Un lugar en silencio: Día 1 (A Quiet Place: Day 1): Un monstruo viene a verme 

Las privadas de prensa son proyecciones organizadas por las distribuidoras días antes de un estreno para que lo vean periodistas y comunicadores. Suelen realizarse en salas comerciales durante la mañana, antes de las funciones para el público general, o en microcines a primera hora de la tarde, y casi siempre estamos las mismas personas, amigos y colegas con los que compartimos el oficio y el amor por el cine. Pocas veces pasan cosas que rompan la rutina de una privada (llegada a la sala, saludos con los referentes de la distribuidora, búsqueda de una butaca, charlas con conocidos mientras esperamos que se apaguen las luces). Una de esas veces fue hace poco más de seis años, cuando vimos Un lugar en silencio.

Recodemos que el debut en la dirección de John Krasinski –a quien hasta entonces reconocíamos mayormente por su inolvidable Jim Harper en la igualmente inolvidable The Office– comienza con la familia Abott recorriendo un supermercado y agarrando suministros de todo tipo. Lo particular es que lo hacen con muchísimo cuidado, pisando con suavidad y comunicándose a través de señas. Como el sonido era imperceptible, un crítico empezó a pedir a los gritos que pararan la proyección porque no se escuchaba. Desde las butacas cercanas trataron de explicarle que no había desperfecto alguno y que ese silencio, como indicaba el título, era una característica de la película. Pero no hubo caso, y todo terminó con una lluvia de insultos hacia el crítico despistado, que recién ahí depuso sus armas verbales.

La anécdota ilustra muy bien la extrañeza ante una película a contramano de buena parte de los mandatos autoimpuestos por Hollywood. Tanto así que fue lo más parecido a un ejercicio experimental sobre monstruos que se haya filmado. Si la mayoría de las producciones de esta envergadura se esfuerzan por servir en bandeja los elementos clave para comprender lo que ocurre, Un lugar en silencio disponía sus piezas con paciencia y sin apremios. Si ante la mínima complejidad argumental algún personaje se pone traje de maestro y entrega todas las respuestas, acá sabremos muy poco de cómo se llegó a esta situación, por qué pasó lo que pasó. Si el mainstream contemporáneo le tiene pavor al silencio, aquí era un mandato, en tanto presentaba a la humanidad sumida en una interacción silente a raíz de las criaturas con fisonomía de reptiles gigantes que no solo corrían rapidísimo, sino que tenían un sofisticado sistema auditivo para detectar a sus víctimas apenas hicieran ruido.

John Krasinski, director y protagonista de Un lugar en silencio

En 2020 llegó una secuela que, otra vez, refutó una de las máximas más instaladas en el inconsciente audiovisual colectivo, aquella que dice que las segundas partes no son buenas. Suerte de Tiburón en tierra, Un lugar en silencio: parte II no solo era mejor que su predecesora, sino que abrazaba el salvajismo y el nervio de las películas de supervivencia con la fuerza de un náufrago a sus salvavidas y asustaba casi sin mostrar a los monstruos, consagrando a Krasinski como un director de notable manejo del fuera de campo, de todo aquello que “rodea” lo que muestra la cámara. Dado que su desenlace clausuraba la posibilidad de una próxima entrega que siguiera el orden cronológico, era obvio que, de filmarse, ella iría “hacia atrás”, es decir, hacia los comienzos del mundo que les toca vivir a los Abott. Así ocurre con Un lugar en silencio: día uno.

Lluvia de monstruos

Hablar de esta película es enfrentar el dilema de si quedarnos con la mitad vacía del vaso o la mitad llena. Intentemos saldar el asunto hablando de las dos. Seamos claros: Día uno no está a la altura de las anteriores. Más allá de que no hay sorpresa porque ya sabemos de qué va la cosa, el director Michael Sarnoski –Krasinski figura en los créditos como coautor de la idea original y uno de los productores– reemplaza parte del nervio de sus predecesoras por una fábula con olor a redención donde el heroísmo es un asunto individual (algo de eso ya había al final de la Parte II). No por nada la protagonista es una joven con un cáncer terminal llamada Sam (la siempre sufriente Lupita Nyong'o), que patentiza la certeza de su inminente fin escribiendo poemas de despedida, y un hombre con muy poco que perder.

Día uno empieza con ella viajando hasta el centro de la ruidosa Nueva York –las placas negras del comienzo anuncian que emite un sonido promedio de 90 decibeles, similar a un grito constante– para ver un espectáculo de marionetas junto a sus compañeros del área de cuidados paliativos del hospital donde está internada. El final de la obra marca, a su vez, el comienzo del caos: mientras los pacientes aguardan en el hall para subir al ómnibus, la calle se llena de personas que intentan huir de unas misteriosas criaturas con predilección por comer humanos. Así como Godzilla nació como una consecuencia lateral de los ensayos nucleares, estos monstruos vienen desde el cielo. Literalmente, como si se tratara de lenguas de fuego que preludian el Apocalipsis bíblico.

Lupita Nyong'o, siempre sufriente

A lo largo del primer acto, el director Pig –aquella película con Nicolas Cage y su particular chanchito secuestrado- hace lo pide el relato: envolver al espectador con el mismo desconcierto de sus protagonistas, bañarlo con las mismas dudas de esa mujer que ve cómo es una sociedad en estado de anomia, sin ley ni mucho menos orden. Ella, como todos, debe correr por algo que no sabe qué es, sólo que viene a matarla. Cualquier similitud con las escenas de los noticieros del 11 de septiembre de 2001 no es casualidad. Al contrario, hay un evidente intento de Sarnoski de apelar a esa iconografía visual, similar a la adoptada por Steven Spielberg –otra ligazón entre esta saga y el director– al comienzo de su versión La guerra de los mundos, cuando todavía estaba fresco el recuerdo de las imágenes de la CNN con cientos de hombres y mujeres envueltos en polvo caminando por Nueva York como zombies a la intemperie.

Conociendo a Eric

Durante buena parte de sus justísimos 94 minutos –otra excepción a la regla: todas las Un lugar en silencio duran lo que tienen que durar– vemos a Sam y a su inseparable gato haciendo lo pueden para sobrevivir. Cuando busque refugio en una estación de subterráneo, conocerá a Eric (Joseph Quinn), un estudiante británico de abogacía que se convertirá en compañero de aventuras, pero también en una suerte de cable a tierra para el dolor (espiritual y físico, ya que sale a buscarle medicamentos) de Sam. Aquí la película pierde un poco de ritmo y de su sentido original, porque se ladea hacia una espiritualidad que aporta poco al meollo central. Incluso a veces juega en contra, como en la larga secuencia en lo que supo ser un bar de jazz, puro almíbar entre tanta astringencia.

Dado que la ciudad es declarada en cuarentena y que no hay ayuda posible de las fuerzas de seguridad, el objetivo es alcanzar uno de los puertos de donde parten barcos hacia otras islas, un camino para nada sencillo dado que los monstros están al acecho de quien caiga en el error de emitir un sonido. El largo peregrinar por una Nueva York en ruinas y sin personas dibujan un escenario muy parecido al que habitaba Will Smith en Soy leyenda, con la diferencia de que aquél podía gritar y pistear con autos de alta gama sin temores. Aquí, en cambio, Sam, el felino y Eric deben esforzarse por insonorizarse a sí mismos y a sus actos, plataforma para que Sarnoski entregue varios momentos de gran tensión.

En sus mejores momentos, Día uno funciona como un muy noble ejercicio de género, un correcto exponente del cine pos apolítico donde los peligros acechan en cada esquina y el más mínimo sonido puede significar la muerte. La experiencia mejora sin recordar las películas anteriores, ya que hay pocos nexos más allá de la presencia de esos monstruos. Preguntas como por qué llegaron, qué pasó, de dónde vienen y qué quieren continúan sin respuesta. Y está muy bien, porque pocas cosas más terroríficas que no saber.

UN LUGAR EN SILENCIO: DÍA UNO
(A Quiet Place: Day One, Estados Unidos/2024)
Dirección y guion: Michael Sarnoski
Duración: 94 minutos
Elenco: Lupita Nyong'o, Joseph Quinn, Alex Wolff y Djimon Hounsou
Puntaje: 6/10

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