En 1973, se estrenó en el mundo la película de terror que marcaría un paradigma en la forma de contar historias en el género: El Exorcista, dirigida por William Friedkin. En aquel entonces los cines desbordaron no sólo la taquilla sino las emociones y las creencias.
A primera vista, quizá no ahora por el exceso de información, la película resulta secillamente aterradora; visualmente impactante y emocionalmente peligrosa. Puede, a mentes sensibles, causar hasta pesadillas, pero no sólo por las imágenes sino por lo que implica.
Por primera vez en la historia del cine se habla del demonio de manera directa y además muestra una parte de lo que puede ser y hacer. Ahí radica la magia y y el hechizo del por qué hay que verla una y otra vez.
El demonio llega a una casa donde hay una familia disfuncional, una niña aparentemente solitaria y un juego quizá intrascendente: la Ouija. Después los síntomas casi desapercibidos y el choque entre la realidad y lo innegable: sucesos paranormales. A medida que avanza la trama, el demonio se manifiesta de manera clara y aumenta el miedo, la angustia, el terror y en el espectador el horror, es decir, la fascinación morbosa de querer huir ante lo que da miedo y la expectativa de lo que viene…
William Friedkin lo sabe y recrea una escena cumbre en su trabajo fílmico. El demonio atenta contra la virginadad de una niña casi adolescente y profana el valor más sagrado quizá en este mundo, el amor por la madre: la toca, la agrede, la obliga a la obsenidad, la ultraja. La familia se destruye aún más…Después este ser maligno se ocupará de Dios.
La esperanza llegará con dos sacerdotes que serán atacados fuertemente por la entidad y haran ver a la iglesia católica como un jugete entre dos fuerzas que chocan por enésima vez: el bien y el mal.
Rito, creencia y fe aparecen tan sólo para sr destruidos paulatinamente y através de unpersonaje pequeño como lo es Regan.
Al final ese mismo demonio expresa su sorpresa ante la muerte del viejo sacerdote. Dios simbólicamente ha muerto y el mal, pareciera no entender su victoria, pero victoria al fin.
Cada vez que miras esta película pareciera que manda ideas nuevas en cada personaje, diálogos que cobran sentido distinto al de la primera vez, actitudes de personajes que encuentran una visión nueva en este filme redondo por donde se vea.
En 1973 el mundo estaba en plena época Hipie, amor y paz, comunas fraternidad y amor por el ser humano, por la solidaridad y la concordia y de pronto aparece lo no humano, lo intangible para decir no me veo, pero me perciben y existo.
Después de “El exorcista” vendrían cientos de filmes más con temáticas similares, pero la idea primigenia, emergida de una novela basada en hechos reales courridos en 1949, se ha quedado para generaciones posteriores que, a pesar de su escepticismo y falta de creencia, seguro, muy en el fondo de sus pocos valores, veran que eso que llamamos alma, peligra ante una entidad llamada Diablo…
Siempre el Demonio


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