Tan de repente: sobre César Aira, el comienzo de los 2000 y la inmediatez Spoilers

Tan de repente (2002) | MUBI

Tan de repente: sobre César Aira, el comienzo de los 2000 y la inmediatez

Tan de repente es toda una experiencia para cada persona que tiene la oportunidad de visualizarla. Es cierto, las películas nunca no movilizan distintas experiencias dentro de nosotros. Pero la creación de Diego Lerman actúa desde un accionar un poco más obligatorio. No demanda un sentir concreto y unánime para todos sus espectadores, pero definitivamente busca imponer que se posicionen con la mente y el corazón abiertos frente a la pantalla, dispuestos a absorber a los personajes y dejarse absorber ellos mismos por la diégesis.

La nueva edición del Bafici posibilita la oportunidad. Este año, trajo la ópera prima del director de Mientras Tanto de vuelta a sus salas. A pesar de tratarse de una película estrenada en el 2002, la cosmovisión que la rige goza de una actualidad atemporal, y refleja las personalidades de nuestra sociedad contemporánea con precisión absoluta.

La historia de Tan de repente gira alrededor de tres chicas. Marcia, una de ellas, es una adolescente del interior que hace seis años migró a Buenos Aires y lleva una vida monótona como cualquier otra: se despierta, trabaja en una lencería, vuelve a su casa y se va a dormir. Sin embargo, desde el principio notamos como las casualidades de su cotidianeidad le piden un cambio. Desde un nudista que la intercepta en el subte hasta el horóscopo de revista que le vaticina caminos desconocidos, notamos con claridad el presagio de una aventura impuesta.

Dicha odisea se materializa en la aparición de Mao y Lenín, una pareja de chicas punk que se consideran amantes, pero no lesbianas. Al contrario de Marcia, cada segundo de sus existencias son un imprevisto. Consiguen lo que quieren a través de pequeños delitos que las revisten de cierto carácter omnipotente, como si fueran las dueñas de la capital.

Cuando los caminos de las tres se cruzan por un ínfimo segundo, Lenín siente una atracción desmedida hacia Marcia, y la persigue para convencerla de intimar. De repente, como el título de la película indica, la insistencia de Lenín se proyecta hacia direcciones erráticas, y el trío termina involucrado en un viaje literal y metafórico que las transformará para siempre.

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Intertextualidades

La producción es interesante desde su punto cero, antes de ser relato propiamente dicho. Está basado en La prueba, novela corta de César Aira publicada diez años antes de la aparición de Tan de repente. La adaptación no es para nada prototípica, porque lo que Diego Lerman adopta del escritor no es tanto su historia, sino a las tres chicas que la protagonizan.


En el texto de Aira, el trío tiene el mismo encuentro fortuito que en su versión cinematográfica, pero, en lugar de embarcarse en la odisea con destino incierto construida por Lerman, entran a un supermercado y llevan a cabo un asalto excesivamente violento al local.


La narrativa está enmarcada en el contexto caótico del gobierno de Carlos Saúl Menem, en el que la crisis económica desató lo peor de la sociedad argentina. Las oficinas, los locales, y la calle, lugares anteriormente familiares, se volvieron espacios de constante peligro. Tan de repente retoma la narrativa del trío a partir del comienzo de nuestro milenio, cuando la crisis estalló con la renuncia de De la Rúa y su escape en helicóptero, dejando un país colmado de una sensación de incertidumbre apabullante acerca del futuro cercano y lejano.

Tan de repente | Bafici.orgEl presente y lo inmediato

Mucha de esta perplejidad se hace carne en las tres chicas. Sus conversaciones son ligeramente abstractas y, al mismo tiempo, sumamente concretas. No discuten detalles o nimiedades, solo lo esencial: quiero estar con vos, sos lo que estaba buscando, escapémonos a la costa, y más frases precisas que no dejan cabos sueltos.

Cada una de sus decisiones se elabora sobre el momento, y también lo hacen sus resultados. Desde robar un taxi para viajar a la costa atlántica hasta visitar a la pariente de Mao que vive en Rosario, la trama da la sensación de estar desarrollándose en vivo y en directo. Hay algo entrañable en el carácter urgente de todos los personajes que los hacen parecer atemporales. Sin importar cuantas veces se vea la película, siempre se descubre algo nuevo en sus urgencias.

Al principio, de alguna u otra forma, las tres siempre terminan consiguiendo lo que quieren. Se nos dibujan como las regentes absolutas de la diégesis, y entonces, llegan a la playa y se meten al mar. Esta vez, la cámara no las sigue de cerca. Simplemente, las captura mientras se alejan en el horizonte y se vuelven puntos minúsculos en el agua. Eso es parte de lo que la road movie debe enseñarles: su pequeñez en la infinitud del mundo.

BAFICI 2013 - Película | Tan de repente

Amalgama de reconciliaciones

El tópico de las sanaciones grupales e inesperadas no es un tropo originado en el cine argentino. Pero sus trabajos son de los que mejor supieron retratarlo ¿Cuántas películas nacionales vimos sobre extraños que se vuelven cercanos y sanan en el proceso? Muchísimas. Lo que es verdaderamente interesante son las investigaciones del audiovisual argentino sobre conocidos que, hasta el nudo de sus respectivas tramas, son desconocidos con algún lazo obligatorio.

En otras palabras, se trata de personas que se conocen, pero no lo suficiente. Extranjeros de sus propias relaciones. Padres e hijos, mejores amigos, parejas, compañeros de trabajo que nunca interiorizaron en los sueños, miedos y anhelos de sus contrapartes.

En Tan de repente, las chicas no se vuelven íntimas unas con las otras hasta que llegan a la casa de Blanca en Rosario. Allí, en compañía de ella y sus inquilinos, terminará el viaje en carretera de Marcia, Mao y Lenín, y comenzará su travesía espiritual. La dueña de la morada y su disfrute por los pequeños momentos gozosos de la vida serán vehículos de transformación esenciales en el proceso.

Como se mencionó anteriormente, la película no intenta generar un tipo específico de sensación, sino que busca suscitar el puntapié del sentir. De lo que sea. Pero, esencialmente, de comprender que aquellos elementos que nos vuelven lo que somos no están en los eventos monumentales de nuestra existencia. Todo lo contrario, se vislumbran brevemente en las minucias compartidas. Una merienda con nuestras abuelas, la apreciación de una pintura, un helado con un amigo, o una canción acompañada de un baile. En síntesis, todo eso que ocurre tan de repente.

Aunque La prueba, el título de la novela de Cesar Arias, fue modificado para su versión cinematográfica, hubiese sido igual de certero. En la pantalla grande, el trío de chicas no experimenta aquella prueba de amor metaforizada en el asalto al supermercado que se da en el libro, pero se enfrentan a una prueba para consigo mismas igual de intimidante.

El desafío es conocerse a fondo. Al principio del relato, ninguna de las tres chicas parece tener alguna clase de relación con sus “yoes” internos. Mao y Lenín toman la vida por los cuernos y existen para el afuera, la aventura y lo imprevisto de la capital. Marcia, todo lo contrario, se deja aplastar por este mismo aspecto y respira únicamente para realizar su sofocante rutina de todos los días.

La travesía las eyecta de este ensimismamiento carente de alma y las obliga a renacer como mujeres conscientes de sus cosmovisiones. El espectador viaja con ellas a través de sus aventuras y desventuras y, como suele suceder en gran parte del cine, se encuentra con un reflejo que propone la reflexión sobre la idiosincrasia propia.

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