Entre la ternura y la crueldad. Notas sobre Beanpole de Kantermir Balagov Spoilers

Iya sufre un episodio producto de su parálisis cerebral en la enfermería. Durante aquellos breves momentos queda aislada del entorno. Mientras tanto otras enfermeras lavan vendas, pero no percibe el sonido de sus voces hasta que se rompe el momento de suspensión y vuelve en sí. Esta característica no es la única que la diferencia del resto de las mujeres que la rodea, su altura sobresale en cualquier grupo y vuelve sus movimientos más pausados.

Corre el año 1945, es el primer otoño de posguerra en Leningrado. Los hospitales aún están repletos de excombatientes que han quedado lisiados, la paz ha llegado, pero aún se viven carencias y las dificultades inundan la vida cotidiana. En Beanpole (2019) el director ruso Kantermir Balagov parece alojarse en las palabras de la escritora italiana Natalia Ginzburg “Una vez que se ha padecido, la experiencia del mal ya no se olvida” y desde allí explorar las huellas que ha dejado la guerra en los cuerpos y las subjetividades de forma permanente y la dificultad que implica reconstruir el lazo que nos une con lxs otrxs y con el mundo.

I.Pashka

Iya vive en una habitación de una casa compartida. Los espacios comunes como la cocina y el pasillo nunca están desiertos. La guerra parece haber forzado esa forma de vida colectiva. Tanto en el frente de batalla como en la ciudad la vida se ha vuelto frágil y los lazos se han debilitado.

Junto a Iya vive un niño pequeño llamado Pashka. Iya se ocupa de él, pero luego comprobaremos de que no se trata de su hijo a pesar de que el niño la llame mamá. Pashka parece especialmente pequeño junto a Iya en aquella habitación y en el hospital. La fragilidad de los niños durante y luego de la guerra será una de las líneas exploradas por el director y la puesta en escena una forma de evidenciarla en la imagen. La mujer realiza con mucho cariño las tareas de cuidado, baña, alimenta y juega con el niño. A pesar de las dificultades del contexto se trata de un hogar feliz pero el horror no tardará en ingresar a la intimidad del hogar, durante un episodio Iya asfixia accidentalmente al niño. El abrazo se vuelve trampa, forma de hacer daño en lugar de brindar cariño.

Balagov se detiene sobre los cuerpos, cuerpos que aman pero parecen incapaces de no hacer daño. En un contexto devastado todo se vuelve de enorme fragilidad. La violencia parece atravesar todos los cuerpos y lo que resulta aún más perturbador: ningún cuerpo está exento del poder de violentar a otro cuerpo.

El cambio en Iya es visible, aunque nunca ponga en palabras lo que le produjo aquel episodio, incluso cuando cambie las circunstancias para contarle a la verdadera madre lo ocurrido con el pequeño.

II. El regreso

Masha regresa a casa desde el frente de batalla, en su valija trae objetos que podrían considerarse de lujo: chocolate, dinero, ropa interior y un perrito de peluche. Ambas mujeres fueron compañeras en el frente. Masha pregunta por Pashka, Iya dice que ha salido a pasear con un vecino. La conversación continúa hasta que Masha pregunta: ¿ha muerto? e Iya confiesa la verdad. La pregunta de la madre evidencia el hecho de que los niños durante la guerra han estado expuestos y que la muerte es una posibilidad más que una excepción.

La puesta en escena de Blangov es precisa, sobria, con pocas posiciones de cámara y una tendencia a la utilización del plano secuencia en los momentos de mayor tensión. El ritmo está determinado por los diálogos y los silencios. En la cercanía física entre los personajes- sobre todo entre las protagonistas- siempre parece estar latente la posibilidad de la violencia, el abrazo fácilmente se puede volver modo de sujeción. Paulatinamente está ambigüedad entre el amor y la violencia se irá acentuando. El frío gélido de Leningrado contrasta con los interiores cálidos donde predominan los verdes y rojos. Cada personaje está vinculado con un color a través de la vestimenta: Iya con el verde, Masha con el rojo. Ambos colores están enfrentados en el circulo cromático pues se trata de colores complementarios. Aquello que parece enfrentado está fuertemente entrelazado como es la relación entre Masha e Iya y el vínculo que Blangov establece entre el amor y la violencia.

III. La promesa

Masha desea volver a ser madre luego de enterarse de la muerte de su hijo, es su forma de sobreponerse al dolor. Un dolor que mantiene silenciado pero que sale a flote en momentos inesperados: al probarse el vestido que está cociendo una vecina, al limpiar el piso de la enfermería, al conocer a la familia de su pretendiente.

Nicolay Ivanovich es director del hospital donde trabajan las mujeres y el que le confirmará a Masha que luego de una herida sufrida en la guerra no podrá volver a tener hijos. Nuevamente el cuerpo sufre las consecuencias de la violencia experimentada en el campo de batalla. A partir de sus cicatrices el cuerpo parece hacer visible aquello que se desea mantener en silencio. En muy pocos momentos los personajes expresarán algo de lo vivido en los tiempos de guerra, hay una imposibilidad de poner en palabras la propia experiencia. Sin embargo, esa frustración y el dolor de la experiencia traumática estalla en episodios violentos, en un instinto de supervivencia que pone en peligro los lazos y los cuerpos ajenos.

Masha le pide a Iya que tenga un hijo para ella, es su deuda por el hijo perdido. Iya promete cumplir la promesa, pero tiene un rechazo muy fuerte hacia los hombres. La sexualidad para ella está unida a la violencia, seguramente producto de alguna experiencia traumática, posiblemente padecida durante la guerra. La promesa se vuelve pesadilla para Iya, al descubrir que no es suficiente con un encuentro sexual para quedar embarazada.

El deseo de Masha de ser madre se vuelve extorsión. Al descubrir que Nicolay con ayuda de Iya responde al deseo de morir de Stepan, un paciente sin posibilidad de recuperación. El cuerpo de los hombres que habitan en el hospital llevan consigo los padecimientos sufridos en el campo de batalla. Se trata de marcas visibles que esconden otras más profundas e invisibles. De este modo Nicolay queda involucrado en la exigencia de Masha y es quien tendrá un encuentro sexual con Iya para que ella quede embarazada. El encuentro se vuelve cruel al tratarse de una imposición, incluso el gesto de crear una vida en un mundo que se ha quebrado se vuelve un acto violento.

*

El relato de Kantermir Balagov pone en el centro el cuerpo, cuerpos violentados y cuerpos capaces de violentar. La experiencia de la guerra ha puesto en evidencia la fragilidad del cuerpo. El director no hace un juicio moral sobre el accionar de sus personajes y su ambivalencia entre el amor, la ternura y la crueldad sino más bien presenta esta forma de relacionarse con los otros como una consecuencia más de la guerra, como gesto desesperado por sobrevivir. Beanpole explora la delgada linea que separa la lealtad de la traición, el placer del dolor y el amor del odio en un mundo que ha sido quebrado tras vivir la experiencia más cruel del siglo XX.

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