Una de las primeras películas que mi madre compró en VHS fue "El Grinch" de 1966. Y pensando en un villano para comenzar a escribir este artículo fue el primero que vino a mi mente. Es por eso, que al volver a verla hoy, me doy cuenta de que su animación es bastante rudimentaria comparada con los estándares actuales, que incluyen grandes efectos, diálogos elaborados y múltiples tramas.
Sin embargo, creo que lo me atrapó en aquel entonces de esa película, en la que su personaje principal permanecía casi en silencio acompañado por las distintas músicas y sonidos, era la malicia de este ser que se presentaba para arruinar ¡la Navidad! El Grinch estaba negado a ver a los niños del mundo felices con sus regalos de Papá Noel por una extraña razón: era el monstruo rechazado de la maravillosa villa de Whos en el Polo Norte.

Pero con el pasar de los años descubrí que todos en nuestras familias tuvimos alguna vez al Grinch o incluso nos convertimos en él por un breve período de tiempo. Creo que El Grinch viene a plantear que todos hemos experimentado momentos de cinismo o de aislamiento, y nos recuerda que siempre es posible cambiar y encontrar la felicidad a través de la conexión con los demás.
Un claro ejemplo de esto es cuando de niños esperábamos con ansias el reunirnos en familia en Navidad para ser adulados y sorprendidos por nuestros mayores. Además, era el único momento en que la familia, sea grande o pequeña, se tomaba un momento para volver a encontrarse en paz y armonía.
Con el correr de los años esta imagen muchas veces se va desdibujando por aquellos familiares que nos dejan en este mundo, aquellos otros que emigran, los que se pelean por alguna tontería, los adolescentes que se aíslan y los más grandes que se olvidan del amor en familia.
El Grinch es mucho más que un villano navideño, es un villano encantador al que todos terminamos queriendo y que seguramente invitaríamos a nuestra casa para sacarlo de esa soledad constante en la que vive en medio de las nieves eternas. Y también todos nos hemos convertido seguramente en algún momento en un Grinch cuando dejamos de pensar en los demás.
“Que atrevidos los Quienes al invitarme a visitarlos con tan poca anticipación. ¡Aunque quisiera hacerlo mi agenda me lo impediría! 4PM sumergirme en mi propia miseria, 4.30 PM contemplar el abismo, 5PM solucionar la hambruna mundial sin decírselo a nadie…”, grita el Grinch enojado en su reversión de principio del siglo que se ha vuelto viral en Tik Tok, justamente por retratar una realidad actual. Estar solos y alejarnos de las buenas acciones.
A través de las adaptaciones que le siguieron, como aquella personificada por Jim Carrey o la más reciente creada en dibujitos por los directores Scott Mosier y Yarrow Cheney, lograron darle su lugar al Grich como uno de los personajes más queridos y fascinantes del cine animado traspasando las generaciones con su mensaje.
Su viaje emocional ofrece un mensaje poderoso que es que la verdadera magia de la Navidad reside en las conexiones humanas y el espíritu de generosidad con los que nos rodean. Este villano encantador ha capturado nuestros corazones, recordándonos que, al final, todos tenemos la capacidad de cambiar y encontrar la felicidad en los pequeños momentos.
Y como me dice cariñosamente muchas veces mi pareja cuando: “¡Sos El Grinch!”




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