Guerra Civil: Los disparos de una cámara  

Acto 1

Desde sus primeros planos, la nueva película de Alex Garland deja en claro que, si bien se centra en narrar un conflicto bélico en el interior de Estados Unidos, al director de Ex Machina (2014) no solo le importa la guerra en sí misma y sus consecuencias; este es un filme que se preocupa por cómo se relata la violencia. Las historias que se crean a partir de la desgracia, pero en especial las imágenes que registran la decadencia, el dolor, los últimos minutos.

En su línea argumental, el relato se cuenta como una road movie de supervivencia. El traslado del punto A al B, con un objetivo claro y dicha meta es tan valiosa para los personajes al punto que no les importa poner la vida en riesgo. Garland diseña personajes que funcionan como una familia, disfuncional sí, pero familia al fin.

Por un lado, están Lee (Kirsten Dunst) y Joel (Wagner Moura) ambos empleados de Reuters. La primera una experta fotógrafa de guerra, fría en apariencia y la cual lucha constantemente para que los conflictos que retrata no le afecten. El segundo es un reportero en busca de esas historias que casi nadie puede contar, hambriento de primicias, de estar en el lugar de los hechos para registrar detalles que solo se describen si se convive con el olor de la sangre. A su aventura, se unen de manera inesperada Sammy (Stephen McKinley Henderson), un viejo reportero, el cual parece más un estorbo que una ayuda, y Jessie (Cailee Spaeny) una fotógrafa novata, fan de Lee y que ve en ella un modelo a seguir. Una joven temeraria, audaz y con la valentía suficiente para tomar fotografías mientras los bandos contrarios buscan dar en el blanco.

Garland consigue crear entre los cuatro una dinámica que transita por varias etapas. Desde las reservas que Lee tiene hacia Jessie, hasta darse cuenta de que en la joven ve un retrato de sus primeros años. En gran parte, la película funciona porque este cuarteto se vuelve un grupo unido, que el espectador aprende a querer. La búsqueda de la información y de la fotografía perfecta forman una familia. Se aferran a ese lazo en medio de un país devastado, de sus propios parientes que parecen ajenos al desplome de un imperio. La locura de quienes se dedican a esta profesión quizá solo puede ser entendida por sus pares. Entre el amor a su trabajo y el ego, cabe también esa autodestrucción muy propia de los artistas. Consumirse en espera de la trascendencia. Así, Garland demuestra su maestría como escritor, en una historia que mantiene siempre la tensión y confecciona con delicadeza a sus personajes.

Acto 2

Por otro lado, la película también impacta desde sus aspectos estilísticos. Garland utiliza la arquitectura de Estados Unidos para exponer el discurso. El grafiti, edificios abandonados, estaciones de servicio secuestradas, centros comerciales que enfatizan no solo que el país está en guerra, sino también el fracaso de un sistema económico. Las universidades como centros para refugiados. Se genera un mundo narrativo que explica lo que ha pasado sin necesidad de ponerlo en la boca de los personajes. Garland hace que la audiencia se vuelva un pasajero más en este viaje, un pasajero que no sabe demasiado de cómo se ha llegado a ese punto, pero esa misma incomprensión la comparten los personajes. Al final de cuentas, ¿quién es capaz de explicar cómo alguien puede matar a un conocido de la infancia?

Pero incluso dentro de la fealdad hay belleza. La mirada de Garland es similar a la de Jessie o Lee. El ojo de fotógrafo atento a los detalles. En esa necesidad de que nada importante se escape, también hay tiempo para capturar una flor o la sonrisa de una Lee que parece haberse olvidado del gesto y Jessie sabe hacerlo surgir en un momento de calma, en un pueblo que parece fugado de la realidad, en ese espacio de ensoñación, en ese juego de espejos, alejado de las balas. Aquí, Garland construye una de las escenas más bellas del filme, lo cual también se consigue gracias a las destacadas actuaciones de una Dunst madura, alejada del glamur, ya dueña de su oficio, así como una Spaeny que resulta una revelación refrescante.

A esta mirada precisa de la obra, hay que sumar un oído atrevido. Los disparos aquí son crudos, realmente golpean al espectador. Un trabajo en el audio en el que no hay espacio para el maquillaje, la experiencia en este sentido se vuelve brutal y entre los intercambios de ráfagas también se experimenta el horror. A lo anterior, se suma una banda sonora en la que se reflejan las raíces de una nación que está despareciendo.

Acto 3

Garland también acierta en el tratamiento de sus temas. Muestra la presencia de la violencia, pero no se preocupa por diferenciar bandos. No hay una mirada sobre quién tiene la razón, no hay división entre buenos y malos, mucho menos en el campo de batalla donde lo que importa es seguir respirando. ¿Qué tanto están presentes los ideales mientras se aprieta un gatillo?

Lo que sí demuestra el texto, es el daño generado por el radicalismo, las posturas no abiertas al diálogo, ahí donde solo cabe una forma de comprender la realidad y en el querer imponer una verdad brota el daño. Garland entiende que los extremos conservadores y progresistas están demasiado cerca, al punto de casi mostrarse con el mismo rostro, al punto de volverse un mismo bando.

Cabe hablar del poder de las imágenes. De la importancia para la historia de registrar las escenas de la guerra. De cómo la hazaña es relevante en función de que es capturada; similar a esas imágenes que suelen exhibirse cuando Estados Unidos logra la muerte del villano en turno. Hay aquí una reflexión sobre esa necesidad de la imagen, de sus límites, de la invasión, del disparo de la cámara como una segunda muerte, como esa que da testimonio, la que evidencia el momento justo donde la mirada se torna ausente. Imágenes que tal vez no es necesario observar, ni guardar en la memoria (ni digital ni humana), pero que al mismo tiempo seducen, casi imposibles de rechazar, como si al verlas, se sintiera que se accede a todo, que nada se diluye.

A través de Jessie, Garland también muestra el arrojo de la juventud, pero también esa relación tan natural con la imagen, la constante convivencia con la fotografía en este mundo actual que parece duplicado, en donde se escribe más de una vida y una de ellas es la que nace desde el vientre de una cámara. Jóvenes anestesiados ante la violencia, más expuestos, más capaces de ir en búsqueda del éxito en menos tiempo. Disparar, disparar, disparar, captar cada instante, cada minuto sin importar el costo, como si la vida fuera un videojuego en donde es posible resucitar con tan solo apretar un botón.

Garland ha conseguido con su filme atrapar el tiempo como intenta hacerlo una fotografía. Este es un panorama atemporal, que habla del ayer de una nación, de su presente y de ese posible mañana. Un Estados Unidos que funciona como sinécdoque del planeta, de lo absurdo de la violencia y de esa verdadera muerte que es la insensibilidad, cuando ya ni siquiera se puede pensar en los demás, cuando la tragedia se torna costumbre, cuando solo resta sobrevivir.

Ficha Técnica:

Guerra Civil (2024)

Título original: Civil War

Dirección: Alex Garland

Guion: Alex Garland

País: Estados Unidos, Reino Unido

Calificación: 9/10

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