas estadounidenses".
——F. Scott Fitzgerald, "El Crack-Up"
Las adaptaciones cinematográficas de "El gran Gatsby" nunca fueron acertadas. La novela original está en todas partes y ocupa el segundo lugar en la lista de la Modern Library de las 100 novelas en inglés del siglo XX. Fue elogiada por el poeta y crítico literario T. S. Eliot como el "primer paso que da la ficción norteamericana desde Henry James" y sirvió como la elegía de la época del jazz. Su interpretación del sueño norteamericano trasciende el tiempo y logró llegar al plan de estudios de literatura en todas las escuelas secundarias de Estados Unidos. Así que, cualquiera que estudie en Estados Unidos conoce la historia.
En el verano del 2013, el cineasta australiano Baz Luhrmann se hizo cargo de "El gran Gatsby" por cuarta vez. Nos hizo retroceder a Long Island, Nueva York de los años veinte y ser testigos de una tragedia de exuberancia excesiva a través de los ojos del narrador Nick Carraway. Nunca dudé que Baz Luhrmann llevaría a cabo un espectáculo de una fiesta deslumbrante, ni siquiera antes de ver la película. La nueva versión de "El gran Gatsby" realmente sobresale con su presentación visual.
Catherine Martin, una de las productoras y esposa del director, supervisó la dirección artística de la película e incorporó vestuarios de Prada y joyas de Tiffany, que son un lujo para la vista. Las escenografías se alinean estrechamente con las descripciones de la novela original, desde el valle de las cenizas, una zona por la que se debe pasar entre Long Island y Manhattan, con sus carteles publicitarios deteriorados con pares de ojos inquietantes, hasta la mansión lujosa pero discreta de Tom y Daisy Buchanan. Mientras tanto, el castillo de Gatsby en West Egg transmite extravagancia y modernidad, ilustrando vívidamente el contraste entre la nueva y la vieja aristocracia. Y ni hablemos de las escenas de las fiestas bulliciosas donde el lujo está a plena vista, con los fuegos artificiales que iluminan el cielo y la luz verde que cruza la bahía desde la casa de Daisy Buchanan, brillando como un faro.

En cuanto a la tan criticada banda sonora de la que Jay Z fue el supervisor musical y el uso amplio del hip-hop, no es lo esencial del éxito o el fracaso de la película. Si insistimos en que se use música jazz de la década de los veinte para reflejar esa época de la película, entonces "Los Croods" ni siquiera debería tener canciones. Además, la película aclamada de Baz Luhrmann, "Moulin Rouge!: Amor en rojo", incluyó las canciones famosas de Nirvana, Elton John,Sting y hasta una versión de "Like a Virgin" de Madonna. Parece que antes, las objeciones eran menos vibrantes. El uso de la música contemporánea que los espectadores modernos pueden identificar fácilmente es uno de los estilos distintivos de la dirección de Baz Luhrmann para decodificar y recrear el esplendor de una época de hace cien años atrás. Mientras que todo sirva para la película en sí, es un intento interesante. Especialmente, cuando Gatsby lleva a Daisy Buchanan por la mansión, riéndose alegremente, la voz inolvidable de Lana Del Rey pregunta repetidamente, "¿me vas a seguir amando cuando ya no sea joven y hermosa?". Es triste, pero hermoso a la vez.
Mientras que el éxito visual de la nueva versión de "El gran Gatsby" se reconoce ampliamente, no podemos ignorar una de sus fallas fundamentales. Como lector del trabajo de F. Scott Fitzgerald, tengo que quejarme por la desconexión que hubo entre la apariencia y la esencia en esta adaptación. Esta vez, Baz Luhrmann colaboró nuevamente con su viejo compañero de guiones, Craig Pearce, quien coescribió varios de los trabajos más importantes de Baz Luhrmann, lo que incluye "El amor está en el aire", ""Moulin Rouge!: Amor en rojo" y "Romeo + Julieta, de William Shakespeare".
Puede que la afirmación de que es la "más fiel a la original" solo convenza a aquellos que no leyeron la novela original. Cualquier lector de "El gran Gatsby" puede detectar fácilmente las discrepancias que hay entre la película y la original, que se desvanece poco a poco. La película usa convenientemente una gran cantidad del texto original por medio de las interacciones entre el psicólogo y Nick Carraway, lo cual nos da la impresión de que estamos escuchando un audiolibro. Sin embargo, también acomoda y crea nuevos diálogos, como una de las frases de apertura más famosas de la literatura: "Cuando yo era más joven y más vulnerable, mi padre me dio un consejo en el que no he dejado de pensar desde entonces", que se cita parcialmente y la modificaron a "siempre intenta ver lo mejor de las personas".

Además, Baz Luhrmann omite unilateralmente todos los detalles que muestran la desilusión y los sueños rotos de Gatsby después de ver a Daisy Buchanan y lo retratan como una persona irremediablemente dedicada al amor. En la novela de F. Scott Fitzgerald, hacía mucho tiempo que Gatsby había descubierto todo acerca de Daisy Buchanan. Él es diferente a Jack Dawson de "Titanic" que no se ahoga. Está más despierto que cualquier otra persona. F. Scott Fitzgerald escribió en su novela, "Incluso aquella tarde tuvo que haber algún momento en que Daisy no estuviera a la altura de sus sueños, no tanto por culpa de la propia Daisy, sino por la colosal vitalidad de su propia ilusión. Su ilusión iba más allá de Daisy, más allá de todo. Y a esa ilusión se había entregado Gatsby con una pasión creadora, aumentándola incesantemente, engalanándola con cualquier pluma que tomara al vuelo. No hay fuego ni frío que pueda desafiar lo que un hombre guarda entre los fantasmas de su corazón".
Puede que el invitado de CNN, el crítico de cine, Tom Charity, haya hecho una crítica un poco dura sobre la caracterización de Baz Luhrmann, pero también es completamente cierta. Él cree que la comprensión que tiene Baz Luhrmann de las obras literarias siempre tiene una calidad "descaradamente romántica y apasionada superficialmente". Baz Luhrmann es un apasionado de esta novela y realmente ama al personaje de Gatsby. De todas formas, la amabilidad y misericordia del director hacen que la historia de Gatsby sea incompleta y que necesite una profundidad emocional más crítica. Sin la desilusión de los sueños, "El gran Gatsby" solo se puede convertir en una historia romántica de un millonario apasionado que persigue incansablemente a su interés amoroso.

Leonardo DiCaprio, que hace una entrada triunfal entre fantasías azules y fuegos artificiales, solo se puede ver como un millonario enfermo de amor de origen humilde. En cuanto a Carey Mulligan, que estuvo en "Enseñanza de vida","Shame: Sin reservas" y ahora en esta película, fue idónea para retratar a una chica materialista consumida por el deseo y la ingenuidad. De todas formas, no está a la altura de Daisy Buchanan por varios niveles de magnitud. Ella es una versión más amable e inocente de Daisy Buchanan. A su vez, Di Caprio es un Gatsby más apasionado en una historia fría, pero entibiada por Baz Luhrmann. Quizás cumplió su sueño como lector, pero traicionó la esencia de la novela original. En el punto culminante de la película, justo antes de que le disparen a Gatsby, suena el teléfono y él cree equivocadamente que Daisy Buchanan lo está llamando. Se cae en cámara lenta en la magnífica pileta azul, con una sonrisa en sus labios, una muerte que el director creyó que era apropiada. Pero en la novela, la burbuja explota de forma inequívoca. "Tengo la impresión de que ni Gatsby esperaba ya esa llamada, y de que probablemente no le importaba en lo más mínimo. Si esto es verdad, debió sentir que había perdido su antiguo mundo, su calor, y que había pagado un alto precio por vivir demasiado tiempo con un solo sueño".
En el epílogo de la película, Nick Carraway termina la novela, firma la tapa con una lapicera y conecta la historia con el autor. En realidad, F. Scott Fitzgerald no es Nick Carraway; él es Gatsby. Es difícil no pensar en la historia entre el escritor F. Scott Fitzgerald y su esposa, Zelda Fitzgerald. Cuando se conocieron por primera vez, Zelda Fitzgerald era una debutante de una familia adinerada, mientras que F. Scott Fitzgerald, al igual que Gatsby, era un militar desconocido. El amor se despertó y era profundo e inquebrantable. Claro, él no tuvo el atajo milagroso hacia el éxito que se retrata en la novela, sino que tuvo que encerrarse en la escritura para ganarse su corazón. Hubo que esperar a que "A este lado del paraíso" se convirtiera en un best seller para que Zelda Fitzgerald aceptara casarse con él. Se convirtieron en la pareja más glamorosa socialmente y desde Nueva York a París, vivieron la buena vida entre el vino, la música y las fiestas.
Para lo que ocurrió después, uno podría remitirse a "París era una fiesta" de Ernest Hemingway. Él creyó firmemente que F. Scott Fitzgerald nunca produjo otro gran trabajo después de "El gran Gatsby" porque la locura de Zelda Fitzgerald lo destruyó. F. Scott Fitzgerald, que estaba inmerso en la época de jazz más vibrante e indulgente, fue parte de esa época, pero también estaba alejado de ella. Estaba enamorado de los innumerables cambios de la vida, pero también se sentía asqueado por ellos. Amo su escritura porque es tierna y melancólica incluso en su época más próspera. Finalmente, a los 44 años, F. Scott Fitzgerald tuvo un infarto y murió en una mañana de diciembre en el departamento de un amigo suyo en Los Ángeles.
"El gran Gatsby" no escribió el final de Daisy Buchanan, que era descuidada e imprudente, pero sé cómo fue el final de Zelda Fitzgerald. Ocho años después de la muerte repentina de F. Scott Fitzgerald en Los Ángeles, hubo un incendio en el hospital psiquiátrico donde se quedaba Zelda Fitzgerald. Se dice que en ese día ventoso, se paró en el techo hasta que las llamas la envolvieron. Los enterraron juntos, y en su lápida está escrito el final conmovedor de "El gran Gatsby": "Así seguimos, golpeándonos, barcas a contracorriente, devueltos sin cesar al pasado".
Durante mucho tiempo, el sueño norteamericano era un concepto vago para mí hasta que vi, en el velorio de Gatsby, su cronograma preservado meticulosamente desde que era joven, el cual cumplía. De repente, me di cuenta de que el supuesto sueño norteamericano es simplemente la creencia que uno puede vivir una vida mejor a través del trabajo duro. Gatsby, que se percibía hijo de Dios, creía firmemente en este destino extraordinario. Cuando besó los labios de la niña bonita, Daisy Buchanan, por primera vez, toda la belleza que se imaginó en su vida se cristalizó en el símbolo más concreto. Mientras corras un poco más rápido mañana y estires los brazos un poco más lejos, algún día vas a poder tocar la luz verde que cruza la bahía. Gatsby es un tonto entre tontos y el más valiente entre los soldados.




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