'El vendedor de ilusiones: El Caso Generación Zoe' - Cómo estafar gente y no hacerse cargo Spoilers

Posiblemente si te digo Generación Zoe, Leonardo Cositorto o Zoe Cash algo se te puede venir a la memoria. El revuelo total (y más que justificado) de Generación Zoe fue la tapa en todos los portales no solo argentinos sino también en otras partes del mundo, ya que muchas personas de diferentes países fueron estafadas por Leonardo Cositorto y compañía.

Para ser claro y conciso, Leonardo Cositorto tenía una organizción 100% fraudulenta llamada Generación Zoe, la cual funcionaba mediante estafas piramidales, ocasionando que mucha gente pierda muchísimo dinero (hubo gente que depositó miles y miles de dólares y/o euros). ¿Qué es una estafa piramidal? Básicamente, es un fraude donde los ingresos provienen de reclutar nuevos miembros y no de vender productos. Todos en algún momento recibimos el mensaje de un amigo, familiar o persona que hace tiempo no hablábamos diciéndonos: “Hola querido/a, ¿cómo estás? Tanto tiempo… sabes que tengo una propuesta que te puede interesar”. Madre del amor hermoso, seguro les ha pasado.

Bien, El vendedor de ilusiones: El Caso Generación Zoe es la nueva película documental de Netflix en donde nos metemos de lleno en Cositorto y Generación Zoe, pero no como uno espera. La realidad es que el documental de Netflix nos deja a deber al menos la mitad. Si bien está genial la introducción y los detalles de la vida que nos van presentando sobre Leonardo Cositorto y su “ascenso y caída” gracias a Generación Zoe, termina sintiendose bastante indiferente este relato frente a los miles de videos de Youtube y publicaciones/columnas en diarios y canales de televisión.

Tal como lo expliqué en mi crítica de Nahir, El vendedor de ilusiones sufre la misma situación: La gran mayoría de nosotros conocemos la historia de Cositorto y Zoe, sabemos que lamentablemente mucha gente fue estafada, sabemos que hay mucho dinero que quedó en el aire y asimismo también sabemos que los culpables aún no tienen una condena, ya que el juicio aún no se llevó a cabo. Entonces, ¿por qué no se tomaron el tiempo de trabajar e investigar más detalles? En ese aspecto, el documental flojea demasiado.

Igualmente, hay que darle un punto, ya que el relato de cómo literalmente Generación Zoe fue una máquina de humo que parecía no tener techo, porque una cosa es estafar piramidalmente a la gente con frases motivacionales para que caigan en la trampa y otra cosa diferente es vender terrenos EN EL METAVERSO por un valor de miles de dólares. Eso es terrible, pero realmente terrible, y la verdad es que en ese aspecto el documental da en el blanco.

También no podemos dejar de lado como los más allegados a Cositorto se unieron a la "empresa" y ayudaron a arruinarle la vida a mucha más gente. Leonardo tenía una “especie de poder” para cautivar a la gente y que crean en él. Eso el documental lo expone de gran manera, incluso demostrando que sus socios y/o compañeros de trabajo incluso a día de hoy siguen defendiéndolo a capa y espada, porque según ellos “todo es culpa del sistema”.

Sin embargo, como dije en los párrafos anteriores, El vendedor de ilusiones se queda a mitad de camino. Uno quizás espera conocer más a fondo algunos casos de las personas que resultaron estafadas, o quizás sumergirse un poco más en las estafas piramidales y cómo incluso hoy en día siguen estando demasiado presentes en las redes sociales, pero la realidad es que sucede poco y nada de eso.

Como dato curioso y quizás lo más gracioso y lamentable, no solo Cositorto quiere denunciar junto a su abogado a Netflix sino que encima dentro del propio documental no se hace cargo en ningún momento de todo lo que el propio documental expone. En ese sentido, termina siendo aterrador que una persona así haya causado todo lo que causó y no sea capaz de hacer un poco de retrospectiva y hacerse cargo de lo que ocasionó.

|| Por Federico Martin Vargas

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