Buenos Aires tiene un grupo de cinéfilos (parte uno) 

1.

Un viernes a las 18.30, inmediatamente después de salir del trabajo, corrí directo a un café que queda en el lado suroeste de Barrancas de Belgrano. Cuando llegué, me encontré con mi amigo Fredy Friedlander y sus dos compañeros, que me habían estado esperando durante un rato. En la mesa, había alrededor de diez películas Blu-ray, perfectamente ordenadas, entre las cuales se encontraba Alma de mi alma (1952), La acusada (1949), Cartas a mi amada (1945), El último tren de Madrid (1937) y Las luces de Broadway (1925). Eran de Alfredo Villanueva, un cinéfilo, amigo de Fredy que acababa de recibir las películas de parte de un amigo en Nueva York. Aunque me considero un cinéfilo experimentado, apenas si había escuchado hablar sobre aquellos primeros films desplegados ante mí. Sin dudas, el que las colecciona es un verdadero fanático de las películas. "Alfredo es un experto absoluto de las películas clásicas de Hollywood. Él y yo somos coautores del primer volumen de El canon del cine norteamericano", dijo Fredy al presentar a su amigo un tanto tímido que estaba al lado suyo. "Pero, en realidad, se dedica a la administración hotelera".

Alfredo recibió un montón de discos Blu-ray de películas viejas de Hollywood

Alfredo tenía que hacer algo en casa y, por eso, se fue temprano. Como es común entre los argentinos, sacó una lapicera y lo primero que escribió en una servilleta fue "fanático de Arliss", seguido de su número de celular y su correo electrónico.

"¿Qué es Arliss?", pregunté, curioso por saber de "qué" era fanático.

"Es George Arliss, el primer actor británico en ganar un Óscar por su actuación. Interpretó al primer ministro Benjamin Disraeli en Disraeli (1929). Más tarde, protagonizó muchas películas biográficas famosas", nos explicó Alfredo antes de irse.

2.

Fredy, de setenta y nueve años, fue el puente a través del cual conocí a este grupo de cinéfilos argentinos. Lo conocí hace poco, en el Festival de Cine de Cannes.

El primer día del festival fue relativamente tranquilo. Todavía no tenía que hacer malabares entre las proyecciones, los artículos y el descanso, ni tenía que revisar mi celular cada unos pocos segundos para buscar información mientras esperaba en la fila de las películas. Justo en ese momento, escuché a un par de personas hablando en español y a un hombre mayor que mencionó "nuestras películas argentinas". Como yo planeaba visitar Argentina después del festival, los interrumpí inmediatamente y les pregunté: "Discúlpenme, ¿son de Argentina?".

Esta pregunta marcó el comienzo de múltiples encuentros y conversaciones profundas con Fredy durante el mes siguiente, lo que, a su vez, expandió rápidamente mis conexiones culturales y sociales en Buenos Aires.

"Este es mi 39º año consecutivo en el Festival de Cannes", alardeó Fredy con su historial de asistencia ilustre durante nuestro segundo encuentro en Cannes. También tenía una credencial adicional, que le permitía entrar libremente a las diversas salas de proyecciones de los expositores, ocultas en el subsuelo del Palacio de Festivales y Congresos de Cannes. Además, seleccionaba posibles películas para que una compañía distribuidora argentina las distribuya.

Ese día, habíamos visto la nueva película Grand Tour del director portugués Miguel Gomes, una adaptación del cuento "Mabel" del autor británico William Somerset Maugham. Esta película trata sobre una mujer que busca incesantemente a su esposo, el cual le tiene miedo al matrimonio, y que está ambientada en Asia hace un siglo atrás. Mientras estábamos en la cresta de la ola de nuestra experiencia visual, Fredy recordó su propio "grand tour" de principios de los años ochenta con su segunda esposa. "Buenos Aires, São Paulo, París, Berlín, Moscú, Bali, Hong Kong, Shenzhen, Busan, Tokio, Hawái, Los Ángeles, Nueva York, Buenos Aires...viajamos alrededor del mundo, pero nos tomó mucho más tiempo que el viaje que hizo el protagonista de la novela de Julio Verne, La vuelta al mundo en ochenta días".

Póster de Grand Tour

Después de regresar a Buenos Aires, quedamos en encontrarnos nuevamente en el barrio de Recoleta, donde vive Fredy. Esta vez, tenía aún más logros de los que jactarse en Cannes. Él había visto un total de cuarenta y cinco películas, había escrito once artículos y había facilitado la distribución de una película francesa Diamante en bruto (2024) en Argentina. Las proyecciones en Cannes duraron doce días y cualquier aficionado de los festivales con experiencia sabría que, si uno no tiene ningún otro compromiso, por lo general, ver cinco películas de autor por día es el límite. Si además tienes que escribir, socializar y participar en actividades del mercado, tres películas por día es lo máximo que puedes ver sin dejar de dormir de cuatro a cinco horas. Pero, a los setenta y nueve, Fredy logró ver un promedio de 3.5 películas por día y, aun así, quería analizar los detalles de dos proyecciones conmigo. Yo, que solo había visto 35 películas en total y apenas las recordaba, no podía recordar esos detalles. "Solo me dormí un momento durante las dos proyecciones", seguía alardeando Fredy. Sin dudas, él había superado a la mayoría de los jóvenes periodistas que suelen quedarse dormidos en el ritmo hipnótico de las películas artísticas ni bien se ubican en sus asientos.

Después de Cannes, Fredy visitó Grenoble, una ciudad tecnológica al sur de Francia y, por último, salió del espacio Schengen desde Lyon en avión. Sabemos que Lyon es la cuna del cine y el hogar de los hermanos Lumière. El día de su partida, Fredy visitó el Museo Lumière. Mientras estaba sentado en el café y se preparaba para sacarle una foto al póster que estaba en la pared, un hombre mayor de la mesa de al lado se interpuso en el medio. "Discúlpeme, ¿podría moverse un poco?". Cuando Fredy terminó, se dio cuenta de que, para que un hombre de su edad visitara ese lugar, debía estar relacionado con la industria cinematográfica. Por lo tanto, Fredy se acercó y le preguntó en un francés fluido: “Excusez-moi, êtes-vous impliqué dans l'industrie cinématographique ?” (Discúlpeme, ¿usted está involucrado en la industria del cine?)

"No solo estoy involucrado, soy el nieto de una de las personas que está en esa pared. Mi nombre es Max Lefrancq Lumière". Resulta que este "obstáculo" era un verdadero descendiente directo de una leyenda del cine, ¡el nieto de Auguste Lumière!

Fredy (a la izquierda) con Max Lefrancq Lumière (a la derecha) en Lyon

3.

Otro día, Fredy me invitó a mí y a dos amigos a su casa para mostrarnos su colección y revelar el secreto detrás de su energía ilimitada y memoria excelente. Su casa es nada menos que una "biblioteca de archivos" con diversos temas.

Una de las habitaciones respondió a mi pregunta de cómo Fredy tiene el dinero para asistir de forma consecutiva al costoso festival de Cannes. Allí, almacena literatura química y registros de conferencias. Se formó y se dedicó principalmente a la ingeniería química y lidia con las principales materias primas, como el petróleo y el gas natural, que son vitales para las economías nacionales. Como ingeniero consultor, participa activamente en diversas conferencias de la industria y, en ese entonces, tenía una clase de cinco horas programada para la semana siguiente. La cada vez más empobrecida industria del cine, en especial, la crítica cinematográfica, no puede cubrir los costos exorbitantes de los viajes largos. Por lo tanto, además de usar sus ahorros, Fredy suele visitar los lugares de interés cinematográfico con el pretexto de inspeccionar las plantas químicas.

Otra de las habitaciones alberga una importante colección de libros, documentos y anotaciones sobre las películas. "Esta es mi pasión y también la razón por la cual sigo teniendo tan buena memoria", dijo Fredy. Durante los últimos cuarenta años, él ha organizado de forma meticulosa todas las películas que se estrenaron en Argentina. Recorta informes de los diarios locales, los categoriza de acuerdo a su país y región de origen y los archiva en estantes, antes de subdividirlos de acuerdo al nombre del director. También contribuyó con la sección argentina del anuario del cine mundial. Tiene un sistema de organización para los estrenos semanales de las películas y los incorpora en sus propios archivos históricos. "Por supuesto, ya casi no quedan diarios. El anuario del cine mundial dejó de publicarse hace mucho tiempo", dijo Fredy lamentándose.

Las anotaciones de Fredy de todas las películas de Steven Spielberg que se proyectaron en Argentina

Al entrar en la casa de Fredy, la habitación más grande, que también se utiliza como sala de estar, está llena de numerosos libros sobre la Segunda Guerra Mundial, particularmente sobre Alemania. Fredy Friedlander es un nombre típicamente alemán y, de hecho, es de ascendencia alemana y argentina. Su padre era un hombre judío de Núremberg que había escapado de Alemania en vísperas de la promulgación nazi tras las leyes raciales de Núremberg en 1935. Se mudó a Barcelona, España, solo para toparse allí con la guerra civil española. Luego, se unió a la facción republicana para enfrentar a las fuerzas nacionalistas de Francisco Franco. Después de haber sido completamente derrotado por la dictadura militar en el campo de batalla, tuvo que huir una vez más y, finalmente, llegó a la tierra lejana de Argentina. Allí, conoció a otra mujer judía de Berlín y, en noviembre de 1945, tuvieron a Fredy.

La formación académica de Fredy en Francia en la década del setenta, su primer matrimonio fallido y su regreso a Buenos Aires a finales de los años setenta están todos estrechamente vinculados con los hechos históricos que se suelen retratar en las películas. Algunos ejemplos son: los movimientos estudiantiles en Europa, la ola izquierdista mundial y la Guerra Sucia de Argentina. Es posible que, en su amplia colección de películas, también se escondan historias parecidas a sus experiencias de vida de un modo u otro.

El viejo Fredy recuerda muchas cosas, pero extrañamente no pudo recordar quién ganó la Palma de Oro en su primer festival de Cannes. "Espera, fue Paris, Texas en 1984 y La misión en 1986. ¿Y en 1985?".

Después de irme de su casa, lo busqué y descubrí que, en 1985, la Palma de Oro fue otorgada a Emir Kusturica por Papá salió en viaje de negocios.

Fredy con Isabelle Huppert en Cannes 2024

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