Acto 1

No podría decirse que El Planeta de los Simios: Nuevo Reino (Ball, 2024) es una película sin méritos. En sus diferentes facetas, cumple con lo que un filme de acción debe ofrecer; sin embargo, tras salir de la sala queda una sensación de intrascendencia, de que ante los ojos han pasado imágenes que muy difícilmente se graban en la memoria.
A nivel argumental, la cinta se propone como un reinicio. Noa, protagonista de la historia, es un simio joven que sabe muy poco del pasado; conoce lo básico de César, de sus batallas con los humanos, así como de sus enseñanzas. Vive en un clan apartado, el cual le da importancia a su lazo con las águilas, un grupo que parece desconocer los peligros que los rodean, como si vivieran en una especie de burbuja pacífica. A la par, está Mae, también joven, una humana que busca algo más que encontrar a otros de su especie y es en su misterio donde la trama suma preguntas e interés. Así, se presenta un doble camino de personajes relevantes con una nueva mirada y la película encuentra su oportunidad para establecer una conexión con la saga anterior (iniciada por Rupert Wyatt y continuada por Matt Reeves) pero también para partir casi de cero.
Es en las libres lecturas del pasado donde el guion de Josh Friedman -el mismo autor de la Guerra de los Mundos- (Spielberg,2005), presenta una de sus propuestas temáticas más interesantes. Las diferentes interpretaciones a los actos de César, a los documentos que narran su periodo, provoca una reflexión sobre cómo las sociedades contemporáneas suelen tergiversar las enseñanzas religiosas, de filósofos o grandes pensadores. La manera en la que el ser humano adapta ideologías a conveniencia. Este es uno de los temas más relevantes planteados en el texto, pero, así como en otros de sus aspectos, a Ball y Friedman parece no interesarles el ir más a fondo, profundizar, tomarse el tiempo para ahondar y todo se esconde bajo una capa de superficialidad. Lo mismo sucede con la relación que los humanos sostienen con la naturaleza y su tendencia a querer dominarla, a ejercer control, como si fuera una especie destinada a encontrar placer en la destrucción de su entorno.
Así, la trama adquiere la estructura de acción, pequeños descansos y vuelta a la acción, pero en esos momentos de calma no se genera la construcción suficiente para que el viaje emocional de los protagonistas se perciba natural y no empujado por los ritmos narrativos, por fórmulas que sugieren los momentos justos para que los personajes se transformen. En este sentido cabe aquí recordar la teoría de los siete pasos de John Truby, en donde el autor propone para evitar la evolución forzada, un viaje desde las debilidades y necesidades hasta las autorrevelaciones de los protagonistas, pero sin prestar demasiada atención a los tiempos narrativos establecidos por las diversas propuestas teóricas basadas en los puntos de giro de cada acto.
Acto 2

Los aspectos estilísticos planteados por Ball suman a esta idea de pulcritud, pero a la vez, de ausencia de estilo, de voz propia. Si Nolan o Villeneuve se han convertido en dos de los directores más relevantes de la actualidad y referentes en obras de grandes presupuestos, no es solo por la profundidad de sus ideas, sino porque en sus preocupaciones narrativas, en su trabajo de cámara, así como en cada uno de los detalles de la puesta en escena, se refleja un claro interés por establecer el estilo, la firma autoral.
No se pretende aquí que Ball (conocido por dirigir la saga de Maze Runner) posea las mismas aspiraciones, pero se percibe un filme en donde el director desaparece; la obra luce como si fuera compuesta por las intenciones de los ejecutivos. Por otro lado, las secuencias de acción pueden sentirse escasas para un filme de este tipo y cuando arriban no son totalmente trepidantes o frenéticas, además de ser predecibles, como si el espectador pudiera ir un paso adelante.
Así como la técnica de captura de movimiento es fundamental para la realización de esta película y es plausible por la gran expresividad conseguida para todos los personajes, al mismo tiempo se percibe como si el armado de las secuencias fuera generado por una Inteligencia Artificial; lo anterior puede extenderse a la totalidad de la obra, la cual es precisa, justa en sus ritmos, pero a la par carente de emotividad, de esa pasión necesaria para que una película dé el paso entre ser un producto realizado correctamente y comenzar a ser un trabajo que le pertenece a un autor, a un ser humano.
En este sentido, si el trabajo de Ball logra convencer es porque tanto a nivel narrativo como estilístico se sujeta a las ramas seguras y se posa sobre los manuales pero no mucho más. La tarea del director se reduce a dar el banderazo a un nuevo grupo de películas, lo cual parece casi seguro a menos que la recaudación de este reinicio sea muy lejana a las expectativas.
Acto 3

Una película como Nuevo Reino invita a la reflexión sobre ese cine que solo parece realizado para llenar salas, horas en las pantallas. Como si el público, al escuchar el nombre de una saga que ya conoce, fuera a asistir casi por compromiso; esa especie de cita con la base de seguidores, así como con esa audiencia dispuesta a divertirse un sábado por la noche, aquellos que encuentran en el cine un constante refugio.
Ball brinda una película insípida, de historia demasiado sencilla y con algunas incoherencias que distancian a la audiencia. Su filme se halla en ese lugar intermedio entre la acción y el drama. No se entrega a lo impactante como para que el espectador permanezca al borde del asiento, pero tampoco hay espacio para reflexiones, para que este relato funcione como un espejo de lo que el humano puede ser cuando está en juego el poder, la relación con otras especies, así como la tendencia a someter a los demás.
También hay una sensación de que el vínculo entre Noa y Mae apenas se ha presentado, es solo una prueba sin un gran desarrollo, y quizá es porque esto se tenga planeado para las siguientes entregas. Queda la sensación de obra incompleta, que apenas funciona por sí misma más allá de que el tiempo en pantalla (ciento cuarenta y cinco minutos) es el suficiente para que tanto la trama principal como las subtramas viajen en un sentido vertical.
Esta parece una oportunidad perdida, un signo de la falta de riesgo de estos tiempos, de la apuesta a historias ya conocidas aunque el aporte cinematográfico sea mínimo. Entonces, lo prudente es quedarse con Noa y Mae, dos jóvenes que cuestionan el pasado, que tienen la mirada puesta hacia adelante, con dos visiones radicalmente opuestas de lo que debería ser el futuro. Protagonistas polarizados, distantes, orillados a la disputa, pero que al mismo tiempo radica en ellos la posibilidad de la convivencia, de la paz. Ball y Friedman han instalado dos personajes, que, si se decide indagar en sus dimensiones, si se deja de ver esta saga solo como material para matar el tiempo, quizá, el vínculo entre simio y humana provoque incluso las lágrimas.
Ficha Técnica:
El Planeta de los Simios: Nuevo Reino (2024)
Título original: Kingdom of the Planet of the Apes
Dirección: Wes Ball
Guion: Josh Friedman, basado en los personajes de Rick Jaffa y Amanda Silver
País: Estados Unidos y Australia
Calificación: 6/10



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