Martin Scorsese puede ostentar el mote de candidato a estar en el podio de los mejores directores occidentales de la historia, pocos pueden discutir esto. Dirigió obras como Raging Bull, Goodfellas, Casino, Taxi Driver, The King of Comedy, películas que están en la memoria de cualquier cinéfilo y del público en general gustoso de las buenas películas. Estas películas que mencioné tienen todas además un punto en común: son protagonizadas por Robert de Niro, que fue marcado como el actor fetiche de Scorsese, actuando en 10 películas del laureado director. Aunque trabajaron juntos en proyectos de variados géneros (New York, New York o la antes mencionada The King of Comedy), dieron juntos rostro al cine de gangsters del siglo pasado, con ese gesto tan característico de Robert cuando está a punto de moler a trompadas a alguien, con las sucias y corruptas calles de Nueva York como escenario predilecto.
Pero el siglo XXI les dio un descanso a esta dupla que tanto hizo por nuestro entretenimiento. En este siglo Scorsese lleva estrenadas 9 películas hasta el momento de publicación de este artículo, una de las cuales le valió AL FIN un premio Óscar a mejor película y mejor director. Acá me centraré en un factor determinante para su cine actual, un factor que estuvo presente en 6 de esas 9 películas de Robert, ese factor es conocido como Leonardo Di Caprio.
El puntapié para este relación fue también en las calamitosas calles de Nueva York, pero durante la guerra de secesión estadounidense y con la grandísima figura de Daniel Day Lewis como antihéroe, obra que nació para ser el proyecto más ambicioso de Scorsese (como todas), y que tuvo sus detractores al principio, pero el tiempo supo reconocer en ella una gran historia y una dirección maravillosa, con actuaciones que quedan estampadas en nuestra memoria, el retorno en busca de venganza siempre vendió.
Scorsese es responsable de, a mi entender, las dos mejores performances de Leonardo en su carrera. Una fue la segunda película de esta colaboración, The Aviator, quizá la cinta más criticada de este dúo por tener según parece, dificultades para atar al público al sillón durante sus 169 minutos, pero que pone toda la emotividad de Di Caprio en el papel de un ricachón que quería comerse a todos volando en aviones y dirigiendo películas, mientras lidiaba con el quilombo que había en su cabeza y la presencia imponente de Cate Blanchett apareciendo a cada rato. Di Caprio lo deja todo en esta película, hace que empatices con un millonario traumatizado, no cualquiera lo logra así. La peli se llevó 5 premios Óscar, ninguno para Leo o Robert.
La segunda performance que mencioné al principio de este párrafo es la recordadísima The Wolf of Wall Street, que puso en escena a Margot Robbie, reveló el talento de Jonah Hill fuera de la comedia marihuanera, y puso a Leo a personificar los excesos, la lujuria, la corrupción, la banalidad, la grandilocuencia y la riqueza de un corredor de bolsa que hace todo para llegar a la cima de lo obsceno. Desde la escena en el avión, las de las peleas con Margot Robbie, esa en que la droga le pega mal, y los monólogos frente a sus locos empleados y ese final de sobriedad, la dirección de Scorsese y la interpretación de Di Caprio llegan a su momento en conjunto más glorioso. Hasta este momento el dramatismo había sido el factor determinante en las películas de este par, pero acá dan protagonismo al humor, la ridiculez y hasta la incomodidad del espectador en situaciones que resultan inverosímiles para las personas de a pie, pero que son llevadas con maestría cinematográfica durante todo el filme, uno termina sintiéndose igual de borracho que los protagonistas.
Juntos, Scorsese y Di Caprio exploraron géneros y formas de crear, incluso en el terror que intentaron construir en Shutter Island, tal vez la película menos laureada de los dos (excepto por ese plot tuist), hasta la avaricia y la maldad de los hombres blancos en ese gran drama de época que fue Killers of the Flower Moon (colaboración con los dos fetiches de Martin).
No podemos dejar de mencionar el primer Óscar de Scorsese y su regreso a las oscuras calles y los dramas policiales en esa película llena de topos que fue The Departed. Scorsese construye un escenario en el que nadie puede confiar en nadie, la desazón es el sentimiento prevaleciente y nos presenta a Leo actuando a la par de Jack Nicholson, escenas que encuentran a cualquier cinéfilo sonriendo sin querer. Entre un elenco estelar, Leonardo resalta con su inocencia y su valentía para afrontar todas las cosas que le pasan en esa película, la expresividad de cada escena dramática deja en evidencia que estamos ante una de las duplas más resaltantes de este siglo, indiscutiblemente.
Director y actor bailaron entre géneros y personificaciones llevándolas con maestría y genialidad, dos de los máximos exponentes del cine occidental moderno crearon obras que son difíciles de imaginar llevadas a cabo por otros artistas, Leo se involucró en los diversos mundos que le propusieron y agregó una versatilidad a películas maravillosas que sin él, son difíciles de imaginar.
Este puede parecer el artículo de un fan, poco objetivo, muy adulador. Bueno, lo es.


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