Shiva Baby y Yannick: el fenómeno de las películas cortas Spoilers

No es ninguna novedad que en el último tiempo nuestra capacidad de concentración como espectadores bajó considerablemente. TikTok y otras plataformas sociales de “contenido efímero” están seteando nuestro cerebro con un funcionamiento pasivo, casi impasible. En este contexto, es cada vez más difícil que el público se enganche con películas de duración tradicional (120 minutos) y las miniseries toman entonces más protagonismo como contenido cotidiano.

Hoy en día, es difícil ver una película completa sin distraerse con algún estímulo externo. Paradójicamente, el cine se mantiene de alguna manera como el único refugio posible ante las distracciones constantes de la vida cotidiana. Siguiendo esta línea, viene siendo foco de discusión la disyuntiva de si existe una manera “correcta” de ver cine. A título personal, no creo que haya una manera correcta o incorrecta de ver cine, confío más bien en que se trata una experiencia que te convoca de maneras distintas según tu propia vivencia. Aun así, sí creo que la tendencia universal de consumir películas desde la comodidad de nuestra casa ha cambiado radicalmente la forma de concebir el cine a nivel masivo.

La duración clásica de las películas no era aleatoria, sino que existía hasta hace unos años la noción de que era imprescindible que fuese de una hora y media o dos horas para poder desarrollar una narrativa lógica y coherente: una primera parte (presentación), un desarrollo y un desenlace.

En los últimos años, empezó a generar eco el concepto de las películas con duración de 60, 70 minutos. Me parece un fenómeno súper interesante. De hecho, si tomamos los ejemplos de Yannick y Shiva Baby, comprobaremos que ambas cumplen con todos los requisitos para desarrollar una línea narrativa completa y muy atrapante.

Yannick

La primera vez que viYannick fue por casualidad en el Festival de Cine de Mar del Plata del 2023. En ese momento aún no conocía a Quentin Dupieux. Lo primero que me pasó con esta película fue que me captó por completo, como si hubiese pasado apenas un instante desde que me senté en la butaca del cine hasta que terminó la función.

Yannick es humor absurdo, es la irrupción del teatro dentro del cine. La historia se desarrolla a partir de que Yannick, un miembro del público, se levanta de su butaca en plena función de una obra e interrumpe el espectáculo. Yannick está descontento con el desarrollo de la obra y lo vemos incómodo moviéndose en su asiento, hasta que decide levantarse e interpelar a los actores. Se presenta, les cuenta que trabaja como guardia de seguridad en un estacionamiento y que debería cambiarse la estructura narrativa de lo que está viendo.

Según las propias palabras del protagonista, los actores de la obra lo mantuvieron de rehén, por lo que él decide amenazarlos con un arma y obligarlos a seguir sus direcciones. Yannick reescribe los diálogos de la obra y les indica a los actores cómo interpretarlos.

El tratamiento durante los 69 minutos de película es difícilmente catalogable, es por momentos una comedia de enredos, por otros una representación casi “meta” de la narrativa cinematográfica. No solo somos espectadores, sino que es como si estuviésemos presenciando la reelaboración de una obra en tiempo real. Hacia el final de la película, Yannick se emociona hasta las lágrimas viendo su creación en vivo mientras un operativo policial se despliega en los pasillos del teatro listo para detener al protagonista.

Shiva Baby

Shiva Baby nos hace testigos en primera persona de un acercamiento al vasto universo de Danielle (protagónico espectacular de Rachel Sennott), una joven universitaria especializada en estudios de género que asiste a una shiv’ah (ritual de duelo dentro de la comunidad judía que se desarrolla durante siete días). Allí se encuentra con Maya, una ex novia, y Max, su sugar daddy oculto, que asiste al funeral junto con su novia y su bebé.

La película se desarrolla casi en su totalidad dentro de la casa donde transcurre la ceremonia religiosa. La directora trabaja con planos cerrados y una banda sonora que oscila entre violines estridentes, el llanto del bebé de Max y la incomodidad de las conversaciones para acentuar la sensación de asfixia que domina a la protagonista.

En ningún momento entendemos bien de quién es el funeral ni cuál es el vínculo que tenía con Danielle ni su familia, pero la película nos conduce casi hipnóticamente a través de un viaje en el que todo el tiempo sentimos que la protagonista está por explotar. En este viaje, Danielle se enfrenta de alguna manera a sus diferentes versiones y a las presiones y tradiciones de su familia. A Shiva Baby no le sobra ni le falta un minuto. En sus 77 minutos de duración, nos mantiene hipnotizados en la construcción de un género propio que oscila entre el thriller, la comedia, el absurdo.

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