Cine sin etiquetas: La importancia de representar cualquier forma de amor 

Todos los 28 de Junio se celebra mundialmente el Día del Orgullo LGBTQ en conmemoración a los disturbios ocasionados en el bar neoyorquino Stonewall en donde grupos con diferentes orientaciones sexuales se hicieron escuchar contra la policía sin miedo a ser arrestados. Este hecho, que se considera el primero en ser tan masivo e importante, dio lugar a que en diferentes zonas de Estados Unidos se esparciera la idea de manifestarse contra el sistema, algo que posteriormente se volvió global. Puede sonar polémico y hasta provocador que en el mismo día en el que se celebran estas cuestiones no ponga las siglas en el título de este artículo. Créanme, tiene una razón mucho más simple de lo que parece.

El cine siempre me pareció el refugio perfecto para mostrar el contraste que existe entre la hermosa intimidad y el entorno opresivo que, lamentablemente, siguen caracterizando a las personas que deciden salirse de la “norma”. Desde la pasión desenfrenada de Jack Twist y Ennis Del Mar en ‘Secretos en la Montaña’ hasta lo reprimido de Chiron a lo largo de las décadas en ‘Moonlight’, las historias de amor que se salen de los estándares suelen ser algunas de las que más nos conmueven. ¿Cuál es la fibra que nos toca el hecho de sentir una historia ajena como si fuera propia, aún cuando nuestras preferencias sexuales no sean las mismas? La empatía (esa que tanto falta en el mundo) es la clave para entender que, salvo algunas diferencias, todos atravesamos el mismo sentimiento cuando se trata de amar a otra persona.

¿Que nos intentan decir estas extraordinarias y (casi siempre) trágicas historias de amor a diferencia de lo que Hollywood intenta establecer desde hace más de 100 años? Existen excepciones a la regla como la trilogía de Richard Linklater ‘Antes de…’, la original y alocadad propuesta de Yorgos Lanthimos con su Langosta, el minimalismo de Fallen Leaves o la sensibilidad asiática de Celine Song con su emocionante Past Lives, solo por nombrar algunas. Pero durante mucho tiempo (y en la mayoría de los casos) se nos intentó inculcar dentro del cine una apología al idealismo romántico que nos cegó y blindó emocionalmente para distraernos de los problemas de la vida real.

Pensemos en el cine de los años 40 o 50 en Estados Unidos: la femme fatale, el detective que investiga la muerte de un hombre y la mujer del fallecido que se enamora perdidamente de él sin cuestionarse nada, la idea de mostrar a la mujer como la manipuladora de la relación, el machismo que inundaba las pantallas. Los tiempos cambiaron, pero sin embargo siguen empeñándose en formar un concepto del amor que yo considero fervientemente erróneo y desacertado.

Dolor & Gloria, de Pedro Almodóvar

Cuando pienso en algunos de los romances modernos que nos ha dado el cine (y que personalmente más me emocionaron) siempre me encuentro a mi mismo celebrando historias LGBTQ, aunque no necesariamente todas las películas con esta temática me terminen encantando (como el ejemplo de la reciente Love Lies Bleeding ). ¿Por qué será? Los títulos hablan por sí solos:

Y la lista podría seguir…

Happy Together, de Wong Kar-Wai

Existe algo en la fuerza interna por deshacerse de lo prohibido, en la necesidad de querer romper barreras y prejuicios y en el esfuerzo que estas relaciones generan para poder no ser machacadas que simplemente me hacen erizar la piel. ¿Será que estamos tan acostumbrados a que las cosas deben ser de una manera, que cuando logramos salir del caparazón social y ver cómo estas personas logran formar lazos inseparables nos preguntamos porqué cuanto odio y prejuicio hacia ellas? En Happy Together de Wong Kar-Wai dos hombres deciden irse a la Argentina en busca de nuevos horizontes, pero al llegar allí se encuentran más separados de lo que estaban antes de llegar. El director cantonés nunca nos muestra si es que su China natal les afectó en la relación o simplemente siempre fueron así, pero el escenario es real. La desidia es real. Y sobre todo, el dolor es real…

En definitiva, mayoritariamente el cine independiente (supongo que por una cuestión de cual es la audiencia a la que apuntan) siempre fue el encargado de mostrarnos el otro lado del amor, el lado B. No deberíamos categorizar al cine romántico. Las decisiones sexuales, fuesen cuales fuesen, creo que no merecen etiquetas. La libertad de elegir hoy en día es un riesgo, eso creo firme y lamentablemente que es así, pero también creo en el poder de estas historias que para mi, son mucho más que películas LGBTIQ: son verdaderas historias de amor.

POR JERÓNIMO CASCO

28 de JUNIO del 2024, 01.28 AM | UTC-GMT -3


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