Escrito sobre el viento: Lo que la pasión hizo de mí  

Hace un año hubo una retrospectiva completa de Douglas Sirk, al quien se considera como el padre del melodrama. Cineastas como Fassbinder, Todd Haynes o Pedro Almodóvar se han inspirado profundamente en la obra de Sirk, para llevar a cabo algunas de sus grandes películas. El caso de Fassbinder es el más notorio, hasta el punto que hizo un gran remake de Sólo el cielo lo sabe (1955) que llevó como título Todos nos llamamos Alí (1974); de hecho, me gusta más la versión de Fassbinder.

He de reconocer que en líneas generales no soy un gran entusiasta de Douglas Sirk, dado a que ese melodrama excesivo hace que me salga fuera de la historia en la gran mayoría de ocasiones. Alabo, cómo no, su gran puesta en escena y trabajo cromático, pero no me veo tremendamente seducido por su cine. Debido a mi admirado Jos Oliver, uno de los grandes divulgadores cinematográficos de nuestro país y gran asiduo al Cine Doré, decidí recientemente darle una nueva oportunidad a su cine, revisitar sus películas con una idea más clara de lo que me iba a encontrar en esta ocasión.

Oliver fue de los primeros en España en escribir sobre Douglas Sirk, llegando a escribir un libro dedicado a su cine. Recientemente, me comentaba como fue a ver Escrito sobre el viento (1956) cuatro veces seguidas, cuando la estrenaron por primera vez en España. Su devoción por Sirk y el gran respeto que le tengo como gran conocedor de la historia del cine, me llevó a comprarme el afamado libro de Antonio Drove: Tiempo de Vivir, Tiempo de Revivir. Un libro que recoge las conversaciones que tuvo Drove en Lugano con Sirk, que cuenta con un prólogo escrito por el gran maestro Víctor Erice y un epílogo de Miguel Marías.

Es por ello que me he decidido a volver a ver Escrito sobre el viento (1956), para ver si podía cautivarme esta vez. Aunque sigo teniendo mis problemas, he conseguido disfrutarla medianamente y vislumbrar detalles que fui incapaz de reconocer en el primer visionado. La película está basada en la novela de Robert Wilder, con guion de George Zuckerman. La cinta retrata la manera tan autodestructiva a la que puede llegar el ser humano, cuando se ve desbordado por sus pasiones. Ese título tan poético alude a esa sensación de verse traspasado por lo inevitable, por aquello que sobresale tarde o temprano en nosotros mismos de la peor manera posible.

La película está protagonizada por Lauren Bacall, Rock Hudson, Robert Stack, Dorothy Malone, Russell Metty o por Joseph Granby, entre otros. Escrito sobre el viento (1956) fue nominada a tres Oscars el año de su estreno, ganando el de Mejor Actriz Secundaria por la interpretación de Dorothy Malone. En España se puede encontrar disponible para su visionado en Prime Video y en Filmin, mientras que en LATAM desconozco en que plataforma de streaming está disponible actualmente. Agradecería que alguno que lo supiese, lo dejase en la caja de comentarios.

Y de repente, tú

Creo que Sirk ante todo este es un esteta, lo cual respeto. Hay un brillo en sus primeros planos, difícil de replicar. Siempre se habla de su gran trabajo a nivel de cromatismo, lo cual es cierto y que solo es igualable a lo que hacia Minnelli o Visconti. Pero hay algo que me resulta muy genuino, excepcional en él, que no se puede encontrar en ningún otro cineasta y que tiene que ver con una pasión efímera que transluce en pantalla, algo que se vislumbra en momentos fugaces.

Hay instantes, como cuando Lauren Bacall mira con emoción a Robert Stack que sí encuentro ese esplendor, pese a que lo histriónico y lo excesivo del estilo de Sirk me tire para atrás. Pero lo que es indudable es que hay un cineasta con una idea clara de la puesta en escena que quiere llevar a cabo, con un imaginario muy particular en el que entras o no pero que es muy propio. Los melodramas de Sirk llevan un sello único y particular, en el que el sexo, la codicia, los problemas familiares o los prejuicios toman lugar en una vorágine autodestructiva.

Todo eso está en Douglas Sirk, con esa esencia trágica que hace que el relato sea devastador y el cual no te genera ni ápice de indiferencia. A mí lo exacerbado me desquicia muy rápido y él era el rey en ello, pero creo que más allá de su gran puesta en escena y lirismo visual, hay alguien que no cae tanto en la ingenuidad como temía. Ese arranque tan impulsivo de la gran mayoría de sus personajes, lo encuentro carente de lógica y a la vez lo veo como el retrato más humano que se puede llevar a la gran pantalla.

Una balanza que funciona

En cuanto a interpretaciones, me encuentro en ese grupo que prefiere aquellas más contenidas, más pasadas por alto, que las que se hacen notar en escena. Dorothy Malone pudo ganar un Oscar, pero la que realmente está increíble es Lauren Bacall, en un papel que exige de tal contención y a la vez de tal emotividad que me genera una admiración profunda por ella. Supongo que en el mundo de Douglas Sirk, las interpretaciones que destacan son las que ejercen actrices como Malone en este caso, pero yo siempre encontraré más gratificantes aquellas que no suplican de atención del espectador.

Rock Hudson y Lauren Bacall son la parte que mantiene el equilibrio del dramatismo que propone Sirk, en contraposición de lo que acontece con Robert Stack y Dorothy Malone que son la parte más histriónica e insufrible de la cinta. Aunque hay algo en Stack que consigue llegarme, no consigo creérmelo del todo con esas maneras de moverse y esa expresión tan melodramática que desprende de principio a fin. Es simplemente demasiado para mí, pero aun así mucho más llevadero de lo que vemos de Dorothy Malone. Rock Hudson es la otra parte que consigue dar equilibrio a los conflictos y al dramatismo exacerbado que vemos en pantalla.

Lo imaginado y lo imprevisto

Aunque me resulta una obviedad el final de Escrito sobre el viento (1956) no puedo negar su grandísima belleza. Es un logro cinematográfico que consigue una vivacidad de la que pocos son capaces de verse dotados. Douglas Sirk es el mejor capturando esa emoción, ese culmen máximo de la pasión que se contagia con ese juego de luces tan luminoso y tan particular del director, que hace que todas las películas de Sirk sean inconfundibles visualmente, al igual que eran las de Fellini o las de Minnelli, entre otros.

Escrito sobre el viento (1956) es un melodrama que funciona en su propuesta, pese a ser evidente la dirección en la que va a torcerse la historia. Es un retrato formidable de la decadencia de la década de los cincuenta en Estados Unidos, a la vez que consigue convulsionar toda esa pasión envalentonada que reside en sus personajes. El juego cromático y de iluminación es de una belleza excepcional, genuina y a la altura de pocos cineastas. Sirk, ante todo, es un esteta que sabe vestir a sus películas con el mejor de los trajes. Una película que crece más y más con cada visionado. Gracias Jos, por hacer que vuelva a reencontrarme de una manera más amigable con Sirk.

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