Mete gol gana 

Érase una vez, en Los Ángeles. 2005. Entrega de los Oscars. Jeremy Irons entrega los premios a mejor cortometraje. A diferencia de otras entregas, en aquellas épocas donde el evento más que una gala de hipercorrección política corría riesgos y era entretenido de ver, Jeremy se pone con el micrófono entre el publico, y la cámara viaja de su cara a los nominados que estaban sentados uno delante del otro. Van presentándolos uno por uno, y el cuarto está dormido. Cuando lo mencionan, se despabila y rápidamente saluda. Se escuchan las risas alrededor. El hombre no gana.

Dos años después, luego de otros cortometrajes, entre ellos uno fundante de un futuro largometraje y una serie exitosa, realiza su primer largometraje llamado Eagle vs. Shark. Continúa con una serie de culto que hasta el día de hoy sigue dando que hablar, llamada The Flight of the Concords. A los tres años del primero, realiza su segundo y laureado largometraje Boy. Si luego se dedican a observar la cronología de sus realizaciones, entre cortometrajes, series y películas, este director ha filmado prácticamente todos los años de su carrera. En el 2014 estrena la película que extiende aquel corto antes mencionado, y se vuelve pública lo que es a mí gusto uno de las mejores comedias que vi en mi vida: What we do in the shadows. Cuatro años después, en el 2019 se estrena una serie basada en dicha película. Luego de este inolvidable mockumentary sobre vampiros, en el 2016, estrena una bellísima película llamada Hunt for the Wilderpeople. El hombre ha sido parte de un próspero y reconocido grupo de comedia en su país Nueza Zelanda (devenido luego en dúo), y es sin dudas la comedia el canal a través del cual él ha dejado desde sus inicios, su sello en todo los relatos. Aún en aquel que trata sobre uno de los episodios más terribles de la historia humana, interpretando él mismo a un patético Hitler desde la imaginación de un niño. Habiendo convertido a Thor en el remanso cómico inesperado y fundamental para las películas de superhéroes, y volviendo sus dos películas (siendo la primera absolutamente superior a la segunda) una huella diferencia en el universo Marvel.

Un año después de Love and Thunder (la segunda entrega de Thor) el realizador regresa a su tierra, recupera el sistema de producción previo a trabajar en enorme industria de Hollywood, invitó a trabajar entre algunos reconocibles intérpretes a Michael Fassbender, Will Arnett y Elizabeth Moss, se sirvió de una muy particular historia real, e hizo en el 2023 Next Goal Wins. Señoras y señores, con ustedes Taika David Cohen, o como nosotros lo conocemos, Taika Waititi.

Un rebelde sensible suelto en Hollywood.

El origen

En el año 2014, dos directores británicos dirigen un documental sobre la selección de futbol de Samoa Americana, considerada hasta entonces la peor selección de la historia. En el 2001, pierden 31 a 0 contra Australia en las eliminatorias para clasificar al Mundial del año siguiente. Mucho tiempo después, luego de una maldición imborrable de años y años, se proponen clasificar al mundial del 2014 en Brasil. Para intentar lo imposible, contratan a un director técnico alemán-estadounidense llamado Thomas Rongen. Basado en ese documental, sobre aquella historia real, nace también la ficción del año 2023. Solo que esta vez, es contada desde la tan irrepetible mirada de Taika Waititi.

Con la estructura, el tono y los colores de una fábula, con el comienzo y el cierre (post créditos) de un cura narrador hablando a cámara interpretado por el mismo director, es contada la increíble aventura de la selección de Samoa Americana.

Aunque el narrador y algunos de los personajes lo explican muy claramente, Samoa Americana es el territorio estadounidense de la isla de Samoa. Es decir es un estado no incorporado por los Estados Unidos pero que mantiene vivas su tradiciones. Y desde esas tradiciones es que florece el potencial del relato y de la película en sí.

Michael Fassbender, actor completo y complejo si los hay, encarna a Thomas aportándole liviandad cuando el relato lo demanda, y peso cuando orgánicamente el relato lo pide. Es a través de los ojos de ese personaje tan particular, parco y conflictuado, que conoceremos la isla y su filosofía de vida. Es también a través del arco de ese personaje, que la fábula cumple su cometido y desliza, por qué no, una enseñanza de vida. O al menos, una sugerencia de cómo sería mejor intentar vivir.

Samoa Americana es un personaje colectivo de individuos ricos en su simpleza, profundos con poco, simpáticos y emotivos con un solo gesto en el momento correcto de la musicalidad del relato. A través de los personajes del equipo y de la isla, dejaremos de ser junto a Thomas simples foráneos. Existe en esa forma de tomarse la vida, en el poder de la fe y la espiritualidad tan central de la comunidad, que lo particular de sus tradiciones se vuelve universal. ¿Qué importa ganar en el futbol, si para eso hay que sacrificar la propia felicidad?

Taika no se queda con una readaptación new age occidental de los valores de Samoa Americana. Plantea con humor y respeto los límites aspiracionales que tiene una isla, la excesiva rectitud de lo ritual, los descuidos que implica vivir despojados, o incluso la cantidad de trabajos que tiene un solo jugador de fútbol o el presidente de la federación (que también es cámara del único programa de televisión, y gerentea un restaurant). Es decir, no todo es color de rosas en una vida despojada, pero que tanto más maravilloso pareciera vivir conectado más con uno mismo, con la espiritualidad, con la propia comunidad, que con las heredadas y vacías aspiraciones materiales. O que mejor resulta alejarse de las comparaciones con los otros (cada deportista entre sí, el equipo con los otros, la región con el occidente) en una especie de carrera con metas artificiales. Es en ese alejarse de las exigencias y en conectarse con otros valores que no había conocido, que Thomas tendrá la posibilidad de redimirse consigo mismo. La redención de esta fábula, no es hacia afuera, hacia los demás. No tiene que ver con que ser perdonado, sino con perdonarse y aceptarse.

Admito que no he visto el documental y no conocía esta historia real hasta ver la película. Creo que si no estuviera respaldada por ello, pensaríamos que lo narrado está cargado de estímulos y los hechos sonarían inverosímiles. Porque además de la épica y la belleza propia de la isla y sus tradiciones como esencia del camino epopéyico a recorrer, en el equipo también esta la primera jugadora transgénero en participar de una selección oficial por las eliminatorias para clasificar al mundial. Pero no. La realización se ocupa estéticamente (en todos las dimensiones de la ejecución de la estética audiovisual) de coronar a la historia como lo que es: una auténtica fábula.

El valor artístico de lo simple

No he hablado con mi círculo de gente sobre esta película, pero en especial en el rubro del arte, lo simple no es visto más que como algo simple y condenado al olvido. En una época donde todos los canales de la vida se aceleran y además nos obligan a ir sobrecargados, quizás al arte hay que pedirle que se rebele con menos. Que no discuta desde el intelectualismo, sino desde lo pulsional, lo necesario, lo emocional.

Lejos está de ser Next Goal Wins una genialidad de película. Hemos visto muchas a lo largo de la historia que combinan la épica del deporte con comedia. Varias han caído sobre el regodeo del melodrama, del golpe bajo, aún siendo comedias. Pero tantas otras que han respetado esta combinación particular del subgénero de la épica deportiva con la comedia, se han refugiado para siempre en la memoria. Películas que veíamos de chico, películas que vemos cuando queremos aliviarnos, sonreír, reír, llorar. Películas que apuestan al infinito poder de la sencillez.

Next Goal Wins, a través del sello de Taika Waititi, es una fábula correcta, sumamente disfrutable, que demuestra que lo sencillo tiene mucho más alcance que lo ornamentado para los laureles de festivales de cine prestigiosos, o lo sobrecargado de efectos para justificar el dinero en negro de tantos productores de las industrias de cine. Es lo que es: un sincero bello momento.

Chesi

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