Drogas y abuso sexual juvenil en Ni una más (2024) - De la novela a la serie 

No hace ni un mes que se estrenó la que ya se ha convertido en la serie más vista de Netflix a nivel global —y en cualquier idioma en la semana del 3 al 9 de junio—. Estamos hablando de Ni una más (2024), o Raising voices, tal y como la han titulado en su versión en inglés.

A pesar de que muchos la tildan de miniserie, la producción española no tiene nada de mini. Cuenta con un total de ocho capítulos, de una media de 30/40 minutos cada uno. Por lo que si desde el principio entráis en la historia, tenéis entretenimiento para rato.

Autores y directores

Ni una más (2024) ha sido creada por José Manuel Lorenzo junto a Miguel Sáez Carral, quien es el autor de la novela homónima en la que se basa la serie. Así, este ha sido el encargado de escribir varios de los capítulos junto a Isa Sánchez. No es la primera vez de Sáez Carral frente al trabajo de guión; estuvo al frente de la adaptación de Las largas sombras (2024) junto a Clara Roquet, tal y como ya reseñamos hace unas semanas en este perfil. La dirección de la serie la llevan Eduard Cortés, David Ulloa y Marta Font.

Tal y como informan en la revista Acción, parece que el relato tiene un componente autobiográfico de algo que el propio autor de la novela vivió en sus propias carnes, ya que «el libro original fue escrito para entender a su propia hija».

Reparto

Antes de comenzar a analizar el argumento y las temáticas que estructuran el relato, cabe decir que uno de los puntos fuertes de la serie es el reparto que la compone. —Nos referimos a su presencia, más que a su interpretación. Hay que dejarlo claro—. Los personajes protagónicos están interpretados por Nicole Wallace, Clara Galle y Aïcha Villaverde, tres jóvenes actrices españolas que encarnan a unas adolescentes de 17 años que se encuentran en mitad del último año de bachillerato.

La parte equipo juvenil lo completan Gabriel Guevara —que últimamente está encarna a todos los jóvenes adolescentes existentes en la ficción española—, y José Pastor, entre otros.

La calidad interpretativa, sin embargo, se consigue en mayor grado gracias al elenco adulto. Los padres de Alma (Nicolle Wallace) son interpretados por Ruth Díaz y Eloy Azorín, quienes encarnan a la perfección la parte más cuerda y sensata de la ficción. Por su parte, dentro de los docentes del centro en el que comienza la trama está presente el actor Iván Massagué.

¿De qué trata la serie?

Habría varias formas de describir el argumento que se relata a lo largo de los ocho capítulos que componen Ni una más (2024). La primera de ellas tal y como se cuenta en la serie —a través de saltos continuos en el tiempo y relatando los acontecimientos como si formaran parte de un gran puzzle que poco a poco va colocando sus piezas—, y la segunda, tratando de ordenar la secuencias en tiempo y espacio para llegar al final (que se corresponde con el inicio de la serie).

Pero al someter la estructura a un análisis, en el artículo de hoy analizamos el relato de la serie tal y como sucede desde el inicio, de forma ordenada y según avanzan los acontecimientos en el tiempo. Y si os quedáis con ganas de saber cómo han realizado los creadores el puzzle de sospechas y acusaciones, ya está disponible para su visionado en Netflix.

Antes que nada es importante aclarar la premisa principal, el objetivo que se les encomienda a los espectadores nada más comienza la serie: tratar de descubrir quién es el violador que se esconde dentro del centro escolar. Es así como comienza la primera secuencia del capítulo uno, con Alma fuera del centro, tras haber colocado una pancarta gigante en la que se puede leer: «Cuidado. Ahí dentro se esconde un violador».

A partir de aquí vamos a analizar el inicio de todo unos años antes.

Todo comienza cuando Alma (Nicole Wallace) tan solo no tiene más de doce o trece años de edad, en el instituto en el que todavía a día de hoy trata de acabar el segundo curso de bachillerato. Los acontecimientos en el día a día parecen funcionar con normalidad. Alma comparte clase con sus amigas, Greta y Nata, y en su clase estudia una chica con la que también tiene buena relación, Berta (Teresa De Mera). En esos años, Berta es una chica algo problemática e inestable emocional y psicológicamente, que no acaba de encajar en el ritmo de estudios debido a fuertes crisis de ansiedad y depresión que le acontecen. En varias de las salidas al baño que Alma realiza en horario de clase, descubre las crisis nerviosas de su amiga, a pesar de que nunca hablan de ellas en profundidad.

El gran secreto de Ni uno más (2024) llega cuando el espectador descubre que la joven que ha sufrido una violación no es Alma, si no Berta, por culpa del profesor de historia del mismo centro en el que más estudian. En uno de los capítulos finales, Alma confiesa a su amiga que una vez observó desde la lejanía como el profesor la acompañaba a introducirse dentro de un aula del instituto, pero que no hizo nada al desconocer lo que ambos iban a realizar.

Muchos años después, en lo que se corresponde a la actualidad de los sucesos, Berta y Alma se encuentran en una visita al centro comercial. Berta comienza a acercarse sospechosamente a su antigua compañera (sin que en esta entienda del todo bien por qué lo hace), y poco a poco comienzan a tener más confianza; queda en alguna que otra vez, reflexionan acerca de su separación, recuerdan las crisis nerviosas y los años malos del inicio del instituto, etc. Pero de la noche a la mañana todo empieza a torcerse, y mientras Alma trata de llegar al autobús que le conduce a la manifestación del 8M —todo muy apropiado y lo más cerca posible del cliché— un coche la atropella, enviándola directamente al hospital. Es en una sala de reanimación donde, cama con cama, descubre que a su lado está Berta, también ingresada. Esta a causa de un (tercer) intento de suicidio.

La secuencia que siga esta es probablemente una de las más duras de toda la serie: la confesión de Berta de los inicios de violación por parte del profesor y sus consiguientes intentos de suicidio, a causa de la fuerte depresión que le ha acarreado a lo largo de los años la situación. Asimismo, Alma le confiesa haber visto uno de los encuentros, pero no haberse interesado por lo que realmente sucedía detrás. Y este es precisamente el motivo por el cual Alma se implica en un 100% con la causa de su compañera, por lo que le ha sucedido a ella, pero también por lo que les puede estar sucediendo a otras compañeras en la actualidad.

A partir de aquí, nuestra protagonista adquiere el rol de heroína y salvadora de la causa, y se abre una cuenta de Instagram con el seudónimo de @Iam_colemanmiller, la unión entre los nombres de Daisy Coleman y Chanel Miller, dos jóvenes estadounidenses que fueron víctimas de agresiones sexuales.

¿Cuáles son los relatos reales en los que se basa la serie?

A los veintidós años de edad, mientras estudiaba en la Universidad de Stanford, Chanel Miller fue agredida sexualmente por un nadador de su misma Universidad llamado Brock Turner. Tras lo sucedido, la víctima publicó su testimonio de forma anónima y denunció los hechos bajo el seudónimo de Emily Doe. Apenas hubo condena para el violador, sólo seis meses en prisión (y cumplío tres), a pesar de que fue condenado a tres delitos graves por asalto sexual. Unos años después decidió dar voz a lo acontecido, y revelando su nombre, en septiembre de 2019 publicó un libro titulado Know My Name, en el que narró con detalle su experiencia.

Por su parte, el caso de Daisy Coleman se volvió mucho más conocido debido al desenlace de los terribles sucesos. La joven fue víctima de una violación a los 14 años en una fiesta escolar, pero cuando denunció, los violadores no fueron considerados culpables. La opinión pública comenzó a considerarla una mentirosa y comenzaron a acosarla constantemente, llegando a quemar parte de su casa. Para dar apoyo a víctimas como ella, Daisy creó la asociación SafeBae, pero debido a la presión terminó suicidándose a los 20 años.

La primera publicación que realiza Alma en la cuenta de Instagram, con la colaboración de Berta, dice: “Esta soy yo antes de que me violaran”. Y a partir de aquí, una sucesión de publicaciones tratan de denunciar estos hechos anónimamente, intentando que alguna otra víctima pueda sentirse identificada y ayudarle a denunciar.

Sin embargo, debido a la forma en la que se estructura el argumento, la trama principal de Alma se va a ramificando en otros pequeños conflictos: la (mala) relación con sus padres, los intentos por desconectar con su amiga Greta, los intentos de ambas porque Nata lo deje con su novio, y el inicio de una historia de amor. Partiendo de mayo de 2018, un gran flashback de cuatro meses nos sitúa en enero del mismo año, en el momento en el Berta le confiesa lo sucedido a Alma y todo comienza a torcerse.

Los creadores contextualizan al espectador de esta manera, como si le dijesen: esta va a ser la dinámica, acostúmbrate. Y a partir de aquí, una especie de mini-flashbacks intercalan escenas de Alma en el instituto, con otras en la comisaría de policía denunciando una violación que no llegamos a saber de quién es hasta el final. La estructura de la serie puede considerarse circular, pues comienza con la secuencia de la pancarta y termina de la misma manera, descubriendo al instituto quién es el culpable.

A lo largo de la serie, es la propia Alma quien narra los diferentes acontecimientos a través de la voz en off, haciendo uso de este recurso para presentar una intriga de lo que va a suceder. «Alguna vez os habéis preguntado qué dirán de vosotros cuando ya no estéis aqui?», pregunta directamente. «Lo que pasó después fue muy diferente», nos contesta, dejándonos ver el esqueleto de la construcción dramática casi como si ella misma nos la estuviese presentando.

La serie tiende a ser previsible en la mayor parte de las ocasiones, principalmente en la construcción de las relaciones amorosas, entre las que hay que destacar la de Nata e incluso la de Alma con el hermano de Greta. Los personajes están construidos desde el cliché, generando un estereotipo habitual en este tipo de series juveniles: la protagonista es la malota, rebelde que fuma porros, fuma porros, pasa de ir a las clases, es conflictiva y miente a sus padres. Aunque he de decir que el desenlace de quién es la víctima y del violador no se deja ver desde el inicio, y la estructura no cronológica ayuda a generar la intriga que los creadores desean.

Ni una más (2024) consigue generar la tensión y el nerviosismo de las situaciones de vulnerabilidad y de peligro que muchas mujeres sufrimos en el día a día (un coche de persigue, es tarde y hay que volver solas a casa, el alcohol excesivo y los posibles abusos, etc). Logra recoger diversas y múltiples situaciones de machismo que surgen en relaciones de poder y abuso entre los jóvenes a día de hoy. Aunque la forma de actuar a partir de todas estas conductas tóxicas no es del todo acertada, pues todos los personajes hacen uso de la mentira y el engaño de forma recurrente.

En una especie de versión juvenil de la serie de Netflix Intimidad (2023), Ni una más (2024) se alza como toda una apuesta para recoger a todos los fans juveniles. Ya disponible en la plataforma.

Nahia Sillero.

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