Revisitando Okja, una necesaria visión de un mundo en decadencia 

Desconectados. La palabra se puede traducir de muchas maneras pero es una sensación que últimamente la palpamos de manera universal. Nos hemos desenchufado tanto de nuestro entorno que muchas veces el admirar una montaña, oír el cauce de un río o simplemente el hecho de tocar un árbol parecen extraños momentos propios de la ciencia ficción.

En ese contexto se estrenó en el año 2017 Okja, la sexta película del reconocido director surcoreano Bong Joon-Ho, uno que siempre nos habla de las problemáticas actuales del ser humano y lo que le rodea, y que en esta ocasión (una vez más) nos juzga y apunta con el dedo con una más que soberbia lección de vida.

En ella se nos narra la historia de Mija, una audaz y cariñosa joven surcoreana que vive en la montaña junto a su familia humana, y también con Okja, su enorme y amistosa mascota con la que ha mantenido una relación por diez años y que también es parte de la familia. Okja parece un animal salido de las mejores películas de Hayao Miyazaki: su volumen y anatomía propio de una criatura temible por naturaleza contrasta con su tierna forma de ser. Por algo no es casualidad que Joon-Ho se haya inspirado en el realizador japonés, que también considera a la naturaleza como su más grande aliado.

En todos estos años desde que he visto la película me he topado con artículos algo pesimistas sobre la película, que remarcan lo disfrazado que se encuentra su mensaje ecológico y anticapitalista, y que también hacen énfasis en la mordaz crítica a la relación entre consumo y entretenimiento a la que nos hemos acostumbrado cuando de alimentación se habla. Por años (y me lo digo a mi mismo también) nos han vendido la idea de la “cajita feliz” de McDonald´s, los carteles de vacas pastando en las carnicerías y un sinfín de cursilerías baratas únicamente en pos de seguir manteniendo la rueda del sistema más cruel e inhumano que pueda existir en todo el planeta.

Esta ridícula e innecesaria máscara resulta ser representada principalmente en la película por dos personajes, Johnny Wilcox (Jake Gyllenhaal en modo histriónico) y Lucy Mirando (Tilda Swinton), un presentador y la co-dueña de una empresa dedicada a explotar y asesinar animales para el consumo humano. En ellos podemos ver reflejadas las peores miserias desde el costado más “corporativo” e insensible que tenemos como especie. Johnny no resulta ser más que un títere de Mirando, y a su vez ella una de las tantas responsables de la despreciable circularidad de la industria cárnica.

Una imagen vale más que mil palabras

Okja, tras muchos años rodeado de la naturaleza, ahora se encuentra con que debe volver al lugar donde fue concebido, ya que es el resultado de la experimentación humana. De Seúl a Nueva York sin escalas, la película nos muestra el viaje intelectual de Mija en donde se encuentra, casi se choca podríamos decir, ante los horrores del sistema en carne propia. Y es en esa cámara movediza que la persigue adonde sea que tenga que ir que también nos encontramos ante el otro polo de la situación: un grupo de jóvenes activistas decididos a desbaratar a la corporación ganadera y brindarle a la sociedad una mirada más justa y humana al respecto.

Joon-Ho mezcla elementos de la sátira, el drama familiar y thriller todo en uno para conjugarlo en una película tan entretenida como reflexiva. Un mensaje contundente sobre cómo tanto las decisiones individuales y colectivas pueden afectar el medio ambiente, pero, sobre todo, como pueden hacernos ver una realidad desconocida.

POR JERÓNIMO CASCO

6 de MAYO del 2024, 14.54 PM | UTC-GMT -3


¿DONDE SE PUEDE VER? ESTÁ DISPONIBLE EN NETFLIX


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