Rocky Horror Picture Show: un musical sin fecha de caducidad 

The Rocky Horror Picture Show Malba

Rocky Horror Picture Show: un musical sin fecha de caducidad

Tim Curry. El baile del “Time Warp”. El castillo queer. El Frankenstein más hermoso jamás visto. Si hubiese que listar los elementos de The Rocky Horror Picture Show del más icónico al menos recordado, no existiría unanimidad que valga para hacer de ese ranking una realidad. Desde la primera escena hasta la última, la película de Jim Sharman exuda cultura de ayer, hoy y siempre. Miles de musicales para el cine se han hecho desde su estreno, e incluso se realizaron remakes del mismo, pero Tim Curry y su séquito de desquiciados extravagante parecen incapaces de encontrar una competencia digna.

Al día de hoy, no hay un solo año en el que la producción no se haya proyectado, por lo menos, en los días de Halloween. Sus fanáticos asisten a las funciones vestidos como los personajes, e incluso les responden a sus diálogos con chants que fueron establecidos como cancionero inamovible con el pasar de los años.

Cualquiera que viese el film pensaría que no se hizo en 1975, y puede que allí radique gran parte de su encanto. The Rocky Horror Picture Show no tiene una fecha de vencimiento, y nunca la tendrá. Décadas en el futuro, seguirá siendo el modelo base para todas aquellas creaciones que busquen salirse del molde. El único problema es que, por su éxito, dicha “salida del molde” fue establecida por Jim Sharman mismo, y nunca nadie podrá dar vida a algo más original.

The Rocky Horror Picture Show (1975)

La auto-parodia

La herramienta esencial que diferencia a The Rocky Horror Picture Show del resto de los musicales es que aloja su gracia en el poder de reírse de sí misma. El género teatral suele ser excesivamente solemne, y se regodea hasta el hartazgo en su opulencia generada por sus barítonos y sopranos de ensueño, sus vestuarios millonarios y su escenografía de elegancia irreal. La producción de Tim Curry quiere ilustrar lo completo a este caso, por ende, lo humilla hasta los extremos.

Brad Majors y Janet Weiss cantan su canción de amor, mientras los empleados de la Iglesia limpian el lugar detrás de ellos. Dr. Frank-N-Furter serena a Rocky Horror mientras este escapa aterrado de su presencia. Frank se muestra legendario en su motocicleta y, detrás de él, Frank lo persigue con una motosierra. Cada una de las escenas exhibe una desorganización y caos exquisitos, que se burlan una y otra vez de los musicales controlados hasta el más mínimo detalle.

Además, todos los personajes son ridiculizaciones de los arquetípicos prototípicos del género. Emulan su mismo carácter puro, pulcro y virginal que los hace irreales, pero lo llevan hasta el exceso infinito, logrando así una parodia de las que ya no se hacen en nuestros tiempos.

Silent Cinema Presents: 'The Rocky Horror Picture Show' at Strawberry Hill  House | Things to do in London

Dr. Frank-N-Furter

A pesar de la cantidad inagotable de logros técnicos y temáticos de Rocky Horror Picture Show, lo cierto es que no podría haber conseguido ni una partícula de su éxito sin Tim Curry. El actor debutaba por primera vez en la pantalla grande, y cada segundo de su performance demuestra cuan consciente estaba él de aquel hecho. Le pone voz y alma a Frank-N-Furter como si se tratase de la última interpretación de su vida y, en cierto sentido, lo fue. Su carrera es de las más prolíferas en la industria, con más de 200 series y películas en su haber. Pero ninguna de ellas fue tan impactante como el trabajo que llevo a cabo en el musical.

Dejando de lado su interpretación, ha de subrayarse que el personaje es, por sí solo, revolucionario. En 1974, un científico loco transvestido solo podría haber sido producto de una imaginación fuera del tiempo y espacio de aquella época. Incluso, su creación altamente disruptiva se retrotrae un poco más atrás, a 1973, ya que se basa en la versión teatral homónima ideada por Richard O'Brien en aquel entonces. La obra tuvo que enfrentarse a rechazos masivos en muchos de los países en los que se presentó (¡Argentina incluido!) pero aun así logro sobrevivir a cualquier tipo de amenaza, y hoy, Frank-N-Furter se erige como uno de los baluartes más importantes del arte queer.

Él le escapa a cualquier tipo de casillero y definición. Es un hombre gay, pero, contrario al imaginario general de la época, está muy lejos de ser el arquetipo de hombre afeminado y pasivo que en aquel entonces hacía reír a la homofobia de la sociedad. Se trata de un hombre sumamente masculino, casi a lo Marlon Brando, que tiene bien en claro sus propósitos en relación con el castillo, sus sirvientes, sus invitados y su Frankenstein rubio. Tampoco tiene una orientación sexual fija, simplemente se guía por el deseo del momento. Cada paso que da es tan impredecible como su persona, que sigue resignificandose a sí misma con cada paso que la comunidad LGBTQ+ da en pos de asegurar sus derechos.

The Rocky Horror Picture Show - Film | Park Circus

La escenografía y el vestuario

Uno de los aspectos más divertidos de The Rocky Horror Picture Show es que su escenografía y su vestuario no obedecen a ningún canon de dirección artística que se haya visto anteriormente. Quizá, podríamos definirlo como kitsch y/o camp, pero es bien sabido que esas categorías tienen más de indefinición que de concepto estático.

Cuando la pareja llega al castillo del Dr. Frank-N-Furter, esperan encontrarse con una construcción del tipo “Hammer Films”. Y lo hacen. De hecho, la producción de la película uso varios props de la Hammer para lograr sus escenarios. Pero, una vez que entran al salón principal, se encuentran con una fiesta colorida, donde los vestuarios de sus invitados no se alinean con ninguna clase de dresscode socialmente aceptado para los eventos festivos.

A medida que se adentran en las profundidades del castillo, el lugar se va convirtiendo cada vez más en un edificio de carácter sumamente único, que nunca podrá ser emulado. Desde una sala principal donde la mesa para la cena guarda un cadáver en su interior, hasta un salón de experimentos que puede dejar a las personas pegadas al piso, presenta una multiplicidad de sorpresas que nunca se termina. Cada vez que se revisita la película, se descubre algo nuevo del espacio, aunque sea un ínfimo detalle.


Y ahí es donde se encuentra el encanto de la producción, que también se logra por la adhesión de todas sus otras partes: la atemporalidad. A pesar de cumplir cincuenta años desde su estreno en el 2025, The Rocky Horror Picture Show se revitaliza en cada función que tiene en cada país del mundo y, al mismo tiempo, renueva su acuerdo con el espectador.


El haber suscitado que sus seguidores vayan a las salas vestidos como sus personajes preferidos y les respondan a sus diálogos en un coro unánime, son logros de un vínculo inigualable entre público y actores/actrices. Gran parte de los musicales de alta alcurnia suelen mirar a sus espectadores desde arriba, sin siquiera involucrarlos en un cruce de miradas, seguros de que son una especie de “plebe” cuando, en realidad, son la razón por la que las producciones teatrales pueden existir.

Como se mencionó anteriormente, el Dr. Frank-N-Furter y compañía siempre se encuentran devotos a su gente, a pesar de su temporalidad pasada, únicamente dictada por una mera fecha de estreno en 1975, que nada conoce de fenómenos culturales eternos.

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