El cine de acción es un género automáticamente asociado con términos utilizados de forma despectiva como "pochoclero" y "blockbuster", con una marcada tendencia a ser visto por elitistas cinéfilos como la antítesis de lo que ellos, bajo un criterio totalmente subjetivo, consideran "buen cine". Pero a mi parecer, detrás de una buena película de acción hay tanto arte, corazón e inteligencia cinematográfica como puede tener cualquier obra de otro género, y el clásico de 1987 creado por Jim y John Thomas y dirigido por John McTiernan “Depredador” es un perfecto exponente de ello.
Como buscar al Depredador en la jungla, hay más que a simple vista.
La película célebremente fundamenta su espectáculo en el enfrentamiento entre su icónico elenco contra la emblemática figura del cazador intergaláctico, pero construye sus cimientos en una base sólida y más profunda: una crítica al intervencionismo norteamericano y la glorificación que se le hace en Hollywood. Partiendo, desde el vamos, con ese icónico apretón de manos entre Arnold Schwarzenegger y Carl Weathers, podemos apreciar que el largometraje seguirá a un grupo de protagonistas muy claro, un grupo de hombres machos hipermusculados; un palpable exceso de testosterona y masculinidad muy digno de películas de acción de su época como Cobra (1986) o Commando (1984), con el mismo Arnold de protagonista. Dutch y su pelotón son enviados a una misión a Centro América, ya que aunque la ambientación de la película pueda recordar superficialmente a la guerra de Vietnam, la película toca más los chanchullos ocurridos en Latinoamérica durante el gobierno de Reagan, la clase de conflictos que el cine suele omitir.
Dicha misión del grupo protagonista consiste en eliminar a un grupo de "insurgentes" y rescatar a un blanco importante. Sin cuestionar las ordenes de sus superiores, se adentran en la selva, y con orgullo, sudor y plomo eliminan a los enemigos sin pestañar ni dudarlo dos veces. Hasta que el personaje de Weathers revela que la misión en verdad se trataba de un operativo de la CIA para eliminar a un agente soviético que se encontraba entre los insurgentes, cosa que el protagonista desconocía. Toda esta primera parte del largometraje funciona como típica película estadounidense sobre el ejército, o incluso, como el propio modus operandi del ejército en sí mismo. Invadiendo el territorio, atacando a los locales con un poder de ataque mucho mayor, destruyendo todo a su paso sin poner peros, y con el único objetivo (a nivel de narración) de montar un espectáculo sangriento sin mayor motivación que porque alguien de arriba así lo ordena; los personajes no lo cuestionan, y el espectador, por costumbre -instaurada por este tipo de cine-, tampoco. Pero luego de esta revelación que deja ver las verdaderas intenciones de la presencia del pelotón allí, es que se da un giro de 180 grados que vuelve la película en una obra maestra de su género.

Un terror invisible.
De a poco, la emblemática figura del Depredador empieza a marcar presencia. Como si se tratara de las almas de los guerrilleros caídos encarnando en algo superior, la jungla cobrando venganza de los invasores imperialistas que vinieron a arrasar con todo. Mediante planos subjetivos del antagonista, vemos su manera de analizar el entorno y a sus enemigos, su forma de moverse, y su avanzada tecnología. Vamos aprendiendo del depredador y la amenaza que supone, sin mostrarlo en su totalidad. Así, de forma orgánica, el terror en el agónico clima de la jungla se vuelve cada vez más tenso. La película de acción se convierte en una película de terror Slayer, y los soldados fortachones que todo lo pueden se convierten en victimas vulnerables, como si se trataran de torpes campistas adolescentes esperando a ser víctimas de Jason Voorhees.
John McTiernan utiliza la jungla y su fauna como un elemento para crear suspenso, un entorno en el cual aquellos personajes que parecían indestructibles, protagonistas de sus propios flicks de acción maximalista, ahora son capaces de caer en cualquier momento ante esta fuerza mayor que se camufla delante de sus ojos. Y al igual que ellos acabaron con los locales mostrando su poder superior, el depredador tampoco tendrá piedad a la hora de mostrar de lo que está hecho.

Sin mencionar la duología crossover con el Xenomorfo, Alien vs. Predator (2004) y Aliens vs. Predator 2 (2007).
Pese a que su primicia pueda dejarlos como personajes genéricos, lo cierto es que el pelotón tiene una buena construcción como grupo de protagonistas, contando con la suficiente personalidad, motivaciones y rasgos para que sean mínimamente memorables y para que nos preocupemos por ellos. Su líder, Dutch, interpretado por Arnold Schwarzenegger, es el eje de la película y el que terminara enfrentándose a la criatura. Los guionistas Jim y John Thomas deconstruyen el típico rol de héroe de acción que Arnie acostumbra interpretar, situando al personaje de Dutch en un principio como un ejército de un solo hombre, un soldado despiadado que tira frasesitas luego de matar. Pero el descenso de él y su equipo de su posición de machos confiados, hacia la paranoia y el miedo, es muy interesante por su juego de subversion.
Obviamente nuestro querido Arnold es Arnold y no se rinde, y en el último acto se ve envuelto en un combate donde, para vencer a la bestia que aterro y elimino violentamente a sus compañeros, deberá deshacerse de sus armas y no depender de tecnología, abrazando su lado más salvaje. La criatura muestra su faceta de guerrero, y también se desprende de su equipo para dar una batalla honorable con el humano. Solo así es que nuestro protagonista logra vencerlo, no sin antes preguntarle al Depredador en sus últimos momentos "¿Que demonios eres?"... solo para ser respondido con la misma pregunta.
Dutch se ve al espejo. Su similitud con el Depredador no se encuentra solo en el hecho de haberlo vencido pensando como una bestia, sino en que ambos representan lo mismo. El poder, el salvajismo de la violencia, el asesinato de los más pequeños desde lejos, camuflados, invisibles. Para los protagonistas, el depredador es invisible. Para el mundo, las acciones que haga el ejército en este tipo de operaciones, también lo son. Para el Depredador, la violencia es su naturaleza. Para Dutch, luego de tanto seguir ordenes, también lo es.

En síntesis, estamos ante película muy ingeniosa en su subtexto político, ofreciendo una crítica sutil pero muy presente del ejército. Y mediante esa subversión y mezcla de géneros, termina también deconstruyendo al cine de acción tradicional de la época, logrando algo distinto. La combinación de acción rimbombante y terror es brillante, creando una historia entretenidísima de principio a fin, con una dirección que aprovecha al máximo todos sus recursos. El Depredador, con ese diseño tan mítico y reconocible que porta, se consolido como un icono de la historia del cine, y su primera película como un clásico indiscutible con mucho mas para discernir de lo que se ve a simple vista.




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