Sexo, dinero y posesión: Los pilares de las parejas icónicas en el cine erótico contemporáneo Spoilers

El “Síndrome de la Princesa de Disney” (la búsqueda del príncipe azul) ha sido reemplazado por uno nuevo -porque no importa que aspirar a una relación sana sea una tendencia fuerte en redes sociales, esta es muy ignorada en la realidad, pero sobretodo decapitada en las adaptaciones de la literatura erótica al cine. El caso más exitoso es el de -por supuesto- la trilogía de Cincuenta sombras de Grey que tiene como pareja “icónica” a la sumisa, humilde, ingenua Anastasia Steele (Dakota Johnson) y al dominante, multimillonario, atormentado Christian Grey (Jamie Dornan). Su amor es tan gris que por lo menos el gran consuelo es que él es muy rico.

Cuando fui a ver la película con mi mejor amiga, ambas esperábamos algo más que soft porn. Vaya, si quiero ver soft porn tendría que viajar atrás en el tiempo para sintonizar el Golden Channel. Debo de confesar que nunca leí el libro, pero el hype era tan grande que pintaba para ser Los juegos del hambre versión cachonda. Claro que fue un éxito en taquilla, pero esta pareja es icónica por las razones equivocadas. Si bien soy sex positive, la triste química entre los protagonistas estuvo a punto de hacerme considerar el celibato. ¡Qué sexo más aburrido! Si parte de la intención era invitar a la audiencia a que probara nuevas dinámicas en la intimidad y que las vaginas en la sala salieran húmedas al terminar la cinta, Ana y Chris consiguieron todo lo contrario: una dura resequedad sexual con cero ganas de probar el sadomasoquismo.

Su relación es icónica por la terrible química que existió entre los actores. ¿Dicen que el sexo es rudo o mejor cuando no te cae bien la persona? A ellos no les llegó el memo. La pantalla no miente. A pesar de los esfuerzos de la producción para consolidar el romance, solo vemos la evolución de Anastasia hacia una mujer más atrevida/intrépida y muy poco a poco el efecto que tiene ella en Christian, quien ya está dispuesto a amar a pesar de su controladora personalidad… Bellísimo.

Hace un año escribí “Por qué nos atraen los hombres tóxicos” para Cosmopolitan incluyendo ejemplos de personajes del cine y la TV que continúan consolidando la máxima incongruencia al despreciar su comportamiento, al mismo tiempo que se tiene un crush con ellos. Anastasia es una “víctima” más; impresionada por el poder o impacto que ejerce Christian sobre ella. Seamos realistas: Un atractivo acaudalado hombre se fija en ti, quiere poner el mundo a tus pies a cambio de que firmes un contrato para convertirte en su sumisa, ¿en serio le vas a decir que no? JA. Mucho menos en esta economía. Esa es la nueva fantasía.

Como segundo caso está el de la pareja menos vainilla conformada por Massimo Torricelli (Michele Morrone) y Laura Biel (Anna-Maria Sieckluca) en la trilogía de 365 días. Para quienes no haya visto este bodrio, en breve: Massimo se OBSESIONA con Laura y la secuestra con el fin de que se enamore de él en -sí, acertaste- 365 días, solo porque folla como un dios griego o un héroe mítico. Eso fue lo que entendí viendo escenas de sexo candente cada 5 minutos. Una casi porno con trama donde abunda el dinero, pues. Recuerdo que durante esa temporada vi algunos reels de mujeres de vacaciones en Italia con captions muy del estilo de “Llevo una semana en Sicilia y todavía ningún italiano rico y guapo me ha raptado”. Suena chistoso, pero como bien dicen, “Entre broma y broma, la verdad se asoma”.

Entiendo que el sexo es un pilar clave en una relación de pareja. ¿Que cargue con todo el peso de ella? No lo creo. La conexión entre el posesivo Massimo y la “rebelde” Laura es meramente física. Como decimos en México, no se dejan porque están enculados. No importa que él, tan macho, la trate como se le de la gana y que ella juegue a ser la mujer de carácter fuerte que no se deja. Su línea: “¿Crees que soy un mueble que puedes mover?” raya en lo soso. Lo peor es que no se percibe el mínimo rastro de amor entre ellos. La historia estuvo a punto de ser la de un playboy que termina casándose con una escort que conoció en un club. Son una pareja icónica solo por su compatibilidad en la cama… en la mesa, en el suelo, en la cubierta de un yate, en el último piso del Burj Al Arab.

No importa qué tantos estudios o encuestas demuestren que las mujeres están siendo más exigentes en la búsqueda de sus relaciones. Me consta que Christian Grey ni Massimo Torricelli fueron a terapia. Parece que el complejo de “Puedo cambiar o salvar a un hombre” (si es rico y atractivo, mejor) supera al número de red flags que tenga. Abajo el amor. El sexo es el rey. El príncipe azul está pasado de moda; lo de hoy es claramente dejarse seducir por el millonario perturbado. Al diablo tu salud emocional, al menos lujos no faltarán.

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